¿Adónde van nuestros cadáveres?
Más de dos páginas con información que puede hacer parar los pelos de punta a cualquiera que no haya oído de los negociados internacionales en el campo de la salud y el tráfico y desaparición de niños, ante la vista gorda de las autoridades competentes.
Según la investigación del Tribune, el cartel internacional de repuestos humanos había ido extendiendo sus tentáculos internacionales, partiendo de Colombia y Moscú y pasando por Estados Unidos.
Todo empezó en América del Sur El doctor Alvaro Duenas tenía una empresa llamada in Vitro, que usaba riñones de niños fallecidos en el hospital de la Universidad del Valle (Cali, Colombia) para investigaciones.
Duenas reducía algunos riñones a una pasta aguada de células congeladas y la enviaba a BioWhitaker, Inc., Maryland, EEUU, para que el laboratorio Abbot, en Chicago, la usara para fabricar Abbokinase, una droga anticoagulante cuyos beneficios económicos se calculaban en 277 millones de dólares anuales.
El negocio de los repuestos humanos en EEUU ha crecido en el último siglo, de un emprendimiento comunitario, a una industria médica internacional sofisticada que genera millones de dividendos.
BioWhittaker, Inc. le proporcionó a Duenas dos máquinas para guardar las células, estuches (kits) para detección de enfermedades y 70.000 dólares anuales, de los cuales 48.000 se destinaban al pago de dos funcionarios.
Los bebés de 454 gramos a un kilo y medio tienen las células nefríticas más aptas para comercializar. Una muestra de tejido de un bebé puede llenar desde 8 a 20 envases del tamaño de un dedo meñique, con células de riñón. Los embarques de unos 100 envases se hacían de dos a cinco veces al año.
Duenas admitió haber ocultado a sus colegas que embarcaba células para EEUU porque la reacción antiestadounidense imperante en Colombia hubiera puesto su negocio en peligro.
Abbott suspendió la producción de Abbokinase luego de que la Administración Federal de Medicamentos (FDA, sigla en inglés) cuestionó la inocuidad de las células de Cali usadas en los medicamentos.
BioWhittaker y Abbott aseguraron a la FDA que la recolección de células se hacía «apropiada y seguramente».Rhonda Lumiak, vocera de Abbott, dijo que tenían el consentimiento de los padres para la donación de las células, y que éstas eran sometidas a rigurosos exámenes.
Los inspectores federales descubrieron los embarques de riñones cuando en 1998 realizaron una visita de rutina a la compañía BioWhittaker Inc., y detuvieron los embarques porque los contenedores venían sin etiquetar, los órganos no habían sido examinados por inocuidad y no había pruebas de que los padres de los bebés fallecidos hubieran dado permiso para que les extirparan sus riñones.
Es más, los funcionarios de la Universidad del Valle admitieron que no pedían consentimiento a los padres, y que varios de éstos se habían quejado de que las espaldas de sus bebés fallecidos tenían dos incisiones.
Una trabajadora social del hospital dijo que para tomar una muestra no se les pide permiso a los padres, pero que si éstos piden el cadáver, ellos respetan su deseo, inmediatamente.
Mosaico comercial humano
Los archivos de la FDA muestran que llegan válvulas y venas cardíacas de Francia y Canadá, y cartílagos de Italia. La piel es importada de Dinamarca, Africa del Sur y Japón. Las arterias del corazón vienen de Rusia.
El tejido se usa para investigación y trasplantes, y las células para pruebas y fabricación de los llamados «medicamentos».
Como muchas otras cosas, la importación y exportación de repuestos humanos, piel y córnea ha sido encubierta por largo tiempo.
Los bancos de tejidos no están obligados a comunicar a las familias lo que harán con los repuestos humanos, porque es una industria desregulada.
La FDA no ha querido regular estrictamente el mercado doméstico de tejidos; siempre ha puesto más atención a las importaciones.
Los peligros del mercado internacional de órganos están demostrados en una serie de tragedias y accidentes graves, consecuencia de importaciones de tejidos hechas en la década pasada.
Karen Bissell, funcionaria del Departamento de Agricultura de Miami, empezó a sentirse enferma en junio de 1998. Fue forzada a abandonar su trabajo y se mudó a su hogar en Denver (Colorado), donde falleció cinco semanas después.
Su muerte fue causada por la enfermedad Creutzfeldt-Jacob, o CJD, similar a la enfermedad de la vaca loca. Y como Bissell tenía un implante de tejido que podría haberse sacado de carne vacuna, el hecho produjo alarma en las autoridades de la salud.
La membrana llamada dura mater recubre al cerebro y la espina dorsal, y según las autoridades de la salud, provenía de Biodynamics International Inc., de Florida, que lo había recibido, a su vez, de Alemania.
El dura mater se había extraído del cuerpo de un hombre con varias enfermedades, incluidos desórdenes mentales. Biodynamics, que cambió su nombre a Tutogen Medical Inc., negó cualquier relación entre la muerte de Bissell y el dura mater.
La compañía había sido amonestada por la FDA por no cumplir con los controles de salubridad exigidos para tejidos de donantes alemanes. La agencia descubrió que se extraía tejido de donantes en Estonia, Lituania y Rusia sin consentimiento de las familias y sin controles de salubridad.
El escándalo ruso
Hace diez años, Valery Khvatov, un doctor del instituto de investigación Sklifovsky, de Moscú, desarrolló un plan para vender huesos de cadáveres rusos a bancos de tejidos de EEUU. En un año, el plan había resultado en 5.677 piezas de tejido de 228 cadáveres rusos para distribución en EEUU, sin el apropiado control sanitario. El tejido era empacado en hielo seco y embarcado hacia Nueva York. La mayor parte de los envíos era para Allotech, un banco de tejidos en El Paso y San Antonio (Texas).
Flark Medical, de Miami Beach, fue instalado como abastecedor de tejido y envió alguno a un proveedor en San Diego (California).
La red doméstica
Desde cuatro bancos en tres ciudades, el tejido era distribuido a hospitales y bancos de tejidos en 30 ciudades, incluidos Puerto Rico y México. Las muestras de esos huesos estaban contaminadas con hepatitis.
Los archivos médicos, en idioma ruso, eran generalmente incompletos y pocos bancos de tejidos estadounidenses se molestaron en hacerlos traducir.
Los archivos demostraron que las familias de los muertos rusos nunca fueron consultadas sobre las donación de sus huesos.
Resultado es que la mayoría de ellos estaba contaminada con enfermedades, inluido el SIDA, pero nadie hizo pruebas en Rusia ni en Estados Unidos.
¡Y tan exigentes que son las autoriddes federales y la FDA con embarques de frutas y otras «bobadillas» desde América latina!
Resumiendo, la FDA no tomó acción legal contra los involucrados, fuera de ordenar requisas y emitir advertencias.
La FDA no obliga a los doctores a informar a sus pacientes sobre requisas de medicamentos dañinos, precisamente por el gran negocio que existe entre los laboratorios y la FDA.
Pero los pacientes pueden y deben exigir información amplia sobre todo lo concerniente a su salud y la de sus familias; la ley lo exige. Algunos funcionarios de la FDA quisieron hacer juicios criminales, pero ¡cómo hacerlo entonces si eso nunca se había hecho!
El Departamento de Justicia se mostró renuente a tomar acción, y … colorín colorado, saquen sus conclusiones. *
(*) Periodista
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