Irán: sobre el filo de la navaja
Mario Soares
Como se sabe, no es este un país árabe y aunque ahora se denomina República Islámica de Irán, subyace en esta sociedad un pluriculturalismo muy sedimentado, particularmente en sus elites intelectuales y profesionales. Para comprenderlo basta visitar algunos de sus magníficos museos y los vestigios fabulosos de la antigua Persia –patentes en Persépolis, por ejemplo– o los monumentos del período de los califatos o de la ocupación mongólica. Por otro lado, a diferencia de la mayoría de las naciones islámicas, el pueblo iraní practica el culto chiíta y no el sunita.
Irán es hoy una teocracia (quizás la única existente en el mundo contemporáneo aunque la Arabia Saudita se aproxima a ese modelo) de mano dura y con el poder dividido: por una parte tiene un guía religioso –Alí Jamenei– que cuenta con el respaldo de las fuerzas armadas y por la otra un presidente elegido por el 69 por ciento de los votos (¿en qué tipo de elección?), Mohamed Jatami, quien pasa por ser el «hombre de la apertura» y que tuvo por rival en las últimas elecciones al anterior presidente Hashemi Ranfasani, millonario y ultraconservador.
Se trata de una situación de evidente tensión política: un presidente elegido, que se declara partidario de la democracia y de la apertura al exterior, pero que sabe que está bajo la tutela de una asociación entre el poder religioso y el militar. ¿Hasta dónde podrá llegar esta tensión? ¿No habrá entre ambos actores algún tipo de compromiso como insinúan algunos opositores que encontré y que ven al régimen como a una personificación de Jano, el dios con dos rostros.
En el complicado ajedrez del mundo islámico, tan dividido pero al mismo tiempo unido por una evidente sensibilidad antinorteamericana, ciertas intervenciones primarias occidentales sólo pueden reforzar –¡y de qué manera!– a los sectores más conservadores y fundamentalistas.
Una vez más la espiral de violencia israelo-palestina continúa alentando peligrosamente el odio y la oposición antioccidental de los sectores del islamismo radical. ¿Con qué ventaja para Occidente? No es difícil imaginar los efectos que en este contexto tendría un ataque militar estadounidense en contra de Irak, cuyos preparativos se pueden leer en la prensa internacional. Esto explica las reacciones negativas que en todas partes se hacen sentir, desde Rusia hasta la China, desde Egipto hasta Arabia Saudita y en la misma Unión Europea. En Irán, en el círculo del «guía espiritual», se pronunció esta sentencia: «Si los norteamericanos atacan, se atascarán en un pantano peor que el de Vietnam».
Estuve en Irán como vicepresidente de la Academia de la Latinidad, que tiene como misión sustentar los lazos entre las culturas latinas, dispersas en Europa, en América Latina y en el Africa de habla portuguesa y francesa. Precisamente el presidente Jatami convidó a la academia a tomar parte en un coloquio internacional en Teherán para debatir con intelectuales y políticos iraníes (no sólo partidarios del régimen) sobre el tema Latinidad y Herencia Islámica.
Es de notar que Jatami, defensor declarado del diálogo entre civilizaciones y culturas, había propuesto que el año 2002 fuese consagrado a ese diálogo. La iniciativa fue aceptada pero, en cambio, este año ha estado signado por una violencia creciente en varias áreas del planeta –incluidos los Estados Unidos, dados los acontecimientos trágicos del 11 de setiembre– y por manifiestas incomprensiones y dificultades de las cuales tal vez la más grave es el rechazo a reconocer al otro, considerado infiel, lo que puede conducir a la demonización del enemigo o del presunto enemigo. El diálogo que entablamos en Teherán se realizó en un espíritu de apertura y la conversación que tuvimos con el presidente Jatami nos reveló una personalidad de gran finura intelectual y políticamente muy bien informado. Es claro que, como hombre de religión considera que «Occidente olvidó la espiritualidad y sólo está concentrado en el mercantilismo y en el consumismo, por haber caído en la trampa del egocentrismo y del espíritu de dominación, lo que lo ha llevado a ignorar el valor y el respeto debido a otras civilizaciones». Pero también nos dijo que «Irán está dispuesto a hacer todo lo posible para mantener el diálogo y, en el ámbito interno, persistir en la vía de la democractización».
En el tiempo concreto que se vive en esta región del mundo que tiene como telón de fondo el conflicto israelo-palestino y la perspectiva próxima de un ataque a Irak, el camino de Mohamed Jatami es muy estrecho, y recorrerlo es un riesgoso ejercicio sobre el filo de una navaja. *
(*) Mario Soares, presidente de Portugal entre 1986 y 1996. Servicio especial de IPS, exclusivo para LA REPUBLICA.
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