Las reglas del mercado impidieron comer a miles de uruguayos pobres
Mientras miles de uruguayos viven en la pobreza, las reglas del sistema y la insensibilidad oficial generaron una situación insólita. Cinco toneladas de jamón italiano con fecha de vencimiento vigente y diez toneladas de manzanas fueron enterradas en el vertedero municipal, porque no fueron colocados en el mercado de consumo.
El Programa Cardijn, que nació tras el quiebre de «la tablita» en el año 1982, con el propósito de atender situaciones sociales angustiantes, tiene la intención de evitar que estas injusticias no se reiteren.
Los principales temas que forman parte de su agenda son el desempleo y sus consecuencias sociales. Hoy lo conforman tres departamentos: un área de micro y pequeñas empresas, un departamento de desarrollo comunitario y un programa de desarrollo rural.
El programa se propone mediar entre las empresas que desechan mercaderías y alimentos –en muchos casos con fecha aún vigente– y la IMM que es responsable de los vertederos. La misión es impedir que absurdos como los ocurridos en los últimos días: casi cinco toneladas de jamón italiano fueron tirados a la basura, junto a diez toneladas de manzanas.
«Nacimos como un proyecto que trata de evitar que esta situación se repita. Es decir, que muchos alimentos no vencidos sean enterrados en el vertedero. Esto no es gratis. Debemos hacer una base de datos de las empresas que más tiran en el vertedero municipal. Hay que ser organizado para el mejor aprovechamiento de los elementos y necesitamos lo básico para funcionar», aseguró Leonardo Borba, uno de los responsables de Cardijn.
La organización no gubernamental está intentando reflotar un proyecto que ya tiene un par de años, para atender la situación de miles de uruguayos con básicas insatisfechas.
La realidad establece que una gran cantidad de alimentos en buen estado van a parar a los vertederos municipales, lo que es inadmisible.
Uno de los orígenes de la problemática es que las empresas que se ven obligadas a desprenderse de alimentos en buen estado, exigen determinados niveles de confiabilidad. Es decir, los empresarios defienden su derecho de que esas mercaderías lleguen a manos que no podrían adquirirlas y no a gente con capacidad de consumo.
Leonardo Borba indicó a LA REPUBLICA que «en los supermercados, los productos no entran con menos de treinta días de antelación. Si a un jamón crudo le faltan 40 días para su vencimiento, ya no lo quieren». Ocurre que si el supermercado no logra vender el producto, es él mismo quien deberá tirarlo. Entonces, lo devuelven a los importadores, que son quienes los desechan.
Los productos no son vendidos a precios más accesibles por razones de mercado, ya que se generaría una autocompetencia que va en contra de los propios intereses empresariales.
En los últimos días, ocurrió un hecho obsceno en un país que está teniendo los niveles de pobreza que presenta el nuestro: casi cinco toneladas de jamón italiano –con fecha vigente–fueron arrojados a la basura, junto a diez toneladas de manzanas del mismo origen. En cuanto a los bienes que son posibles de recuperar, Borba asegura que «debemos rescatarlos y desviar su destino», sugiriendo que es necesario convencer a los empresarios que donen la mercadería.
«Muchos dicen que sí, pero cuando llega el momento de concretar, se arrepienten», sostiene Borba, aunque también hay que reconocer que en ocasiones las propias casas matrices son quienes se niegan a donar.
Otra de las aristas tiene que ver con la «viveza criolla» de la que muchos empresarios hacen gala. Por ejemplo, maniobras a los efectos de beneficiarse con el seguro.
El responsable de la ONG recordó que «hubo un caso de importación de papas fritas, en que el contenedor sufrió un accidente y se estropeó un poco. Sin embargo, eliminaron todo el contenedor y la carga la tiraron para cobrar el seguro».
También no deja de ser patético el «espectáculo» que se forma a la llegada de los camiones a la usina, ya que un verdadero ejército de hambrientos los sigue a los efectos de lograr algo, que para ellos es la diferencia entre la vida y la muerte. Ultimamente los camiones deben ir cubiertos con lonas a los efectos de que los vecinos no se percaten de su carga.
Fecha de vencimiento
La fecha de vencimiento, esa referencia en la que todos nos fijamos en el momento de adquirir un alimento, «es un invento moderno», a criterio de Borba. «En el centro podemos ver gente que saca los panchos que sobran de las latas de los bares. Pero con el tema de la fecha no podemos hacer nada.
En países como Brasil y algunos lugares de Europa, la fecha de vencimiento es mucho más larga que acá», estableció el responsable.
Recordó que en 1999, se desechó mercadería por valor de más de U$S 2 millones de dólares, que estaba vigente.
El director de Acondicionamiento Ambiental de la IMM, Luis Lasso, sostuvo a LA REPUBLICA que la comuna es quien ejecuta las disposiciones que provienen de la Dirección Nacional de Aduanas.
«Son ellos, por medio del Juzgado de Aduanas, quienes determinan la destrucción del producto. También se puede dar que el propietario del producto solicita que se destruya.
De todas formas, la Intendencia ha hecho en diversas oportunidades, acuerdos con los dueños de las mercaderías, asegurándoles la distribución de esos elementos en nuestros comedores y merenderos.
En otras oportunidades hemos tenido casos de otros materiales, como telas y pañales, que en realidad su vencimiento se debe a pérdida de la calidad del producto y no es que estén vencidos totalmente».
Según el jerarca, en los últimos días se han recibido ofrecimientos de diversas empresas, a los efectos de acercar una cantidad «considerable» de mercadería para distribuir.
En cuanto a la cantidad de alimentos que van a parar a los vertederos municipales, el director de Acondicionamiento Ambiental estimó que en los últimos dos años y medio se arrojaron más de 3.600 toneladas, no estando del todo claro cuánto de eso hubiera sido posible utilizar. *
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