La "Marcha para Jesús" recorrió ayer las calles de Montevideo

Cristianos contra la corrupción

Una procesión bulliciosa marchó por la avenida 18 de Julio, integrada por centenares de jóvenes, más niños y ancianos que profirieron cánticos, se pintaron los ojos, portaron carteles, llevaron banderas, bailaron por la calle a ritmo de la percusión y las canciones cuyo contenido tenían un denominador común: «Cristo». Una vez al año, (esta es la novena vez que se realiza) y de una forma alegre, coincidentemente con las marchas que se efectuaban en decenas de países, estos cristianos pretenden sacar la palabra evangélica para que el resto de los uruguayos la escuchen.

Esta vez, el recorrido de la caminata no culminó en el Palacio Legislativo, como habitualmente lo hacían, sino que el destino fue la explanada de la Intendencia capitalina.

En dicho lugar, los evangélicos leyeron una dura proclama, destinada a denunciar la corrupción oficial, considerada como «uno de los peores signos del degeneramiento general de estos tiempos».

Los evangélicos afirmaron que la mentira y el doble discurso en que incurren algunos miembros de la clase gobernante «están entre los peores rasgos de nuestros tiempos.» Sostuvieron que el honor y la dignidad de los puestos oficiales, desde los cuales «se supone, se sirve a la patria y se trabaja a favor del pueblo, recurrido eslógan de cada campaña electoral, se trastroca por el desencanto, la vergüenza y la desilusión ante la flaqueza y la iniquidad humana». Argumentaron que estos malos ejemplos, excesivamente notorios, hacen que los buenos ejemplos pasen totalmente desapercibidos.

Más aún, estimaron los religiosos, la degeneración moral puede llegar a considerar tontos, torpes, lerdos o idiotas a quienes prefieren alejarse de la corrupción, manteniéndose en un camino de honradez. Se preguntaron con desazón hasta cuándo puede aguantar la estructura sobre la que descansa la civilización contemporánea, cuando las reglas son violadas continuamente y la justicia es burlada con casi total impunidad.

Explicaron que durante mucho tiempo, «cuando la sociedad se consideraba cristiana», fue una comunidad recubierta de un tenue barniz de cristianismo, bajo el cual se revolvían vicios rastreros y todo tipo de pecados, ocultos de la luz pública en aras de mantener una forma de moral comunitaria. Sin embargo, entienden que en la actualidad existe un verdadero culto a la autenticidad; el «hacé lo que sientas, y no te molestes en ocultarlo, porque tenés derecho a hacerlo». «Malo y podrido en sí mismo, le saca la máscara a los hipócritas que antaño se barnizaban de religión en pro de lograr la aceptación social», afirmaron los evangélicos en la lectura de su proclama. Reconocieron una disminución progresiva en el tiempo de la influencia del ideal religioso cristiano en el mundo. «Pero la disminución de dicha influencia va jalonada de un aumento progresivo de los síntomas de putrefacción moral; en las personas, en las familias y en las naciones», afirmaron los manifestantes. *

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