Narciso Renom, cura párroco de la catedral de Minas

"San Escrivá de Balaguer no es santo de mi devoción"

 

El religioso catalán hace 36 años que llegó a Minas. Se formó en tiempos de renovación para la Iglesia y hoy es la principal figura y autoridad en la Catedral de Minas. El sacerdote es muy apreciado en esa comunidad y fundamentalmente por la juventud, ha demostrado tener una permanente vocación de servicio y siempre ha estado atento a los requerimientos de la población del departamento de Lavalleja, fundamentalmente de los más desprotegidos.

Narciso Renom, que nació en Barcelona el 22 de diciembre de 1936 y que llegó a las serranías en 1966, en una entrevista publicada por el semanario minuano «La Unión» señaló: «Cuando llegué a Minas ya se respiraba todo un ambiente de inquietudes sociales y religiosas, al igual que toda América Latina. El Concilio del Vaticano había terminado justo en 1966, las catequesis, los movimientos de jóvenes y adultos buscaban una renovación. Incluso la misa dejó de ser en latín para hacerse en español, los sacerdotes dejaron de usar sotana para vestir de particular…».

Consultada su opinión en referencia a la canonización de Escrivá de Balaguer, Renom dijo: «Acá tengo que hablarle personalmente, en cuanto a que la Iglesia cuando se pronuncia en forma oficial, me corresponde a mí el aceptar a gusto o disgusto aquello que declara. No ha sido santo de mi devoción».

Renom añadió que «Escrivá de Balaguer pensaba en sí mismo, debido a que él a veces pretendía títulos, a veces me parece que se identificaba mucho con una clase social. No es santo de mi devoción. Como la Iglesia da libertad para poder hacer elección de los santos no creo que elija a San Escrivá de Balaguer, creo que elegiré a San Francisco de Asís o a San Ignacio de Antioquía, o a los santos de nuestro continente que con toda humildad entregan su vida al servicio de los más desgraciados, de los más humildes. Ahí si siento devoción».

«La crisis también es de valores»

Respecto a la labor de la Iglesia en estos tiempos de crisis, el sacerdote estimó que «la tarea y el aporte principal de la Iglesia, del Estado y de la familia es educar. Si decimos que nuestros valores y pautas de conducta  individuales y sociales  constituyen las fuentes de los sistemas de estructuras sociales, esto no está bien asentado y no está bien orientado. Vivimos una crisis de valores donde a veces la corrupción, la estafa, la evasión, la viveza, la irresponsabilidad, el individualismo son los que triunfan. Si queremos cambiar esto que tenemos que hacer, educar, formar y buscar la manera de que estos valores se internalicen, no por imposición sino por convicción».

Refiriéndose a la actual situación añadió: «Resulta muy difícil hacer un diagnóstico de cómo veo la situación. Es evidente y todos lo sabemos, que nuestra sociedad está pasando por un momento de emergencia difícil, hay carencias de tipo material, moral, tanto social como familiar. ¿A qué se debe todo eso, cuál es la razón? ¿Es un problema de dependencia externa, es un problema de que se cierren los mercados y no colocamos la mercadería? Hay entonces un deterioro económico, pero es fundamentalmente un tema de orden moral y cultural. Nuestras pautas de conducta y de proceder no son las correctas, se ha impuesto la corrupción y el descrédito por parte de mucha población acerca de la vida política y social. Estamos en un momento de emergencia que nos llama a buscar soluciones globales, profundas y compartidas».

Renom consideró además que la Iglesia «tiene una tarea de educación, tiene que colaborar, informar, educar, capacitar. Tiene que colaborar en la ilustración, en el sentido de trabajar en equipo, en ayudar, formar un sentido cooperativo y solidario.

Hay que buscar la forma de que la gente no se desespere, no busque por lugares que no lo van a llevar ni a él, ni a los vecinos, ni a la familia, ni a la sociedad a ninguna salida». *

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