La lógica del etiquetado

 

Las reglas de la FDA no requieren pruebas de seguridad en los alimentos genéticamente modificados (OMG); solamente que las compañías notifiquen a la agencia sobre la introducción de nuevos alimentos transgénicos al mercado. La segunda propuesta delinea las directrices de la agencia para las compañías que desean etiquetar sus productos «voluntariamente». Así que las compañías alimentarias serias y responsables que evitan los OMG tendrán dificultad para etiquetar sus productos naturales, mientras que miles de OMG sin etiquetar permanecerán en los estantes de los supermercados.

En Uruguay este año se cultivaron 70.000 hectáreas de soya RR transgénica, y esa cifra se duplica año a año. Está a decisión del Ministerio de Ganadería el Decreto 249/2000 que autorizaría a cultivar maíz transgénico del tipo MON810.

Según Charles Margulis, ingeniero especialista en genética, de la Organización Greenpeace, la negativa de la industria alimentaria y biotécnica de mantener las semillas (soya, maíz, verduras, etcétera) separadas de los demás alimentos ha traído miles de productos transgénicos al mercado norteamericano.

A pesar del masivo apoyo público (93 por ciento) por el etiquetado, la FDA rehúsa obligarlo y se hace cómplice de los fabricantes de OMG que comercializan sus productos conscientes de que el público no los quiere.

La FDA pone directrices para el etiquetado «voluntario», pero ¿de qué sirven si nadie las respeta?, dice Margulis. Existe serio conflicto de intereses en el hecho de que sus directivos pertenecen también a las juntas de laboratorios y semilleros transgénicos.

No es la primera vez que la agencia ha usado su estrategia para beneficiar la industria biotécnica sobre la protección de los consumidores. En 1993, cuando Monsanto introdujo al mercado su medicamento genéticamente modificado para vacas (BGH) y la hormona para el crecimiento de bovinos, la FDA publicó directrices (formuladas por un empleado de la agencia que había trabajado para Monsanto) que advertían a los productores de lácteos y comestibles que «ninguna etiqueta de BGH podía ser engañosa». Varias de esas compañías, incluyendo el yogur Ben & Jerry’s y Stonyfield Farms fueron enjuiciadas por no poner la etiqueta «No es BGH» en sus productos.

Sin razones «materiales»

La FDA dice que, puesto que los productos genéticamente modificados son equivalentes a sus contrapartes naturales, no hay justificación «material» para requerir etiquetado. «¿Qué es un cambio «material» para la FDA?», pregunta Margulis. Cambios en las propiedades físicas de las comidas, sabores, y que su vida útil haya sido categorizada como información «material» que deba comunicarse a los consumidores vía etiquetado. Casi todas las cosechas transgénicas en EEUU han sido alteradas para resistir insectos o tolerar herbicidas tóxicos.

Aun así, la FDA rehúsa darse por enterada de que éstos son cambios «materiales» sobre los cuales los consumidores deben ser comunicados.

En un giro tipo Alicia en el País de las Maravillas, la agencia sostiene que los productos fabricados con ingredientes alterados genéticamente no necesitan etiquetado, pero que los etiquetados como «no OMG» podrían ser engañosos.

Lo que no se mira, no se ve

Para defender su omisión de probar los productos antes de lanzarlos al mercado, la FDA dice que ninguno de los OMG actualmente en el mercado es diferente de sus contrapartes naturales, pero rehúsa reconocer diferencias científicas entre producción genética y tradicional, porque no investiga.

En 1958 se enmendó la ley federal de comestibles, medicamentos y cosméticos para evitar el uso de aditivos desconocidos y potencialmente dañinos. La ley dice que los productores de alimentos deben efectuar pruebas sobre la seguridad de los aditivos.

De no ser así, estarían poniendo en peligro la salud de los consumidores por el tiempo que le llevaría al gobierno comprobar el peligro de aditivos, investigar sobre sus propiedades y efectos, y, años más tarde, hacer experimentos necesarios para probar si son o no seguros.

Sin embargo, la FDA ha permitido ingredientes transgénicos nunca antes vistos en la dieta humana, sin probarlos. Una excepción al requerimiento de analizar aditivos son las sustancias conocidas como «seguras». Las sustancias Generalmente Reconocidas como Seguras (GRS) han probado serlo para el uso que se les intenta dar. Las GRS pueden ser sustancias usadas en alimentos antes del 1958, y los OMG no se hacían antes de esa fecha. Significa que la FDA debe basarse en procedimientos científicos y demostrar su seguridad si cree que aquéllos son GRS.

Lo opuesto es la verdad

Los propios científicos de la FDA han advertido que no existe suficiente evidencia para concluir que los OMG son GRS. Aun el Coordinador de Biotecnología más importante de la FDA reconoció en 1991: «… hay un número de cuestiones específicas tratadas en la política de la FDA por el cual no existe consenso científico». Agregó que existía preocupación por las alergias que producen los alimentos alterados y la necesidad de hacer pruebas de toxicidad. *

* Periodista.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje