El comedor Los Pitufos trata de satisfacer la desmesurada demanda de alimento

La solidaridad desbordada

Los responsables del merendero Los Pitufos están desesperados: abrieron el servicio pensando atender a unos 80 niños, pero en pocos días tuvieron un aluvión en la demanda que llegó un día a las 300 personas. Según dijeron, de noche los niños les piden llorando que les den de comer.

La pobreza y el hambre se concentra en un radio de 500 metros a la redonda. A pocas cuadras de la avenida José Belloni viven miles de personas, muy carenciadas que fueron realojadas por el Ministerio de Vivienda. Marginados, jubilados y madres jefas de familia fueron a parar en las pequeñas casas emplazadas en la ex quinta de Batlle. El desempleo es muy grande y las familias están constituidas en su mayoría por madres solas con muchos hijos.

Ante esta realidad, un grupo de vecinos decidió emplazar un merendero en el salón comunal de la calle Teniente Rinaldi. Lo bautizaron Los Pitufos. El pasado 3 de setiembre inauguraron el servicio brindando a la población leche y pan con dulce. Pero la ayuda solidaria rápidamente se vio desbordada. Los 80 niños que serían asistidos, en pocos días fueron muchos más, teniendo en algunos días unos 200 menores e incluso en una oportunidad llegó en el correr de la jornada a recibir a unas 300 personas.

Se corrió la voz de la existencia del servicio, y desde otros block de viviendas cayeron a pedir lo que hubiera para comer.

«No damos abasto», dijo una de las responsables del merendero. La noble intención de dar una mano a una población muy castigada se convirtió en un problema a resolver. «De noche cuando aprieta más el hambre, los niños del barrio nos golpean la puerta, y llorando nos dicen que les demos algo, pero ya no tenemos, y no sabemos cómo podemos contener a la gente», relató Lourdes Larrosa.

Algunas tardes, en un local relativamente nuevo, en los platos usados para servir a los niños, hay solamente un buñuelo por persona y en el vaso un poco de leche. «Traigan eso para acá», sostuvo una de las responsable del local a un niño que tomó el buñuelo y salió corriendo. Una de las funcionarias ante el hecho acotó que quisiera que repitieran pero les es imposible, si no, no pueden darles algo a todos.

«Â¡Necesitamos ayuda!», dijo una de las voluntarias de la cocina. El Instituto Nacional de Alimentación (INDA) les suministró los comestibles: leche en polvo, azúcar, harina y dulce de membrillo, pero no tienen una locomoción para hacer el retiro. Llamaron al organismo y les dijeron que no podían llevarles los comestibles porque ellos también estaban sobrepasados de trabajo. Piden que alguien con un vehículo los asista.

Intoxicación

El promedio de hijos en la zona es alta. Es habitual que las mujeres jefas de familia tengan 6 y 7 hijos. En los últimos días, los vecinos vieron a niños revolver la basura con la intención de encontrar algo para comer. En esa búsqueda, una menor, desesperada por el hambre, se comió unas pastillas vencidas que tiraron en una bolsa. Esta ingestión provocó una intoxicación en la menor.

Los responsables de Los Pitufos afirman que la situación se ve agravada en las vacaciones, ya que los niños no pueden asistir a los comedores de las escuelas del lugar. Solicitan el apoyo en utensilios de la cocina, carecen de tazas y platos suficientes para hacer frente a la demanda. Por el momento se «revuelven» con un quemador a gas para calentar la leche, unas bandejas descartables que consiguieron por donación y cubiertos que los propios vecinos aportaron. Quien desee colaborar con este merendero podrá hacerlo a los teléfonos 926 0728, perteneciente a la organización Intersul y al 220 0309. *

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