Al rescate del Mercosur original
El Mercosur (Mercado Común del Sur) ingresará en una etapa de actividad, pero no por el afán de recuperar el comercio, dijo a IPS el director del Instituto de Estudios Brasileños en Buenos Aires, Alberto Ferrari Etcheberry.
Ferrari Etcheberry fue vicecanciller de Argentina para asuntos latinoamericanos en 1985, cuando este país y Brasil firmaron los tratados de integración que obraron como la semilla del Mercosur, creado finalmente en 1991, con participación también de Paraguay y Uruguay.
«Brasil necesita de modo imprescindible a la región, pero no tanto por un problema económico, sino político», aseguró Ferrari.
«Se trata de la décima economía del mundo, pero no tiene peso político para defender sus intereses, y esa razón, que dio origen a los tratados de integración, va a ser rescatada por Lula», opinó.
Es casi unánime la opinión de que un eventual gobierno de la coalición encabezada por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, profundizará los vínculos de Brasil con Argentina y el Mercosur.
Ferrari, quien mantiene permanente contacto con los colaboradores más estrechos de Lula, sostiene que la relación bilateral, y por tanto el bloque, cobrarán nuevo protagonismo.
Según el experto, los tratados de integración argentino-brasileña de 1985 apuntaban a la complementariedad de las economías, al fortalecimiento de la democracia, a un frente común para afrontar los problemas de la deuda externa y a la posibilidad de avanzar en la modernización productiva.
Ese fue el acuerdo entre el entonces presidente de Brasil, José Sarney (1985-1990) y su par de Argentina, Raúl Alfonsín (1984-1989).
Pero a juicio de Ferrari, el espíritu de los tratados bilaterales quedó «desvirtuado» por el Tratado de Asunción de 1991, que puso en marcha el Mercosur.
El sucesor de Alfonsín, Carlos Menem (1989-1999) y su par de Brasil, Fernando Collor de Mello (1990-1992) «privilegiaron el intercambio comercial» para aumentar las exportaciones y mostrar resultados inmediatos.
Pero las rivalidades y asimetrías se hicieron sentir enseguida, y contribuyeron, entre otras causas, a que el bloque llegara a 2002 casi desfalleciente.
En una columna publicada en la revista argentina Archivos del Presente, el ex presidente Sarney sostuvo que «la integración pasó a ser sinónimo de rivalidad comercial y dejó de ser percibida en el sentido más amplio, político y estratégico, que la inspiró: un proyecto de asociación entre segmentos productivos y la unión entre los pueblos».
El Mercosur se transformó así en un convenio «meramente mercantil», sostuvo Ferrari, se fue alejando de la idea original y por tanto también de la ambición de crear un mercado común y una plataforma política desde la cual negociar con el resto del mundo.
Tanto Lula como sus asesores señalaron repetidas veces su intención de profundizar el Mercosur y estrechar los vínculos con Argentina, el primer país que visitará el ex sindicalista como presidente electo. Lo hará antes del 1 de enero, la fecha en que instalará su gobierno.
«Los conceptos y aspiraciones que dieron origen al Mercosur dominan la propuesta del PT y de Lula», dijo Ferrari. «La idea es crear un espacio que no sea apenas fruto del mercado, sino que surja de la decisión política y con objetivos políticos», subrayó el académico.
En su opinión, esta estrategia podría ser conducida por dos personalidades que podrían dirigir la nueva política exterior de Brasil.
«Si se opta por un político ajeno a la diplomacia de Itamaraty, el candidato creo que podría ser Marco Aurelio García, el asesor principal de Lula en materia de asuntos internacionales y amigo de Argentina», apuntó Ferrari.
Si se elige en cambio un diplomático de carrera, éste podría ser Rubens Ricúpero, actual secretario general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, y también cercano a Argentina, aunque en ese caso Brasil perdería una importante posición en un organismo internacional.
García y Ricúpero, según Ferrari, juzgan críticamente el proceso de creación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), sobre todo por la persistente disparidad entre América Latina y Estados Unidos en el actual acceso a los mercados.
Aunque Lula moderó su discurso y contuvo sus críticas a Estados Unidos, cree que, de persistir el proteccionismo estadounidense, la iniciativa del ALCA impulsada por Washington no significará más que una suerte de anexión de toda la región, y por lo tanto, Brasil no la aceptará.
Lula prefiere fortalecer el liderazgo de Brasil en el Cono Sur de América, mediante la extensión de su influencia a Bolivia y Chile, dos países socios del Mercosur a los que intenta reincorporar plenamente mediante una negociación más agresiva sobre las diferencias arancelarias.
El desafío no es pequeño. Si Lula logra la presidencia –como indican los dos tercios de preferencias que recoge en las encuestas–, asumirá con amplio respaldo popular, pero en medio de fuertes turbulencias financieras, que podrían agravarse en los primeros meses de su gestión.
En tanto, Argentina comienza apenas a emitir señales de una precaria recuperación económica, tras cuatro años de profunda recesión. Uruguay y Paraguay están en pleno retroceso económico.
Según Ferrari, Lula podría transformarse en un «ejemplo de nuevo liderazgo» –basado en la paciente construcción social de muchos años desde las bases– que logre las verdaderas transformaciones, más allá de la retórica política sólo destinada a ganar elecciones. *
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