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De nuevo en Macondo

 

Con la humedad haciendo doler los huesos y traicioneros chaparrones empapando la ciudad, de golpe, las librerías se iluminaron. todo medio mágico, como si fuera en su Macondo, pegajoso y mojado. Desde las vitrinas, nos vicha un pibito orejudo y de ojos grandotes. La primera parte de la biografía de García Márquez llega a estos pagos para hacernos olvidar las tristezas y otras yerbas. La memoria se llena con las imágenes que el Gabo puso a rodar hace una punta de años. Viejos de alas enormes, Remedios la bella, mariposas y cangrejos, La Eréndira y su abuela, un coronel solitario y Melquíades con su añosa alquimia. Historias con 100 años de soledades compartidas. Para creer o reventar, al decir de los abuelos del Montevideo del ayer. Y ellos agarraban unos amarillentos libracos para hacer rajar a las mufas y yeta. La malaria de flacos bolsillos se derrotaba con «La sibila, adivinadora de la suerte» o con «La Smorfia Napolitana». En sus páginas estaban los significados de los sueños, un número para cada flor y misteriosas combinaciones de magos con nombres raros. Los vecinos chamuyaban y luego de vichar esos libros, se mandaban las tales jugadas a la quiniela. Buscar cifras, encontrar cábalas y darle pa’tabaco a la mala suerte. Si se trataba de pingos y fijas, el locutor Macón en sus transmisiones pioneras también le daba a esas ingenuas magias.

La combinación de colores en la casaquilla del jockey y un caballito que dicen tenía una estrellita escondida en el anca. Claves para iniciados que se jugaban todos los boletos. Si cuando ibas para el Hipódromo se cruzaba un carro tirado por una yunta de pingos blancos, a jugar con tutti que no podíamos perder. Ni qué hablar si en el tranvía nos tocaba un boleto capicúa. Al pasar el organillero, mucha atención a «la cédula» que sacaba su cotorrita de la suerte. Por el barrio andan las gitanas, ¡ojito! porque si te miran mal, sonaste para toda la zafra. En la tiendita vendían «los cartuchos de la suerte», llenos de caramelos y en el medio un papelito con los consejos para ser siempre feliz.

Todo servía para derrotar a la triste mufa. Faltaba que apareciera Blacamán, el bueno, vendedor de milagros como en aquel cuento del Gabo. Los esperamos sábados y domingos, a las 19 en 1410 AM LIBRE. *

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