La guerra tiene la palabra

 

La mayoría absoluta obtenida por los republicanos, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, es un verdadero «cheque en blanco» para el desarrollo de su agenda internacional, cuyo principal objetivo a corto plazo es la invasión de Irak. Hoy resulta más claro que nunca que la guerra se llevará a cabo a principios del año próximo con o sin acuerdo de la ONU.

En la comunidad internacional ya se elucubra de forma abierta sobre un Irak sin Saddam Hussein y no existe hoy en día una coalición capaz de oponerse con éxito a la postura unilateral e imperial de EEUU. Los resultados electorales, a pesar de la gran abstención característica de las elecciones estadounidenses, otorgan cierta legitimidad a las doctrinas militaristas, que han sabido capitalizar los sentimientos de la población por los atentados terroristas del 11 de setiembre para imponerse bajo el pretexto de la seguridad.

Los escenarios «alucinantes» que temían varios expertos en asuntos internacionales empiezan a volverse realizables. Es difícil prever lo que será esta segunda guerra en el Golfo Pérsico, pero es indudable que la onda de choque se sentirá durante varios años en la región y que surgirá un nuevo «desequilibrio de fuerzas» con una presencia militar directa de Estados Unidos en una región que posee el 66% de las reservas petrolíferas del mundo. Junto con el pueblo iraquí, los otros grandes perdedores de la guerra serán ciertamente los palestinos, que se tendrán que enfrentar a un gobierno mayoritariamente de extrema derecha tras las elecciones en Israel de enero próximo. Desde una perspectiva latinoamericana, los resultados en EEUU son también bastante sombríos. Resulta particularmente significativa la aplastante victoria del hermano menor del presidente, Jeb Bush, que la comunidad cubana de Florida llama Jebcito, una muestra evidente de los estrechos lazos que unen al clan Bush con el exilio anticastrista de Miami. El triunfo en La Florida augura una fácil reelección de George W. Bush en 2004 y consolida la decisión de dejar la política latinoamericana en manos de los anticastristas más duros, liderados por Otto Reich. No hay que olvidar que, cuando Reich fue nombrado secretario de Estado de Asuntos Americanos, lo hizo a título provisional por un año, debido a la firme oposición de buena parte del Senado de Estados Unidos. Christopher Dodd, senador demócrata de Connecticutt, amenazó públicamente a Reich con hacer todo lo posible para evitar su reelección en el 2003. Con la cómoda mayoría que los republicanos han obtenido en las dos cámaras, Reich puede dormir tranquilo. Sobre todo porque ahora cuenta con tres republicanos más de origen cubano en la Cámara de Representantes, que evalúan su triunfo electoral como un referéndum sobre la política a seguir por la Administración Bush en Cuba.

(*) Periodista

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje