La ciencia cubana derrotó al meningococo B
Las virales generalmente tienen un curso benigno, en un proceso de unos 10 días. Para definir el carácter de la infección se requiere de la punción lumbar, pues la sintomatología de ambas es similar. En los casos de la bacteriana el enfermo requerirá una atención urgente en cuidados intensivos. Hasta un 35 por ciento de los convalescientes de meningitis presentan secuelas que afectan su calidad de vida.
La mayoría de los casos corresponden a formas virales. Los entero-virus son los principales responsables de la infección, trasmitida por las vías digestivas, es decir en el agua contaminada o las secreciones de los enfermos.
Las meningitis virales tienen un período de incubación de tres a cinco días y se trasmiten en su fase aguda. El tratamiento tiene al reposo como punto esencial, con una hospitalización generalmente no mayor de tres días. El paciente continuará en reposo domiciliario durante una semana.
Estas meningitis se presentan de forma cíclica, agrupándose en un mismo tiempo y lugar. No existen vacunas para estos tipos, recomendándose aislar a los enfermos y desinfectar los objetos contaminados por las secreciones de éstos para evitar la propagación de la enfermedad.
Respecto a las bacterias capaces de provocar meningitis los médicos citan al neumococo, el haemophilus influenzae B y el meningococo. Los pacientes de meningitis bacteriana pueden sufrir severas secuelas, como sordera, epilepsia y trastornos del aprendizaje, la atención y la conducta.
La transmisión de las bacterianas es mediante contacto directo, principalmente con las secreciones nasales y de la garganta de los enfermos. El período de incubación oscila entre dos y 10 días. La trasmisibilidad persistirá mientras existan gérmenes en las vías nasales y faríngeas. El tratamiento con antibióticos garantiza la eliminación de esas bacterias.
En estas meningitis las complicaciones son más frecuentes, con mayor probabilidad de muerte.
Los niños están más expuestos. En Cuba se reporta una reducción de casos gracias a la inmunización contra el meningococo B y C y el haemophilus influenzae B. También existen algunas vacunas contra el neumococo, pero son de corta eficacia y se emplean en grupos de alto riesgo de padecer estas infecciones, entre ellos los sicklémicos, una enfermedad genética, y los esplenectomizados, es decir a quienes se les ha extirpado el bazo.
La multiplicidad de virus y bacterias que pueden causar una enfermedad meningocóccica obliga a un minucioso trabajo científico contra ese flagelo. Cuba, cuyos investigadores desarrollaron la única vacuna existente en el mundo contra la meningitis meningocóccica del sero-grupo B, conoció a partir de 1976 un aumento de la frecuencia de esa enfermedad.
En 1979 predominaba, con más del 50 por ciento, el sero-grupo C. El segundo lugar lo ocupaba el B, con más del 34 por ciento, que en algunas provincias sería el principal causante de meningitis. La vacunación masiva a todas las personas de entre tres meses y 19 años de edad, con la antimeningocóccica AC, resultó en una disminución de los casos provocados por el sero-grupo C.
Pero, a partir de 1980, con dominio absoluto del sero-grupo B, el mal continuó expresando un ascenso epidemiológico. En 1983, Cuba alcanzó la mayor tasa de incidencia en la población total, con 14,4 casos por cada 100 mil habitantes. La reciente utilización en Uruguay de un millón 200 mil dosis de la vacuna contra la meningitis meningocóccica tipo B constituyó una nueva victoria de las ciencias biomédicas cubanas.
Desarrollado a partir de 1984 por un grupo de 15 científicos, convertido en el embrión del Instituto Finlay, de Ciudad de La Habana, ese producto vacunal tuvo su primer ensayo clínico en 1987. Ese año fue aplicado a 10 mil estudiantes en siete provincias. A partir de 1988 toda la población infantil de este país antillano fue inmunizada contra esta enfermedad.
En ese tiempo, Brasil era afectado por una epidemia, la cual fue controlada al emplearse esa vacuna en un número de 15 millones de dosis. Identificada comercialmente por el nombre de va-mengoc-bc, esa vacuna cubana forma parte de las ofertas de la transnacional farmaceútica Smith Kline Beecham, que por primera vez incorporó un producto no manufacturado por esa firma.
También cuenta con el aval de la Organización Mundial de la Salud y la aprobación del departamento del Tesoro de Estados Unidos, así como el registro en numerosos países de todos los continentes. Además de Uruguay y Brasil, la vacuna cubana contra la meningitis meningocóccica tipo B ha sido utilizada con éxito en Colombia, Ecuador, Chile, República Dominicana e Islandia, entre otras naciones. *
(*) El autor es periodista colaborador de la redacción de Ciencia y Tecnología de Prensa Latina. Exclusivo para LA REPUBLICA.
Compartí tu opinión con toda la comunidad