En el Día de los Difuntos el descontento entre la población fue generalizado

"¡El cementerio es un desastre!"

MARCELO BUSTAMANTE

 

Sin tener una concurrencia demasiado relevante, miles de uruguayos celebraron ayer el Día de los Difuntos. Para hoy se aguarda el arribo de más personas en los cementerios aprovechando que es día domingo.

El 2 de noviembre, que suele ser para la mayoría de la población una jornada de recogimiento y tristeza, se sumó este año un aditamento especial que conllevó a muchos uruguayos experimentar un sentimiento de desolación. Nunca se vieron los cementerios tan abandonados como ayer, según pudo constatar LA REPUBLICA. El motivo: la huelga decretada por el gremio de los funcionarios municipales, que para el caso de los cementerios disponían de una guardia gremial para efectuar exclusivamente los entierros. Desde antes del 2 de noviembre comenzó a surgir en la población cierto rechazo a las medidas adoptadas en cuanto a las necrópolis. En algunos cementerios sólo tenían las puertas abiertas durante 4 horas y en otros fue solamente a la mitad del tiempo.

Ayer hubo una ampliación en el horario de la guardia gremial, y la gente pudo ingresar de las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde.

No se recolectó la basura, y los recipientes de residuos estaban desbordados de flores. Incluso, numerosas «montañas» de jazmines y gladiolos estaban dispersos por el piso.

Afuera de las necrópolis, las bolsas de basura depositadas por los vecinos y otros desperdicios sitiaban la «casa de los muertos». El aspecto generalizado en el interior y en los alrededores de los cementerios era desagradable.

Mientras tanto, en la calle, varios vendedores ilegales que depositaban los productos sobre precarias mesas o en la vereda misma, procuraban hacerse de un peso, pero la demanda no satisfizo sus expectativas. Irónicamente, los ambulantes afirmaron que «Â¡esto está quieto, está muerto!», y a pesar de que no existía ningún control ni inspección municipal a quienes no tenían autorización para la venta, este día no dio para muchos.

Aún más, en los locales legalmente instalados en las cercanías de las necrópolis también se quejaron de las bajas ventas. «Ya no se vende como antes; ahora te llevan dos o tres claveles, con suerte», afirmó uno de los comerciantes.

Otro florista manifestó que «la venta fue como la de cualquier otro sábado, y para mí el día de los muertos pasó desapercibido».

Por la mañana, el cementerio del Norte denotó un generalizado desalineo llamativo. El director de Acondicionamiento Urbano, Roberto Villarmarzo, había anunciado a LA REPUBLICA que las necrópolis no tendrían su mejor imagen, «ni se verán tan prolijos como otros años» y que posiblemente se percibiera un césped sin cortar.

Sin embargo la realidad superó estas palabras. En algunas partes se observó agua podrida en los floreros, por no limpiarse los recipientes y la hierba crecida se expandía por todos lados.

Por la tarde en el cementerio de La Teja, en la entrada, los carteles de Adeom rezaban que estaban trabajando sin cobrar. Pero este argumento parece que poco importó a los comunes visitantes de la necrópolis que manifestaron su disgusto por el aspecto desagradable del lugar.

«Â¡Es un desastre!», afirmaron dos señoras al salir de la necrópolis, al ser consultadas qué opinión tenían sobre el estado del cementerio.

«Â¡Es una vergüenza!», dijo un hombre que fue a ver a su madre fallecida, acompañado con su esposa.

«Usted lo puede ver. Mire los pastos y la mugre», respondió una mujer y después preguntaba dónde estaba la arena que prometieron que habría para poner en los floreros. «No hay», respondió su amiga con cara de resignación.

Otra persona afirmó que los funcionarios ni siquiera ayudan a los ancianos a trasladar las escaleras que les permitan llegar a los nichos que están ubicados en lugares altos. Según pudo observarse, varias personas de edad realizaban grandes esfuerzos en mover las pesadas escaleras tan sólo para poner una flor a su ser querido.

De acuerdo con lo expresado por una persona que por la mañana visitó el cementerio del Cerro, dijo que durante algunas horas no hubo agua en el lugar.

En el cementerio de La Teja, gran parte de la caminería estaba deteriorada, algunos panteones casi destrozados, cuya imagen transmitía la idea de un «cementerio fantasma». Allí están enterrados destacados personajes como el relator Carlos Solé y el padre Martín.

«Este estado no sólo proviene de la huelga, sino que viene de más atrás», acotó un matrimonio que usualmente concurre a esta necrópolis. «Seguramente -dijeron- debe ser que no existen rubros para hacer los arreglos». *

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