LA COLUMNA AMARILLA

Hikikomori

 

En Japón el trabajo organizado y preciso, los empleados sumisos y obedientes como máquinas, han logrado ese maravilloso milagro japonés que tantas veces nos fue puesto como ejemplo y modelo a seguir.

Nosotros, desordenados, indolentes, incapaces de actuar sin preguntar «¿por qué?» y sin ninguna tradición que nos permita ser sojuzgados y aceptarlo con una sonrisa, nosotros, latinos y para peor uruguayos, nunca alcanzaremos la calidad de vida de los japoneses.

Porque hay que decir la verdad: allá hay felicidad en pila. Felicidad en forma de perros a pila, de peces de colores a pila, de novias y novios a pila, de padres a pila, además de vivir apilados, en tubos.

La educación que tiene como objetivo el mercado y no la vida, (¿te suena?) con su perversa «selección natural» de cuadros dirigentes (aquel que no alcanza un determinado puntaje sólo puede aspirar a ser un trabajador de segunda), no sólo provoca el suicidio de adolescentes, ahora también produce lo que se llama «hikikomori».

Ya hay más de un millón de adolescentes que se encierran en sus habitaciones para no salir durante meses o años.

Se dice que es «la consecuencia del fenómeno de crecimiento de la economía japonesa durante la segunda mitad del siglo XX».

El corresponsal en Japón de BBC News relató su experiencia con uno de estos jóvenes: «lo conocí sólo como el muchacho en la cocina. Su madre no me dijo su nombre temerosa de que los vecinos descubrieran su secreto. Su hijo tiene 17 años. Tres años atrás estaba triste con la escuela y empezó a faltar. Un día entró a la cocina, cerró la puerta y se negó a volver a salir. No deja que entre nadie. La familia debió construir una nueva cocina. El baño está pegado a la cocina, pero él sólo se baña una vez cada seis meses».

«Hikikomori» significa «retirado de la sociedad» y hoy es visto como una epidemia.

¿Será por la ley de la vida o por la ley del mercado? *

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