EQUIPO MULTIDISCIPLINARIO ANALIZO LAS CONSECUENCIAS QUE SUFREN QUIENES QUEDAN SIN TRABAJO

El sufrimiento de los desempleados

La investigación se centró en desocupados de entre 40 a 55 años, franja etaria que se encuentra en una situación por demás difícil. A la falta de trabajo, se le suma otro problema: la edad y, por ende, las dificultades en la reinserción laboral y social.

En Uruguay, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 19% de la población económicamente activa, lo que equivale a 245 mil personas, se encuentran desempleadas, aunque se estima que la cifra rondaría los 285 mil uruguayos, debido a que las poblaciones con menos de 5 mil habitantes no son censadas en las encuestas oficiales. Sin embargo desde el PIT-CNT se señala que son más de medio millón los uruguayos con problemas de empleo.

La dirección y coordinación del relevamiento estuvo a cargo de la doctora Ana María Araújo y un equipo de profesionales de la Facultad de Psicología, integrado por el antropólogo Eduardo Alvarez Pedrosian y los sociólogos Argene Benedetti, Mabela Ruiz y Betty Weisz.

El libro aborda las repercusiones psicosociales que emergen de la falta de empleo, que los investigadores dividen en cuatro niveles: individual, familiar, social y simbólico. El libro incluye además testimonios de personas que se encuentran en esta situación.

El derrumbamiento del mito del trabajo estable y para toda la vida, se traduce, a nivel individual, en angustia, sentimiento de culpa frente al cónyuge e hijos, ostracismo y cuadros de depresión, que pueden derivar en enfermedades psicosomáticas.

Por ende, la pérdida del empleo conlleva a la desestructuración familiar y la desarticulación de roles. Un ejemplo significativo de esta desarticulación es el caso del padre que pierde su trabajo y el hijo joven que pierde, a su vez, su modelo identificatorio.

Asimismo, la ruptura de los vínculos sociales y la separación de grupos de pertenencia, son algunos de los impactos constatados a nivel social.

Cuesta abajo

En la actual coyuntura socioeconómico del Uruguay, un trabajador que pierde su trabajo demora unos ocho meses, o más, en reinsertarse en el mercado laboral. Esta situación, necesariamente, implica una pérdida de la calidad de vida, evidenciada, por ejemplo, en la imposibilidad de seguir pagando la mutualista y atrasarse en las cuentas de teléfono y luz. Esto lleva a su vez, a que la persona sufra lo que los investigadores definen como «herida narcisista», al sentirse y vivir excluida. Como en una especie de montaña rusa, los desocupados pasan de una etapa de trauma a un optimismo que desde un punto de vista psicológico puede entenderse como de negación, que no deja ver lo que realmente pasa. Con el transcurso de los días se ingresa en un estado de pesimismo, para alcanzar un último estado que es cuando los trabajadores sin trabajo desisten de buscar empleo, sufren un desánimo que les impide hasta levantarse para encarar el día y, en casos extremos, se piensa en el suicidio. *

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