Cotugno reconoce que la crisis económica puede llevar al suicidio
Los últimos tres casos de suicidios que tomaron estado público (el del Palacio Legislativo y los dos ocurridos en las vías del tren) provocaron una conmoción en la sociedad y trajo al tapete un tema considerado tabú y del que poco se habla por miedo a motivar una repetición masiva de casos. Los problemas económicos, las deudas, el estrés continuo y el desencanto, llevaron a que muchos uruguayos adoptaran la medida extrema de poner punto final a su vida.
El Estado no cuenta con servicios dedicados a prevenir el suicido y las únicas prestaciones provienen de organizaciones no gubernamentales que cobran un precio bajo para brindar tratamiento.
El propio arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, manifestó su preocupación por este tema, que tanto está incidiendo en la constitución y la estabilidad familiar.
El prelado considera que la incidencia de la crisis económica en la familia, la desesperación que conduce a muchos uruguayos al suicidio, son algunos de los temas que preocupa a la Iglesia Católica uruguaya y, especialmente, a la Pastoral Familiar.
Doctrinalmente, la Iglesia condena a quienes pretenden suicidarse, y establece que nadie tiene derecho a quitarse la vida. Es que la institución vaticana defiende la existencia humana desde el momento de la concepción hasta la muerte.
Monseñor Raúl Scarrone, obispo de Florida, dijo que la Iglesia objetivamente condena el suicidio, pero debe tenerse en cuenta que las personas se autoeliminan, no estando en un estado emocional normal. «Una cosa es el principio doctrinario y otra el estado en que estaba la gente al momento de matarse», acotó el prelado.
El religioso explicó que por la desesperación actual, la gente sin salida y con una fuerte conmoción se ve llevada a cometer estos actos. No descartó que la situación sociopolítica favorezca la tendencia de los uruguayos a quitarse la vida.
Pedro Bustelo, director de la organización Cazabajones, dedicada a la atención y ayuda de personas depresivas, afirmó que hace cuatro años adelantó que se produciría esta seguidilla de suicidios.
Actualmente unas 6.000 personas en todo el país integran los clubes de autoayuda. En verano el número de integrantes baja a 4.000.
«Esto ya lo venía anunciando hace años. La gente no puede más; habla sola por la calle y la sociedad en su conjunto debió esperar que una persona se matara en el Palacio Legislativo para darse cuenta de esta realidad», sostuvo Bustelo.
A su entender, los uruguayos viven al borde de un ataque de nervios y la crisis económica aceleró el fenómeno de la autodestrucción.
Tanto como los habitantes sufren de la epidemia de accidentes de tránsito, dijo el psiquiatra, también está enferma de depresión y no lo sabe.
Se estima que un 10% de los uruguayos son depresivos (poco más de 300 mil personas), pero Bustelo asegura que el porcentaje es mayor y que puede llegar al 20%, debido al trabajo hecho con 4.000 estudiantes liceales en todo San José.
En Uruguay se suicidan unas 600 personas por año, y el 90% es por depresión.
El estrés permanente, la incertidumbre del futuro origina una mayor tendencia a la autoeliminación. Esto debe sumarse a la condicionante de la naturaleza, donde la depresión y el suicidio son llevados de la mano de ser el país más al sur del continente, con menor exposición del sol. Uruguay es considerado una «cultura triste».
Son los varones quienes más se suicidan (los que menos manifiestan sus sentimientos, les está vedado llorar por un condicionamiento cultural) y las mujeres son quienes más se deprimen.
Para Bustelo, existen tantos suicidios porque de los 300 mil uruguayos que sufren de depresión, el 95% no sabe que tiene una enfermedad.
Por año, unas 6.000 personas intentan suicidarse, y según afirmó el director de Cazabajones, en Uruguay existe nueve veces más probabilidades de suicidarse que morir por sida.
En los últimos 18 años, se autoeliminaron 9.000 uruguayos, mientras que en igual período 1.110 personas murieron de sida. *
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