Buscando eludir las Migraciones en Norteamérica y España

Sesenta mil emigrantes en 2002

 

¿Cuál es el programa de televisión favorito de su esposa?; ¿le gustan más los gatos o los perros?; ¿ de qué lado de la cama duerme?; ¿cómo se llama su mejor amiga? Estas son algunas de las preguntas que por estos días emplean los funcionarios de la Dirección de Migraciones en Estados Unidos a fin de impedir, sin más trámite, el ingreso a ese país de quienes optaron por el casamiento como forma de burlar los controles migratorios.

Casarse con una cubana, en Miami, o una colombiana, en Nueva York, a cambio de entre mil y cinco mil dólares, devino en los últimos tiempos la fórmula preferida de quienes desean emigrar al país que afirma liderar las libertades civiles. Los uruguayos que se casan para asentarse en el norte, están siendo obligados a interrogatorios a fondo buscando el fraude. Si los descubren son tratados igual que quienes son descubiertos con la visa vencida, o trabajando sin papeles: deportados.

La temida «Migra» (como bautizaron los latinos a los agentes de Migraciones en Miami), endureció su rol desde los atentados del 11 de setiembre, más allá de que la cantidad de connacionales en el norte, comparativamente con la oleada de argentinos, aún es ínfima. Al tema de la boda «contratada» se le sumó en los últimos tiempos la crisis de las «esposas»: tras la boda coaccionan por más dinero; si piden el divorcio, el inmigrante pierde su calidad legal pudiendo aplicársele la deportación.

Aunque las deportaciones de uruguayos han sufrido un incremento superior al 100 por ciento, los números engañan en tanto en años anteriores el número estaba por debajo de los diez anuales. La deportación implica una serie de trámites burocráticos que los estadounidenses comenzaron a sortear. En tanto el pasaporte aún no fue visado, al sujeto sencillamente se le niega la entrada y lo devuelve a origen.

Papeles de oro

Acceder a los codiciados «papeles» para residir en Estados Unidos es hoy tan difícil como sacar el Cinco de Oro. Aunque legalmente es posible ser contratado desde allá, en la realidad conseguir el imprescindible contrato de trabajo, está limitado estrictamente a quienes descollen de tal modo en su actividad, que alcancen renombre internacional. Y ni así.

Es que el empleador que desee contratar a un emigrante uruguayo deberá presentarse en la Secretaría de Trabajo, y explicar en primer término las razones que lo llevan a contratar a alguien que viene de un sitio tan distante como Uruguay. Deberá además exhibir los avisos que hizo publicar en la prensa, en la que solicita a alguien para ocupar ese cargo. Asimismo, deberá explicar por qué los norteamericanos que se hubieren presentado para el trabajo, no fueron aceptados para el mismo. Si supera ese obstáculo, el contratista deberá presentar el formulario en la Dirección de Migraciones para un trámite que alcanzaba a extenderse por medio año: desde el 11 de setiembre de 2001, suele demorarse el doble.

Lo habitual es en este marco que el individuo viaje primero a Estados Unidos, intente conseguir el contrato y luego vuelva a Uruguay esperando ocurra lo mejor. En este caso debe ser estricto con sus tiempos: aunque los uruguayos no necesitamos visa, el permiso de permanencia jamás supera los tres meses. Quien se exceda un solo día, no podrá tramitar visa alguna para entrar en Estados Unidos, cuando menos, por los siguientes tres años.

Los otros norteamericanos

Canadá y México aparecen en América del Norte como los más receptivos para la emigración uruguaya. En el primer caso, aunque parece más fácil puede ser demasiado duro; en el segundo, factible.

Canadá es el cuarto destino (después de España, Italia y Estados Unidos, a la par de Australia), elegido por la emigración uruguaya. Canadá dispone de posibilidades para emigrar y es receptivo a los uruguayos que cumplan ciertas condiciones. Pagando una tasa que permite iniciar el trámite (alrededor de 600 dólares, sin devolución) se puede postular a cubrir vacantes en las vastas extensiones septentrionales. Claro que no en todas. Por ejemplo: hay altas posibilidades de conseguir trabajo en Manitoba, una provincia donde el termómetro difícilmente supere los 0 grados, comparable a Alaska.

Los canadienses aceptan inmigración capaz de superar un sistema de puntos establecido, acumulables en función de la edad, nivel de formación, idiomas, etc. Los puntos son de difícil obtención, pero en las provincias más gélidas e inhóspitas, se exigen menos puntos que en las demás. Adecuarse a las circunstancias también sumará puntos: en Canadá ser médico no es de alto valor, ya que hay muchos. Es más fácil para un médico acceder a un puesto de enfermero (que hay pocos) y al cabo de unos años, encontrar la vuelta para llenar una vacante de su profesión. Como en tantas cosas, informarse antes, es casi todo.

En cuanto a México la situación es mucho más holgada en tanto los uruguayos tenemos acceso sin visa, residencia temporal casi asegurada, aunque posibilidades laboral constreñidas a una realidad hispanoamericana. De cualquier forma, como en tanto otro, todo depende de a lo que se aspire: el México interior y el costero, pueden ser maravillosos para vivir, pero ahorrar dinero -meta de casi todo emigrante- bastante más difícil en términos de moneda fuerte.

Madre, ¿hay una sola?

A los uruguayos en España se nos vio siempre mejor incluso que a los argentinos… cuando dejaban de confundirnos con nuestros «hermanos del Plata». Es decir: éramos bien recibidos en la Madre Patria.

Con el traspié del socialismo, el gobierno derechista de Aznar instauró la Ley de Extranjería, olvidando su proclamada maternidad continental, por supuesto más allá de quienes por ascendencia familiar tienen posibilidades de legalizarse.

El proceso para conseguir un permiso de trabajo es igual al de Estados Unidos, con una diferencia: además de demostrar que ningún español puede hacer la tarea para la que se contrata al uruguayo, debe esperarse al menos un año.

En España existe una ventaja: el casamiento aún está menos comercializado con fines migratorios que en Estados Unidos y casi no existen persecuciones en ese aspecto. Ahora bien, hay que encontrar cónyuge. Como a nadie escapa, al igual que con Italia, lo mejor es en estos tiempos contar con un padre o abuelo de esos orígenes, aun cuando las colas a las puertas de los consulados hablan por sí solas.

En cuanto a las posibilidades para familiares de quienes ya hayan obtenido los «papeles» de residencia en los países de la Comunidad Europea, hasta el año pasado la situación era relativamente aceptable.

El abrupto ascenso de migrantes de esta zona ha congelado parcialmente dicha laxitud.

La plata manda

Como en tantos otros temas, la plata manda. Una persona de clase media con una disponibilidad superior a los 80.000 dólares, está en condiciones de adquirir un negocio y con ello afincarse en cualquier país del mundo prácticamente. El criterio universal es que dicho negocio dará trabajo a los locales, en lugar de ocupar puestos laborales.

Los abogados de los países receptores están absolutamente atentos a esta situación y ofrecen, por honorarios que arrancan en los 4.000 dólares promedio, la posibilidad de abrir negocios que justifiquen la radicación del propietario. Muchas veces los negocios operan solamente a la hora de pagar los impuestos y la persona dedica su tiempo a buscar otro trabajo con el que, además de sobrevivir, pagará los impuestos de la «empresa».

En este tema las garantías de éxito (y el dinero) suelen quedar en manos de los abogados, locatarios, buenos vecinos y respetables leguleyos que ora podrán beneficiar al inmigrante, ora podrÃ

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