Medio siglo de organización y lucha obrera
Conocido popularmente como el Sindicato de Funsa, su historia está cargada de ásperas y reñidas disputas contra la dirección de una empresa caracterizada por ser una dura patronal. Pero también es una historia de compromiso y actitud solidaria, que siempre fue rígida, insobornable e inflexible en la defensa de los valores de la clase obrera uruguaya, y caracterizada por contar con una estrategia sindical cargada de recias polémicas dentro del movimiento obrero, liderada por la personalidad avasallante de León Duarte.
Luis Romero ha sido uno de sus destacados dirigentes desde que ingresó a la empresa en enero de 1958, cuando contaba con 19 años de edad. «Viví muchas verdes, pero también supe disfrutar de las maduras», gusta recordar.
«Cuando ingresé, Funsa era una empresa fabril que ocupaba cuatro manzanas y tenía alrededor de tres mil empleados entre obreros y administrativos. Se elaboraban neumáticos, baterías, zapatos de cuero y goma, colchones, conductores eléctricos, eran como varias fábricas dentro de un gran complejo fabril. Pero en lo laboral, a pesar del sindicato, se vivía un clima de persecución interna por parte de algunos capataces y jefes de sección, alentados por una patronal, presidida por Pedro Sáenz», recuerda Romero.
Afirma que aunque el sindicato desde sus inicios venía teniendo duros enfrentamientos con la patronal, ese año de 1958 se caracterizó por ser de una gran movilidad gremial y estudiantil. El sindicato de Funsa estuvo en todas y hasta se llegó a ocupar la fábrica liderados por León Duarte, Washington Pérez, Federico García, Miguel Tarella, Luis Martínez, Darío Santana y varios más, que están en los mejores recuerdos de la historia del sindicato.
Muchas espinas y pocas rosas
Toda la trayectoria del sindicato de Funsa se encuentra contada en el libro «Un sindicato con historia», que escribiera Yamandú González Sierra. Pero hay hechos que son recordados por nuestro entrevistado como verdaderos mojones históricos dentro del movimiento obrero uruguayo.
La llegada de la primera marcha de los cañeros de Artigas, quienes fueron alojados en el sindicato. La ocupación de la fábrica en agosto de 1972 para liberar a Duarte, Pérez, De Avila y el «Gordo» Ojeda, que estaban detenidos en el Regimiento 5º de Artillería acusados de secuestrar al empresario Molaguero, propietario de la empresa Seral.
«No fue por una reivindicación económica, nos movimos muy fuertemente para arrancarlos de las palizas y las torturas aplicadas por orden del entonces capitán Cordero. Siempre tuvimos claro dentro del gremio que agredir a un compañero era agredirnos a todos los que integrábamos el sindicato», dice Romero.
Cuando el golpe de Estado, ocuparon la fábrica a las 7.00 de la mañana de aquel fatídico 27 de junio de 1973. Sobre las 9.00 horas él Ejército rodeó las instalaciones, venían a sacar a todos los integrantes del Directorio que se encontraban sesionando en la empresa. «No nos tocaron y hasta tuvimos discusiones, con los que estaban a cargo del operativo. Recién el 10 de julio nos desalojaron cuando llegaron con tanquetas al mando del teniente Goldaracena, se encontraban presentes los generales Christie, Albornoz y Bolentini, con ellos se acordó desalojar sin detenidos», continúa recordando Romero.
Volverían a ocupar y nuevamente serían desalojados, llevándose esta vez a varios en calidad de detenidos. Posteriormente se discute la apertura de la fábrica, pero con la condición de que sean liberados aquellos que estaban en el Cilindro Municipal.
Luchar en dictadura
Los años en dictadura llevaron a la cárcel a varios de sus militantes, a otros los enviaron al exilio y algunos quedaron en la lista de los desaparecidos, como León Duarte. Pero el sindicato mantuvo su posición de dignidad y se recuerda que algunos de sus integrantes siguieron la pelea, como Velázquez, Riaño y Gromas, quienes concurrieron a una reunión en la Sala Verdi cuando la dictadura intentaba crear una central amarilla de trabajadores. Gromas se levantó indignado y les gritó a los presentes, civiles y militares, «ustedes lo que quieren crear es una central de carneros y guampudos».
Luis Romero afirma que en 1985 volvieron al sindicato y lograron que se retomaran en la fábrica a todos aquellos que habían tenido problemas con los militares. Lo lograron, retornaron a la empresa alrededor de cien.
«El sindicato de Funsa marcó un perfil dentro de la historia del movimiento obrero, fue a la confrontación de ideas y también al diálogo, demostró, en todas las difíciles, ser una organización sólida y para muchos trabajadores fue una escuela de vida», termina diciendo Romero.
Sin empresa ni patrón
El Centro Obrero de Alpargatas se constituyó como sindicato en la primavera de 1952, después de varios enfrentamientos con la dirección de la empresa, que comenzaron a agudizarse a comienzo de los años cincuenta.
Ignacio Ruben Huguet participó desde el comienzo en la fundación, desarrollo y consolidación del COA. Para muchos es un referente y un dirigente histórico del movimiento sindical uruguayo.
Pero estuvo en todas. En los Consejos de Salarios fue activo participante en el Congreso del Pueblo, de la Convención Nacional de Trabajadores y del Plenario Intersindical de Trabajadores, estuvo detenido por Medidas Prontas de Seguridad, fue perseguido por la dictadura y conoció el exilio. Para muchos es un referente y un dirigente histórico del movimiento sindical uruguayo.
«Alpargatas fue una empresa que hasta fines de los años cuarenta mantuvo una actitud de corte paternalista con su personal. Era una fábrica modelo, con duchas, jabones, toallas, almacén de comestibles y restaurante con precios muy accesibles, meriendas en horas de trabajo. Nos daban licencia de una semana y hasta nos pagaban aguinaldo antes que salieran estas leyes para todos los asalariados», recuerda Huguet.
Pero también Huguet afirma que en Alpargatas se despedía a quien intentara organizar a sus trabajadores gremialmente.
Sostiene que todo comenzó a deteriorarse cuando se suspenden los Consejos de Salarios entre 1950 y 1952 para la industria textil, mientras que otros gremios los siguen teniendo.
En la fábrica había diversas secciones, entre ellas una de trabajos metalúrgicos para tareas relativas a las máquinas y necesidades de la empresa. Ellos se despegan de los otros sectores en cuanto a remuneraciones, ya que pertenecían a un gremio que contaba con consejos de salarios, y se comienza a generar un descontento entre el personal, en especial en las secciones de hilandería y yute.
«Junto con el aumento de los salarios diferenciados, continúa el malestar de los trabajadores y en una desordenada y loca patriada detenemos el 8 de setiembre de 1952 la producción de la fábrica. Vamos adonde está el Directorio y se nos responde que pongamos la fábrica en marcha y luego hablamos. Ocupamos la empresa y allí comienzan las dudas ¿qué hacemos si nos desalojan? Un compañero conoce a un joven abogado de nombre Héctor Hugo Barbagelata y él nos aconseja que busquemos un local para reunirnos en caso de desalojo», nos dice Huguet.
Fueron desalojados a las 24 horas de la ocupación y unos obreros argentinos, empleados de la empresa, les ofrecen un local donde reunirse, por las inmediaciones de Garibaldi y General Flores.
«Eran peronistas y el local estaba cubierto de fotos de Perón y Evita», recuerda Huguet, «allí deliberamos una semana, mientras empieza una mediación por parte de algunos integrantes de los Consejos de Salarios. Es el comienzo de la sindicalización. El domingo 14 surgió una fórmula de solución, con aumento de salarios y reconocimiento del flamante Centr
o Obrero de Alpargatas», dice, orgulloso, nuestro entrevistado.
El largo camino
Ignacio Huguet recuerda que el COA estuvo en todas las instancias más importantes del movimiento sindical uruguayo: «Durante el año 1955 lanzamos la idea para la formación del Congreso Obrero Textil, junto con esa figura señera del movimiento sindical que fue Héctor Rodríguez; en 1961 participamos en la conformación de la Central de Trabajadores del Uruguay (CUT), coordinamos con los bancarios, el sindicato de Funsa, los ferroviarios, las gremiales de OSE y UTE la idea de un movimiento sindical con una dirección única, una especie de embrión de la Convención Nacional de Trabajadores, (CNT)».
Participaron del histórico Congreso del Pueblo y activos militantes para la aprobación de los estatutos que dieron forma a la CNT en 1966.
«En el golpe de Estado de 1973 fuimos la primera fábrica en ocupar. El restaurante de la fábrica estaba en el cuarto piso y desde allí se divisaba el Palacio Legislativo. A las dos de la mañana, los compañeros divisaron los tanques y movimientos de tropas alrededor del palacio, no existía duda, el golpe estaba consumado y por medio de aquellas viejas radios Spica lo pudimos confirmar, se decidió detener la producción y comenzar la huelga», recuerda Huguet.
Esa fue la razón por la cual la fábrica de Alpargatas se convirtió en la primera en iniciar la huelga general contra la dictadura. Fueron desalojados en cuatro oportunidades y con aguerrida terquedad la volvieron a ocupar igual cantidad de veces. Luego vivirían el largo proceso de la dictadura con militantes y dirigentes detenidos o en el exilio.
«En setiembre de 1995, trabajaban en Alpargatas alrededor de 450 personas y todas fueron enviadas al seguro de paro: fue el comienzo del fin. El 30 de abril de 1996 cierra definitivamente y desde entonces tenemos un sindicato, sin empresarios, ni patrones», dice en tono burlón Huguet.
El COA decidió mantener las puertas abiertas de su sede propia, en la zona de la Aguada, con la finalidad de seguir colaborando y auxiliando a los ex empleados de Alpargatas en seguros de salud, odontológicos, descuentos en afiliaciones colectivas al Casmu, una biblioteca para familiares, donde se encuentran textos de estudio para colegiales y liceales. Trabajan con la idea de construir un gimnasio, áreas de recreación y en diversas actividades sociales con el fin de seguir manteniendo el espíritu solidario que los animó a formar el sindicato en una primavera de hace cincuenta años. *
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