Prohibido para nostalgicos

ANGEL LUIS GRENE

 

Chau Alberto

La memoria anda tristona. Se le piantó un amigazo de sus días de garufa. «Chau Alberto», chamuya bajito. Y se tupe de recuerdos de bohemia y mishiadura. Madrugadas mistongas en la Vieja Capital. Cuando Castillo recalaba en los legendarios bailes del Sud América. Mitad de la década del 60 y nunca faltaba en los febreros calientes del Carnaval. Por Marcelino Sosa y Yatay, el viejo «Palacio de la Cerveza» tenía un nuevo nombre en el argot de los bailarines.

«Vamos para la IASA», decían las barras. En sus tres pistas nadie quedaba varela. Y estaba el doctor arrabalero que te cantaba debute. Dicen que fue muy amigo de un «animador» de ese baile que ganando unos manguitos gambeteaba la pobreza. Ahora que no le queda otra, el terco escribidor recuerda a su compadre de laburo y milonga. La sala de «La Popular» de bote a bote. Ambiente a cocoa porque Alberto no aparecía. El flaco, de bigote finito, intentaba amansar a las fieras. La orquesta de Angelito Condercuri y los tamboriles de los Silva arrancaron. Hasta canturreamos, medio a la chacota, para calmar a los que gritaban por su ídolo. De golpe, un suspiro de alivio del animador. Por una de las ventanas de la repleta sala, entra Castillo pegando un salto. El traje clarito de verano, la camisa bien abierta para lucir su tradicional cadena y medallita del Luján. Un puntiagudo pañuelo asoma picarón en el bolsillo del cuore. Un abrazo y nos borramos del escenario. La música a todo trapo. Moviendo el jopo, chapa el micrófono de pie y lo aprieta y chamuya como si fuera una mina. Carpeta y mostrador de los cien barrios porteños para hacer mover las tabas a toda la IASA. Quiebra su cuerpo, señala a las parejas y como tanto le gustaba canta al borde del escenario. Con la mano al costado de su boca, en gesto canchero, nadie duda que es parte de su pueblo. Troesma del decir lunfa, le brillaban los ojitos cuando se le acerca una negra que parece venir de un poema de Guillén. No lo dejaban bajar y banca con muchos bises. Luego, la tregua en la intimidad de la cocina de la IASA, rodeado por sus músicos y faroles de amarillito bien posta. Así lo estamos viendo ahora. Aunque la justa, nos batieron, es que anda de nube en nube con una troja de ángeles armando tremendo alboroto. A puro tango y candombe todo el cielo escucha «siga el baile…». Los esperamos sábados y domingos a las 19, en 1410 AM LIBRE, con el auspicio de la IMM.

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