Alarmantes cifras y condiciones del trabajo infantil en Uruguay
En ese marco diversos expertos en la niñez disertaron en la Facultad de Humanidades sobre Trabajo Infantil en nuestro país. Se estima que más del 7,5% de los niños y adolescentes entre 5 y 18 años realizan alguna actividad laboral y el 80% de los menores que trabajan se encuentran en los quintiles más pobres de la sociedad uruguaya. De acuerdo a estudios realizados, el trabajo infantil afecta tanto el presente como el futuro del menor que lo practica que termina ocupando los puestos laborales menos remunerados, incluso en el sector informal.
El evento organizado por Amnistía Internacional contó con la participación del secretario de la Organización de Acción Sindical Uruguaya (ASU), Carlos Birriel, el docente de la Facultad de Psicología, Gonzalo Fuentes, la integrante del Comité para la Erradicación del Trabajo Infantil (CETI), Ana Santesteva, el coordinador de Gurises Unidos, Enrique Saavedra, y el consultor de Unicef Juan Faroppa.
Saavedra indicó que el trabajo infantil es una problemática de larga data pero que fue a partir de la década de los 90 cuando comenzó a hacerse público. En esa época, en el resto de América Latina el flagelo estaba en el debate de la opinión pública y procuraba disminuir sus secuelas negativas.
Sin embargo, en Uruguay, acotó el integrante de Gurises Unidos, era un tema del que no se podía hablar, no era admitido en el espacio público y las autoridades nacionales afirmaban que este fenómeno no era parte de la realidad nacional.
A partir de 1996, con el Censo Nacional de Hogares, pudo conocerse con certeza que el 5% de la población entre 10 a 18 años trabajaba.
Saavedra intentó explicar el motivo de por qué no se hablaba del tema. A su entender, la causa proviene de que el concepto de trabajo como valor está muy arraigado en la sociedad y el mismo siempre es considerado como algo positivo.
Por el contrario, el ocio es considerado como un desvalor por la población uruguaya.
Explicó que el trabajo puede ser dignificante o no y que el desempeño de éste depende de un contexto determinado.
El experto manifestó que en el caso uruguayo existe como mínimo un 7,5% de los menores que trabajan, los que deben ser más cantidad teniendo en cuenta que en la consulta de las encuestas, muchos de los padres no suelen decir la verdad.
A pesar de la ayuda que puede significar para una familia pobre el aporte que efectúe el menor a través del trabajo, éste dificulta el ingreso a los medios de socialización, como puede ser la asistencia a la escuela.
Saavedra indicó que los niños que se desempeñan en el trabajo infantil, son los que posteriormente se insertan en los puestos de menor remuneración, incluso en el sector informal.
Este fenómeno cercena las posibilidades presentes y futuras de la persona con la escasa posibilidad de avanzar en la educación.
Los planes nacionales de lucha contra el trabajo infantil, en los cuales tienen la participación del Estado conjuntamente con las organizaciones civiles, deberían estar inscriptos según el experto en un contexto integral sin llegar a aislarse.
Juan Faroppa, representante de Unicef, denunció que los Estados y la sociedad en su conjunto suelen enfocar sus esfuerzos en abatir exclusivamente las peores manifestaciones del trabajo infantil, olvidándose del resto de las formas que también afectan los derechos humanos de esta población. «El trabajo infantil no es un hospital de guerra donde se debe atender sólo los casos más graves, como un balazo en la cabeza y no un caso de hapatitis», ejemplificó.
Desde esta organización no gubernamental se intenta desestimular el ingreso al mercado del trabajo y en caso de ingresar, tratar de capacitar al menor a fin de alcanzar un mejor nivel de vida.
Faroppa, al igual que Saavedra, consideró que la sociedad destaca el trabajo como un valor, en el cual los padres o la población estimulan el desempeño del mismo y todavía permanece la sugerencia: «Trabajá para hacerte hombre».
No renegó de que un menor desempeñe una tarea remunerada, sino que advirtió que el trabajo no debe de afectar otros derechos, como el ocio, participar de actividades culturales, reunirse con amigos o efectuar militancia tanto gremial como política. El psicólogo Gonzalo Fuentes desestimó que todo trabajo infantil debe ser erradicado, ya que entiende que existen algunos que resultan negativos a través de actos degradantes y otros que no. Sostuvo que los niños no suelen tener conciencia de la relación capitalista que se produce en las empresas ni la capacidad de saber que son explotados. *
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