ESPECIALISTA SUIZO REVELA LOS ESTRAGOS DE LA DEPRESION ENTRE LOS ADOLESCENTES

Los traumas infantiles de los adultos afectan la formación de los niños

La relación madre-hijo fue analizada pormenorizadamente durante una conferencia realizada en el Hospital Pereira Rossell, titulada «¿En qué se convertirán nuestros bebés? Los problemas del futuro de los bebés que consultan». La exposición estuvo a cargo del psiquiatra suizo Bertrand Cramer, especialista en temas relativos a la infancia y la familia.

El encuentro fue ilustrado mediante un video grabado en una clínica suiza durante el año 1988, donde se muestra distintos casos de madres que iban con sus bebés a la consulta con el médico.

«Cuando un médico recibe a padres con niños en la consulta, se da cuenta hasta qué punto los padres están interesados por las perspectivas del futuro de sus hijos, y podemos entender que sea normal que se piense en el futuro de un niño. Cuando pensamos en las razones que mueven a las personas a tener hijos, una de ellas es el hecho de crear un nuevo ser. A este nuevo niño los padres lo ponen bajo una especie de contrato, en el sentido de que van a pedirle que tenga éxito en lo que ellos fracasaron o estuvieron inhibidos o impedidos de hacer.

El niño esencialmente es una promesa y está ubicado bajo el signo de la idealización», manifestó el especialista. En este sentido, el profesional dijo que la mayoría de las consultas, tanto con el psiquiatra como con el pediatra, se producen cuando el niño no está logrando cumplir más o menos con lo que se esperaba de él.

Uno de los casos que se observa en el video es el de una madre que llevaba a su beba de un año al psiquiatra, manifestando que era agresiva con ella. En un determinado momento, la niña le toca el rostro a la progenitora, ante lo cual ésta interpreta ese movimiento como un signo de agresividad porque creía que la arañaba.

Cramer explicó que ese era un caso típico de malentendido en la relación madre-hijo, porque lo que esa madre esperaba de su hija eran expresiones de afecto, signos de amor y, fundamentalmente, que esos signos fueran continuos y absolutos.

El problema era que en el pasado, esa madre era una persona que siempre consideraba que no estaba recibiendo suficiente afecto, explicando que cuando ella quería abrazar a su madre, ésta la detenía. Además, la adolescencia de esta joven había sido muy dura, ya que los conflictos son su madre eran permanentes.

Por esa razón, en la relación con su beba, lo que más temía era que se repitiera la relación conflictual y agresiva que había tenido con su propia madre.

«Lo que esa madre hacía era una predicción de que su propia beba se fuera a convertir en un ser agresivo, y posteriormente, esa niña se convirtió en un ser agresivo con su madre», expresó Cramer.

Otros casos atendidos por el psiquiatra refieren a niños de hasta 2 años que presentaban trastornos de sueño. Un pequeño porcentaje de esos menores permanecieron con esos problemas hasta la preadolescencia, tras lo cual experimentaron síntomas patológicos asociados a la angustia, miedos y desarrollo de estados depresivos.

«La depresión es la enfermedad psíquica más frecuente en nuestro tiempo. No obstante, es muy difícil de predecir por qué hay una gran diferencia en la incidencia de depresión antes y después de la pubertad», explicó el psiquiatra.

Existe una menor ocurrencia de cuadros depresivos en la infancia, afección que, en cambio, se desarrolla con mayor frecuencia en la adolescencia.

Al respecto, Cramer explicó que esto es particularmente cierto en el caso de las niñas porque una gran cantidad de ellas no presentan sintomatología evidente antes de la pubertad, pese a lo cual al inicio de la adolescencia aparecen los cuadros depresivos.

Sin embargo, existe una gran cantidad de problemáticas que sí son predecibles a partir de la primera infancia, como es el caso de los trastornos de comportamiento que aparecen alrededor de los 2 años, los que frecuentemente suelen reaparecer durante la adolescencia.

«Los trastornos de comportamiento se encuentran mayoritariamente en los varones y se caracterizan por crisis de cólera, agresividad, falta de respeto por los límites, y cierta megalomanía», explicó el médico.

Una interrogante que se plantean los especialistas es cómo puede ser que para un trastorno de comportamiento se diga que hay una continuidad del desarrollo y que por lo tanto se pueden predecir, mientras que para los trastornos emocionales, no haya criterios de prevención.

«Una de las primeras hipótesis para explicar dicha continuidad es la referencia a una causa biológica, porque existe la idea de que lo que se enmarca en una causa biológica determina mucho más la evolución que otro tipo de causas», dijo el psiquiatra.

Otro de los factores invocados es el hecho de que el trastorno de comportamiento genera una reacción del ambiente del niño que contribuye a sostener y mantener el síntoma. En la reacción del ambiente se puede comprobar la continuidad de las predicciones que los padres hacen de sus hijos, que muchas veces se mantienen a lo largo del desarrollo de los niños.

Otro factor que contribuye a la continuidad sintomatológica en el niño, es la «ecología psíquica» que se desarrolla en torno a él: lo que piensan sus padres de él y también lo que piensan los maestros y el ambiente en general que lo rodea.

El médico debe abstenerse de formular pronósticos deterministas sobre los niños en la primera infancia, porque cuando le dice a los padres que quizás su hijo desarrolle algún problema mental o un trastorno de conducta, lo más probable es que esa predicción se termine dando.

«Lo que es más continuo en nuestra vida es lo que nuestros padres han pensado más o menos inconscientemente respecto a nosotros como hijos», expresó Cramer.

Asimismo, Cramer manifestó que en el destino de una persona interviene una multiplicidad de factores porque el cerebro está influenciado por la relación entre el niño y su entorno, y además los genes no tienen una influencia unívoca sobre el desarrollo de la personalidad.

A su vez, existen fenómenos que tienen el efecto de proteger a los niños de lo que les sucede, como la resiliencia (capacidad que tiene el niño de resistir a hechos patógenos y a factores de riesgo).

Algunos de los mejores factores que actúan en la resiliencia son la continuidad afectiva estable, la inteligencia, trabajar la relación afectiva con los niños, y tratar que los niños tengan relaciones estables, aún en situaciones de divorcio de los padres. *

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