Un día para empezar a pensar de otra forma
MIGUEL ANGEL – ENRIQUEZ BERCIANO (*)
Once de setiembre de 2001, atentado en un boliche de Bali, combatientes chechenos que toman a personas como rehenes en un teatro de Moscú: tantas cosas que nos hacen ver el mundo de otra manera.
Muchos dijeron que, desde los acontecimientos del 11 de setiembre, algo había cambiado en nuestro mundo. Es cierto que algo cambió pero podríamos confundirnos en el análisis de estos hechos y sobre todo en las respuestas que podríamos dar a esta nueva situación mundial. En efecto, cada vez se percibe más la sensación de vivir en un mundo menos seguro tanto al nivel local, nacional como internacional. Para responder a esta percepción, muchos países aumentaron el presupuesto militar, el presupuesto de la policía y los medios financieros y humanos de sus servicios de inteligencia, etc .
En este ambiente, hablar de tolerancia podría parecer o anacrónico o ingenuo. Sin embargo, este 16 de noviembre 2002 podría constituir para nosotros la ocasión de tomar otro punto de vista sobre estos acontecimientos dejando de lado esta atmósfera de sospecha y violencia mutua para empezar a reflexionar sobre la tolerancia, no sólo como exigencia moral sino también, de un punto de vista pragmático, como una necesidad política y ciudadana para la paz y el desarrollo de nuestras sociedades.
El siglo XX y el principio del siglo XXI estuvieron marcados por grandes avances en términos de derechos humanos pero también por horribles conflictos y acciones en contra de la dignidad humana. Un breve análisis de las diversas causas de esos hechos pone en énfasis nuestra intolerancia como factor común: intolerancia hacia el vecino porque tiene una manera de vivir diferente, hacia otra comunidad porque parece tener más privilegios, ante otras creencias religiosas, frente a gente de otros países que constituirían una amenaza potencial a nuestro modo de vida.
Las raíces de la intolerancia y de la violencia fueron y siguen siendo la ignorancia, el temor «al otro», a lo diferente, a lo desconocido y un sentimiento de superioridad. Hoy, mucha gente o estados tienen miedo y este sentimiento podría conducirnos a más intolerancia hacia lo diferente que sería asimilado a lo peligroso. Esta actitud podría generar más odio y, como consecuencia, más inseguridad, guerras y genocidios. Es por eso que hoy, más que nunca, la promoción de la tolerancia y la no-violencia constituye un esfuerzo clave que debe involucrar a todos.
Por iniciativa de Unesco el año 1995 fue proclamado «Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia». Se realizó entonces una campaña mundial a favor de la tolerancia y la no-violencia y se llevó a cabo un trabajo intenso cuyo punto culminante fue la Declaración de Principios sobre la Tolerancia, adoptada y firmada el 16 de noviembre de 1995. Así, nació el Día Internacional de la Tolerancia.
Existe un cierto rechazo ante días así argumentando que sólo constituyen una ocasión para poder olvidarse el resto del año de esos temas o porque estos temas se plantean desde una perspectiva académica y no pragmática y por ende, no sirven concretamente. Siendo honestos podríamos decir que los que opinan así tienen razón en cierta medida, pero tampoco podemos despreciar totalmente estas iniciativas cuyo poder de sensibilización sigue siendo importante, sobre todo en un mundo donde los medios de comunicación tienen tanto poder en la conformación de la opinión pública.
No es casualidad que el Día de la Tolerancia encontró su origen por iniciativa de la Unesco y que ésta desempeñe un papel clave para promover y extender este principio. Esta agencia de Naciones Unidas tiene un mandato específico para la paz a través de la cooperación en educación, ciencias, cultura y comunicación. Sabido es que la tolerancia entre las diversas comunidades requiere tiempo y, sobre todo, un acceso a la educación en términos amplios. La educación es pues la herramienta principal para combatir los sentimientos de temor y superioridad aprendidos a edad temprana y constituye, de hecho, gran parte del trabajo cotidiano de la Unesco.
Para la Unesco, la acción educativa cristaliza el conjunto de los otros enfoques y esfuerzos de la organización para promover estos principios a lo largo del año. Estos esfuerzos no son discursos académicos o filosóficos sino que se orientan a introducir de manera concreta en cada proyecto de la organización el enfoque de la tolerancia. Bajo un enfoque social y humano, el tema se ubica en particular en la promoción de los derechos humanos y la lucha contra la discriminación. Concretamente, se aplica este principio, inseparable del pluralismo, en las actividades con los Parlamentos, con los comités de gestión de las transformaciones sociales, con las redes académicas tomando siempre en cuenta las diversas opiniones y sensibilidad de cada protagonista en el debate y en la conformación de los proyectos. El sector cultura también constituye un ámbito privilegiado para la promoción de la tolerancia. En 2003 se organizará un Seminario con el conjunto de los países sudamericanos sobre la diversidad cultural. La diversidad cultural no puede sobrevivir sin tolerancia: en este seminario se van a reunir personas que tienen culturas, costumbres, conductas de vida y creencias diferentes y, por lo tanto, se van a sentar en la misma mesa para escucharse. Acá, más allá de un discurso sobre la tolerancia, se trata más bien de un ejemplo concreto de tolerancia.
Un día de tolerancia al año no basta pero hagamos que este 16 de noviembre y los próximos sean una ocasión para promoverla, no en forma ingenua sino poniendo el énfasis en la necesidad pragmática de la misma: sensibilizar a todos los actores de la sociedad civil, del Estado, del mundo comercial y financiero, realizar campañas, lanzar debates en las escuelas, en las comunidades y en cada casa para que este principio moral se convierta, algún día, en una elección y una conducta de vida.
Que este día y otros más nos ayuden a hacernos las preguntas: «¿Practico yo la tolerancia?». ¿Cómo puedo actuar como una persona tolerante y transmitir esta actitud? Hagamos que la Declaración de la Unesco no quede en simple declaración sino que se convierta en una actitud activa. Si entendiéramos que la tolerancia y la no-violencia podrían ser las únicas opciones y respuestas frente a la situación actual para construir un mundo pacífico y próspero, ya no podemos darnos el lujo de elegir otra conducta. Hagamos que este día y en muchos otros cada uno se pregunte: ¿quiero yo transmitir a mis hijos un mundo ingrato, de odios y de exclusión producidos por la intolerancia? *
(*) Representante de la Unesco en Uruguay
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