Tiene la palabra
Fau histórico: todo tiempo pasado fue mejor
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
Las Arenas, noviembre 5 de 2002
* Sin comentarios ni preámbulo alguno, salvo éste, le remito las declaraciones del ministro de Defensa Nacional actual que tiene entre sus subordinados a los autores materiales de aquellas injustas muertes. Esperemos que, por fin, el pueblo uruguayo sepa quiénes fueron y no seamos solamente unos pocos los que lo sabemos.
«No habrá heridas cicatrizadas en el país mientras, entre otras cosas, no sepamos quiénes fueron los asesinos de Michelini y Gutiérrez Ruiz. Y todo eso va a ir a donde tiene que ir: a la Justicia Penal ordinaria, la que investigará lo que le aportemos y la que dictará el fallo definitivo. La Ley de Caducidad no impide la investigación y juzgamiento de estos crímenes.
Para que eso también se esclarezca es que tenemos que culminar con éxito lo que Michelini y Gutiérrez Ruiz nos reclaman… No podemos fallarle ni a uno ni a otro. Por ellos y por sus hijos. Por nosotros y por nuestros hijos».
Yamandú Fau, circa 1987
Con el aprecio de siempre
JOSE CARLOS SAGARRA
El corralito también incluyó a los enfermos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* La suscripta comparte con miles de compatriotas el triste «privilegio» de haber sido despojada de sus ahorros por las autoridades cuya función es velar por los intereses de la población.
Pensando sobre todo en los que por razones de edad, impedimentos físicos, déficit cultural, o simplemente anonadados por tan brutal atentado, no atinan a formular su indignada y justa protesta, quiero dar a conocer los pormenores de mi caso, que seguramente es el de muchas otras víctimas de un sistema que hace buena letra con los usureros con el dinero del pueblo.
Soy enferma oncológica, y cuando el gobierno resolvió usar mi dinero sin ser invitado, confundiendo lo propio con lo ajeno, tuve la ingenuidad de confiar en que por lo menos se iba a tener en cuenta la situación de los enfermos, permitiéndonos retirar parte de nuestro dinero a plazo fijo para pagar asistencia y medicamentos. Los hechos me han demostrado que ni siquiera esa pequeña dosis de sensibilidad existía en quienes se han embolsado nuestros ahorros.
Todo indica que los responsables no miden las consecuencias sociales y políticas de esta justificada pérdida de confianza que han generado en el pueblo, que sólo augura horas de infortunio y desequilibrio para nuestra sociedad. Torpes seríamos, en efecto, los uruguayos, si siguiéramos creyendo en la «palabra» de nuestro Presidente: «Aquí no va a haber corralito».
Además de mi dinero, perdí el tiempo al solicitar al Banco de la República que se me liberara una parte de mi dinero para pagar los remedios que exige mi patología. Mi carta fue del 13 de agosto, y al 28 de octubre no había recibido ninguna respuesta. ¡Tiempo más que suficiente para una emergencia de salud!
El 28 de octubre comparecí en el Edificio Libertad con la misma, modesta, aspiración: que se me restituyera una parte del dinero ilegalmente confiscado por el gobierno para poder costearme los remedios. Pedí que se tuviera en cuenta que vivo en un 3er. piso, sin ascensor, sobre una fábrica de productos químicos -Fanaproque- que emite impunemente anhídrido sulfuroso, causante de toda clase de afecciones respiratorias. Pensé que tendría alguna importancia para los altos asuntos gubernamentales que una persona como yo, paciente de cáncer de pulmón, tenga que soportar ese diario atentado sin que se me conceda el cambio de vivienda que pedí hace años, y ahora, además, se me prive de mi dinero para medicarme, ya que Salud Pública casi no provee remedios. En mi condición, ¿se pretende que me movilice por escalera para ir con un plato a la puerta del reparto a suplicar una asistencia que no necesitaría si la autoridad al servicio de los bancos no me hubiera desposeído de mis ahorros?
Esta insensibilidad ante la vida y la muerte de los orientales no implica sólo un apoderamiento ilegal de mi propiedad, sino también un ultraje póstumo a quien me proporcionó la suma ahora confiscada por gratitud hacia quien, como yo, lo había cuidado desinteresadamente en su enfermedad terminal. Esa alma generosa me la obsequió diciéndome: «Siéntase segura: es para que no tenga que pedir limosna». Mal podía prever esta persona que su última voluntad iba a ser pisoteada ilícitamente para que los usureros cosmopolitas puedan sentirse seguros gracias a los buenos oficios de quienes se jactan de representarnos.
Pero no sólo iba a tener que soportar el despojo, sino también el escarnio, ya que la autoridad oficial, en acto de «magnanimidad» que quizá creyó que merecía mi eterna gratitud, se dignó ofrecerme, como «solución», un préstamo a interés de mi dinero usurpado para que comprara medicamentos. El obvio resultado de esta «solución» es que imposibilitada de pagar, el Estado-Shylock me embargara y rematara mi vivienda -siempre sin devolverme el depósito bancario que me pertenece. Creo que la «genial» idea de mis victimarios no tiene parangón en los anales del desgobierno: se me invita a aceptar un préstamo a interés del mismísimo dinero que previamente me habían arrebatado.
Los comentarios huelgan. ¿Estado de Derecho? ¿Derechos Humanos? ¿Sistema representativo? ¿Propiedad privada? ¿Garantías individuales? ¿Castigo de los delitos contra la propiedad? Las palabras han quedado desprovistas de contenido. Son sólo eso, palabras, y más valdría que se reformara la Constitución y los códigos para eliminarlas, tan siquiera para que los incautos no siguieran creyendo en su vigencia. Con más buena voluntad que ironía, sugiero y reclamo que los políticos de todos los partidos, considerando que sus bolsillos ya están repletos, se priven por lo menos de la mitad de sus espectaculares sueldos para que el banco devuelva a los enfermos y ancianos su dinero. Con medidas como esa, y cerrando docenas de embajadas inútiles, protegiendo nuestras industrias y nuestro agro, creo, sin temor a equivocarme, que sobraría el dinero para una medida de estricta justicia como la que exijo en nombre propio y como vocera de miles de personas «sin voz».
Pero no esperemos de nuestra casa política tamaño desprendimiento. Siguen vigentes las sabias palabras de Martín Fierro, de que nada se va a arreglar «Hasta que venga algún criollo/En esta tierra a mandar».
MARIA INES ESQUIBEL D’ALBORA – CI 732.898-2
Sobre el servicio tercerizado de recolección de residuos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Estos días se informó que la Intendencia de Montevideo, cuya gestión valoro y aprecio, estudia las ofertas de empresas privadas, como SUR, para adjudicarles, o no, por un tiempo más, la recolección de basura de algunas zonas. Como suelo buscar información antes de opinar, para evitar simplezas en las que incurren hasta ediles (tengo algunas perlas de Cristina Ferro) he podido saber que los servicios de Sur son herencias de administraciones anteriores no frenteamplistas.
Pero ahora -cuando se analiza esa posibilidad de prórroga- ¿no sería importante tener en cuenta los salarios que paga cada empresa a sus recolectores? ¿No será importante que se informase cuáles son las ganancias de esas empresas? ¿No habrá que controlar si en alguna circunstancia cargan en sus camiones basura que no proviene de los montevideanos, que luego cobran como si la hubieran recogido casa po
r casa? Sé que no es fácil ese control. Pero, como montevideano por vocación (porque soy español y todavía no voto), me gustaría que en esta misma columna se aportaran -por los técnicos de la IMM- algunos datos como los que sugiero. Creo que eso sería esencial. Facilitaría la participación, que siempre es buena si parte de una información correcta. La solicito, en la seguridad de que, por esa vía se fortalecerá la democracia.
Con la mayor estima le saluda
Un vecino del Cerro.
No me quedé con ningún dinero
Señor director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Si bien han pasado algunos años, creo conveniente hacer conocer datos importantes sobre una situación que se suscitó en Minas entre quien suscribe y una empresa de comunicación.
En 1994, el director de Radio Lavalleja y de Federal FM organizó un festival folclórico. En ese momento yo era empleado de Radio Federal y fui convocado a una reunión para aportar ideas y nómina de artistas. Oficié de intermediario entre el señor Juan José Volante Moreira, director de la emisora y algunos artistas. Hube de enfrentar malentendidos y dificultades varias por el pago a los artistas; el festival estuvo a punto de suspenderse pero logré resolver las cosas y sacar adelante el espectáculo.
Al día siguiente fui despedido por defender a los colegas y tratar de hacer bien mi trabajo.
Pasados siete años, el señor Volante me pide que vuelva a hacer un programa en su radio, proponiendo olvidar rencores viejos. Empiezo a trabajar y al poco tiempo la señora Ursula Moreira de Volante –madre del director de la radio– me reprocha haberme quedado con miles de dólares de su hijo. Días después, el padre del director, Ernesto Volante, volvió a destratarme acusándome de haberme quedado con dinero de su hijo, después de lo cual me echó.
Hablé con Juan José y éste me pidió que esperara un día para que todo se enfriara asegurándome que él arreglaría las cosas.
De esto hace más de dos meses, pero la gente sigue preguntándose qué pasó. No me interesa volver a la radio, pero quiero que la opinión pública sepa que yo no me quedé con ningún dinero.
Mi nombre y mi conducta están limpios. Sr. Volante, Sra. Moreira: no se confundan; no se puede tapar el sol con un dedo. Ayuden a su hijo apoyándolo y no poniéndole piedras en el camino y gente en su contra. Juan José no es mala persona; sólo le falta cortar el cordón que lo une a quienes piensan en el status y no en la realidad. No se puede vivir manoseando gente, hay que poner los pies en la tierra y no mirar tanto la paja en el ojo ajeno.
Espero haber aclarado dudas que permanecieron siete años y les dejo mi abrazo fraterno a los lectores. Continúo trabajando… «Por lo nuestro».
JOSE LUIS VIZCONDE ORENDE – CI 2.013.494-0
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