En San José los productores se vieron superados por la demanda

Cientos de personas desbordaron ayer a los productores que repartían leche gratis, para manifestar su descontento con lo que Conaprole les paga por litro remitido.

«El pueblo tiene hambre», gritaba la gente, sin vergüenza, que se amontonaba para recibir la leche, agradeciendo a los tamberos por su forma de protestar.

«Por pudor, por vergüenza, los vecinos por más necesitados que estén  y lo están sin dudas  no van a ir a la plaza a buscar un poco de leche. Irán algunos, pero es necesario llegar a los merenderos, a los barrios donde están los niños que necesitan esa leche», decía ayer un dirigente local de la Asociación de Productores de Leche a LA REPUBLICA, una hora antes de que se iniciara en la Plaza Céntrica de la capital departamental de San José, el reparto de leche gratis a quien quisiera.

Sin embargo, media hora después la gente había comenzado a congregarse frente a la Catedral, sobre la Plaza Treinta y Tres Orientales. A las 10 de la mañana, hora fijada por los lecheros para regalar el alimento, eran cientos las personas que se que habían sumado, con botellas y botellones, con ollas y bidones. Mujeres, hombres, niños, jóvenes y viejos esperaban todos por «la protesta», esta vez solidaria, de un sector productivo.

Los productores lecheros fueron los primeros sorprendidos por la respuesta a su convocatoria y así lo señalaron a este matutino. La gente aplaudía y agitaba sus recipientes vacíos ante la llegada de las camionetas con los tarros de leche.

«El pueblo tiene hambre», gritaban varias mujeres cuando percibían que la prensa registraba lo que ocurría.

Estaba previsto que la leche sobrara. No estaba previsto que una multitud se congregaría en la Plaza y que otro tanto aguardaría en los barrios. Las camionetas recorrieron el perímetro de la ciudad donde se desparraman los «merenderos» de las comisiones barriales, los CAIF, alguna parroquia y organizaciones solidarias en general que atienden las necesidades primarias de los niños.

A quienes nos tocó hoy observar la protesta y el clamor de la gente, que superando la vergüenza, pedía y agradecía un poco de leche, cundía una sensación de opresiva angustia. Relegada quedaba la dignidad y menoscabado el orgullo de la gente sencilla, ante la situación de pobreza generalizada.

El domingo, también en San José, un hombre se suicidó porque no podía soportar más su situación económica. *

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