Invisible
Decime la verdad, ¿cuántas veces pensaste en ser invisible? Me vas a decir que cuando eras adolescente nunca soñaste con meterte en el vestuario de las mujeres sin ser visto. O alucinabas con pegarle una patada en el medio del traste a la directora del liceo y que ella le echara la culpa a otro. Al Traga, por ejemplo.
Yo todavía sueño con ser mosca y poder entrar a donde dicen que se deciden las cosas importantes de este mundo y de este país, y escuchar de qué mierda hablan cuando no pasa naranja con este mundo y mucho menos con este país.
Te cuento esto porque me entero que en Teherán los clientes de un banco vieron entrar a un hombre desnudo que se les acercó y comenzó a quitarles los billetes de las manos. Resulta que un «falso hechicero» lo había convencido de que era invisible. En el juicio, el ladrón aseguró que pagó unos 500 dólares a un hombre que le dio varios hechizos para volverse invisible.
Destaco dos cosas de esta noticia. UNA: si en vez de ir a un banco hubiera ido a un vestuario de mujeres, quizás el hechizo habría funcionado. O por lo menos así se lo hubieran hecho creer las mujeres de allí. DOS: nótese que el parte policial habla de «falso» hechicero. Esto haría pensar que los verdaderos pueden transformarte en invisible.
¿Cuánto sale un pasaje a Teherán? ¿Te imaginás? Poder meterse sin que se den cuenta en esos lugares donde nadie sabe realmente qué es lo que pasa, como en la directiva de Adeom, en el escritorio privado de Lacalle, en las celdas de los Peirano y de Blanco, en el baño de Jorge Batlle, en el de Bensión, en el directorio de la Corporación para el Desarrollo, en las sesiones de la Mesa Política del FA, en la peluquería donde va la mujer de uno, en la cabeza de Bush y jugar al eco, en el vestuario de mujeres…
(Te estarás preguntando para qué quiero entrar al baño de Batlle y al de Bensión, ¿no? Si adivinás, hacémelo saber: [email protected]) *
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