UN MEDICO TOCA EL BANDONEON A SUS PACIENTES DIALITICOS PARA LEVANTARLES EL ANIMO

Música para el alma

 

Si algo aprendí en todos los años que ejercí como enfermero primero, y médico después, es a valorar la relación con mis pacientes. El haber podido darme cuenta que no son sólo gente que está enferma sino que son personas y que el vínculo con ellos es importante y beneficioso», fue algo que me dieron los años, dice el médico Gerardo Pérez, quien toca el bandoneón a sus pacientes mientras éstos se someten a tratamientos de diálisis para renovarse la sangre.

Se define como músico antes que médico pero reconoce ambas actividades como sus dos pasiones. Hoy a los 48 años dice que se dio cuenta que, igual que el famoso médico payaso Patch Adams, siempre intentó integrar a los tratamientos lo que fueron distintas motivaciones en su vida para beneficiar la relación médico – paciente. Hoy trabaja como médico suplente en cinco instituciones mutuales e integra el equipo de trasplante renal del Hospital Evangélico.

Expresa que aunque la música no cura enfermedades tiene la particularidad de alegrar el alma de quien la escucha mejorando la calidad de vida y el estado anímico al subir las defensas del enfermo por acción de las endorfinas que son sustancias generadoras de bienestar.

Dice que es común ver a los pacientes salir del tedio habitual del procedimiento dialítico que implica tener las dos agujas colocadas en el brazo durante tantas horas. «Yo no toco el bandoneón como parte del procedimiento de ningún tratamiento, simplemente tengo una relación muy estrecha con cada uno de mis pacientes. Ellos saben que soy músico y un día como por casualidad me pidieron que tocara mientras se dializaban. Desde ese momento toco habitualmente cuando me lo piden y muchos de ellos me acompañan cantando algún tango.

Es evidente el clima de bienestar y de alegría que se genera cuando podemos compartir todos ese momento de música. Pienso que la felicidad es simplemente brindarle a alguien un estímulo que le quite los pensamientos negativos».

Regalo de familia

Recuerda que el bandoneón fue una sorpresa que le prepararon su padre y su padrino cuando tenía once años en la casa de Toledo en el departamento de Canelones donde nació. Estudió música un par de años en clases formales, pero la insistencia de la familia en que debía elegir una carrera tradicional pesó más. Parte de su vida transcurrió en Buenos Aires, ciudad a la que llegó obligado por la dictadura y como pudo siguió estudiando medicina en Argentina. Durante ocho años se desempeñó como albañil, oficio que le enseñó su padre, y luego trabajó como enfermero hasta recibirse de médico en 1991 ya en nuestro país.

Aunque nunca se había desprendido de aquel primer bandoneón un robo a su casa en Buenos Aires lo tomó por sorpresa y estuvo 16 años sin poder volver a comprar otro. Cuando juntó el dinero y salió a comprarlo, llegó al barrio de Constitución con su hermano e insólitamente le ofrecieron el mismo instrumento negro nacarado con fuelle amarillo estampado de lunares rojos y verdes. «No puedo asegurarlo pero 16 años después de aquel robo creo que insólitamente encontré el mismo bandoneón, recuerda. Cuando pude volver a comprarlo pensé en retomar las clases, sobre todo por respeto al instrumento porque lo que yo sabía era muy poquito», afirma Pérez. Estudió con el maestro José Marino Rivero y participó en el primer disco de Malena Muyala.

Actualmente participa de un proyecto suyo para tocar el bandoneón en casas de salud para ancianos además de hacerlo en todas las instituciones en las que trabaja.

Sus pacientes se lo agradecen. *

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