PRIMARIA Y EL INDA REFORZARAN SU ASISTENCIA EN ALIMENTOS A LOS NIÑOS DE LA ESCUELA 128 DE CONCILIACION

"Cuando los vi llorar de hambre, lo único que se me ocurrió fue darles pasto"

Cuando los vi llorar de hambre, lo único que se me ocurrió fue darles pasto. Hay días que tienen dolor de estómago, vomitan y están mareados pero saben que no hay de dónde sacar», confiesa apenada la madre de Marito y Juan, dos de los niños que concurren a la escuela 128 del barrio Conciliación que comen pasto y hojas los fines de semana desde hace veinte días porque sus padres viven una situación económica desesperante.

La familia Pintos vive desde hace seis años en una de las casas de chapa de los cinco asentamientos del barrio Conciliación, ubicado atrás de Sayago. Hasta no hace mucho Mariela, la madre de los niños, vendía artesanías en ferias de Sayago y Colón hasta que «ya no hubo plata ni para el ómnibus y tampoco se vendía nada».

Carlos, el padre de los escolares, trabajaba en una obra como albañil pero hace ocho meses lo despidieron y desde entonces busca empleo. «Nuestra situación es insostenible. La venimos luchando como podemos a veces mandamos a los chiquilines a comer a la casa de los abuelos pero toda nuestra familia está en una situación parecida a la nuestra, porque son desocupados y viven con lo justo. La gente cree que no queremos ir a trabajar pero eso no es cierto» dice Mariela. «Mi marido se levanta todos los días y se va en bicicleta a recorrer distintos lugares a ver si encuentra alguna changa, pero siempre vuelve sin novedades. Nosotros no somos indigentes, simplemente nos quedamos sin trabajo y ya no tenemos más recursos como le puede pasar a cualquier persona», dice Mariela quien busca mantener la voz firme para no quebrarse.

«En oportunidades a la hora de la comida alternamos y llevamos caminando a Marito a lo de la tía y al día siguiente a Juan a lo de otro pariente para que puedan comer algo. Los hemos subido al ómnibus y solitos van a una olla popular en otro barrio, pero es tan lejos que nos da miedo y no los podemos acompañar porque no podemos pagar el boleto. Cuando nos animamos le pedimos a los vecinos un pan o una taza de leche para darles a nuestros hijos, pero la gente se cansa y en este barrio los vecinos también están con lo justo. A veces voy a pedir a la panadería pero cuando te ven que entras dos o tres veces ya no te dan aunque sepan la situación y sepan que soy vecina. Hace quince o veinte días que ya no hay de dónde sacar ni quién te dé.

Una tarde recuerdo que los nenes volvieron de la escuela y me pedían pan y leche. Nosotros le explicamos la situación y los mandamos a acostar pero no había como consolarlos. Lloraban y pedían leche y comida, así que lo único que se me ocurrió fue darles pasto. Ese día los vi tan desesperados que salí y corte bastante del pasto más tierno que encontré y hojas que había en los pastizales de la vuelta. Llegué a casa, los lavé y los herví un buen rato y se los di con sal. Cuando lo puse en el plato seguían llorando y no los querían comer hasta que los comieron porque era lo único que había», dice Mariela.

Marito tiene 5 años y Juan dos más.

Apoyo internacional y local

En la Escuela 128, estudian 851 niños quienes además reciben el almuerzo a través del sistema de bandejas. Los padres y vecinos al igual que las maestras detectaron que unos 80 escolares retornaban a clase los días lunes con diarrea, malestar y problemas de conducta. A través de la materia fecal se determinó que estos chicos, durante los fines de semana, comían pasto y hojas porque sus padres no tienen más nada para darles. De lunes a viernes los menores comen en la escuela pública.

A partir de la nota de ayer de LA REPUBLICA que hizo pública esta situación, el teléfono 321 3160 de Marta Peigoret, presidenta de la Comisión de Fomento de la Escuela 128 no dejó de sonar. Hubo llamadas internacionales interesadas en el tema de medios de comunicación y organizaciones de España, Cuba, Suecia, Noruega y Estados Unidos. Los ofrecimientos de donaciones de Uruguay también se fueron sumando.

«Todo lo que nos dieron fue de gente anónima. Recibimos una cocina y una garrafa de trece kilos. Varias bolsas de azúcar y unos cuantos kilos de boniatos y papas. Llamaron autoridades del Instituto Nacional de Alimentación (INDA) que nos ofrecieron ayuda y adelantaron que en los próximos días se va a instrumentar un plan de apoyo con víveres secos al merendero. También hubo conversaciones con AEBU, el gremio de los funcionarios bancarios, que se interesó por la situación de estos niños».

Los padres de escolares fueron los únicos que denunciaron la situación que viven algunos alumnos del establecimiento. Nosotros resolvimos hacer pública la situación porque no soportamos más tanto horror. Si alguna autoridad tiene dudas de la veracidad de nuestros dichos pueden mandar un médico de Salud Pública y realizar los análisis correspondientes para comprobar que decimos la verdad», remarcó Peigoret.

Por su parte la presidenta de Primaria, maestra Teresita González, se comprometió a brindar desde los próximos días a la Comisión de Fomento, tanta azúcar y cocoa como sea necesario para darles a los niños que acudan al merendero que desde hace dos días abrieron los padres de la zona. Además se va a mandar maizena para preparar una ingesta diaria de crema o reforzar la merienda», aseguró González.

«Cuando leí la nota en LA REPUBLICA no salí de mi asombro porque en las reuniones con los docentes nunca se nos informó de lo que estaba sucediendo. Sabemos que es una población social muy difícil pero nunca nos imaginamos la magnitud del problema. Cuando me enteré me sentí tan mal como imagino se deben haber sentido todos los uruguayos al enterarse de la noticia. Primaria no tiene recursos extra pero se pudo recurrir a unos pocos ahorros para brindar ayuda a estos alumnos», agregó.

La jerarca comentó que Primaria trabaja con la Escuela 128 desde 1997 en el programa «Todos los niños pueden aprender» instalado en San José y Andes. Este proyecto está integrado por un equipo multidisciplinario integrado por psicólogos, fonoaudiólogos y maestros. En conocimiento de la situación social y económica extrema de la escuela se viene trabajando en distintos talleres educativos. Próximamente Primaria reforzará el equipo de técnicos enviando al establecimiento escolar, un médico, una maestra educadora y un técnico para organizar talleres para trabajar en métodos que reviertan la baja autoestima de los niños y combatan la alta agresividad.», dijo González.

La Intendencia de Montevideo también comprometió su apoyo a través de donaciones de leche en polvo.

El proyecto de la ONG «Conciliación» presentado hace cuatro años por un grupo de técnicos formados en el Hospital Pereira Rossell al Instituto Nacional del Menor (Iname), con el objetivo de poner en marcha un espacio educativo para el barrio Conciliación aún no fue aprobado por ese organismo.

Martín Marzano, presidente del Instituto del Menor, señaló a LA REPUBLICA, que el proyecto tuvo observaciones con respecto a su aplicación y por eso no fue habilitado. Comentó asimismo que la habilitación se puede dar en poco tiempo pero «lamentablemente» no hay recursos para poder poner en marcha el plan», afirmó.

Sin embargo, el jerarca se comprometió a interceder para lograr la ayuda de organismos como el Ministerio de Salud Pública, el INDA y proporcionar técnicos del Servicio Social del Iname. «Vamos a hacer lo que esté a nuestro alcance pero esta situación es la que lamentablemente vemos a diario en otros barrios de Montevideo.

Marzano ya se contactó con el ministro de Salud, Alfonso Varela y con el director del INDA, Heber Reyes, para buscar una solución a los chicos del barrio ConciliaciÃ

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje