LA RENOVACION DEL PARQUE RODO PROYECTADA POR LA IMM APUNTA A REDIMENSIONAR UNA ZONA QUE NECESITA NUEVO PUBLICO

En busca del viejo esplendor

No hay que ser un viajero experto para saber que la rambla montevideana es una de las más privilegiadas del mundo, con una belleza que suele ir a contramano de la grisura general del resto de la ciudad, pero convengamos en que esa tonalidad es la que nos distingue. Hay que recordar, además, que fue declarada de interés patrimonial desde la escollera Sarandí hasta el Arroyo Carrasco. Enmarcado dentro de ese panorama está el Parque Rodó, diferente a los demás sólo por el hecho de estar en la costa, pero las diferencias van más allá de un capricho geográfico.

Quien no ha sabido disfrutar de una tarde soleada en los alrededores del Parque, un lugar que existe en la génesis misma de los uruguayos y no sólo de los capitalinos. Por ahí se ven las parejas de adolescentes y no tantos, buscando un espacio que la vida cotidiana les niega, por ahí se escuchan las cumbias que estruendosamente salen de los juegos y se cuelan en los oídos de todos quienes estén a centenares de metros a la redonda. No falta tampoco el picadito futbolero donde más de uno demuestra sus destrezas con la redonda y en el verde que sobra, algunos se dejan caer en esa siesta que parece durar eternamente.

Otro universo es el de los olores, que identifican tan claramente a las ciudades. Cada ciudad tiene el suyo, y en Montevideo, casi cada barrio tiene uno particular. En el caso del Parque Rodó, los churros y los maníes son la huella digital de este predio de 85 hectáreas con vista al mar y que no se resigna ante la decadencia. Cuenta además, con una serie de elementos de carácter cultural que también lo diferencia del resto de la ciudad, como por ejemplo el Teatro de Verano Ramón Collazo, el Museo Nacional de Artes Plásticas o la Facultad de Ingeniería. A ese aservo se le suma el edificio del ex Parque Hotel, con su consabida contundencia arquitectónica, además de una serie de monumentos -Confucio, Einstein, Florencio Sánchez- y la presencia del club Defensor-Sporting o el Club de Golf que le dan una pincelada de estilo única en la región.

Un poco de historia

Por el año 1917 el antiguo Parque Urbano cambió su nombre por el de Rodó. El predio había pasado a manos municipales después de ocurrido algo que por estos días parece común: el descalabro del Banco Nacional. Durante las primeras épocas de aquel batllismo se determinó la construcción del lago artificial, así como de los puentes que sobreviven hasta hoy. También el castillo tiene su origen en esos días. A partir de allí, comenzó a ser una de las áreas más visitadas por los paseantes, condición que comos se sabe, continúa.

Lo que quedó claro con el tiempo -hoy resulta como algo imperioso- es la necesidad de un urgente reordenamiento. Para ello, en el año 1999 fue presentado un plan a los efectos de comenzar con la tarea. Al respecto el director de la División Centro de la Intendencia de Montevideo, el arquitecto Jaime Igorra, consultado por LA REPUBLICA, informó que «se están haciendo las reformulaciones para hacer peatonal la calle Requena y García y estamos abocados al reacomodamiento de las áreas de gastronomía y juegos».

Hoy en día existe un consorcio formado por los propios operadores de la zona que están de acuerdo con lo planificado y están dispuestos a llevarlo adelante. Por otra parte se completó la semaforización de Sarmiento y la Rambla, proyectándose además, la fabricación de un puente peatonal sobre Sarmiento, para unir la parte antigua con el moderno sector de gastronomía. En los últimos días se firmó un convenio con el Club de Golf, el cual genera importantes contrapartidas, a los efectos de lograr que grupos de jóvenes en situación de riesgo se encarguen de reparar áreas verdes e iluminación de toda la ciudad. Respecto al lago, uno de los puntos débiles de toda la realidad del parque, el jerarca comunal informó que se acaba de lograr un acuerdo con la Facultad de Ciencias, mediante el cual se procederá a su recuperación definitiva. Dentro del variado universo de problemas, se encuentra el que plantea el Club de Pesca Montevideo. Desde allí se indica que extender el paseo peatonal por delante del la institución provocaría problemas con el resguardo de las embarcaciones. El jerarca de la IMM rechaza tales afirmaciones, ya que «se demuestra claramente que en marinas deportivas de gran envergadura, como en Punta del Este, Piriápolis o Colonia la gente no le hace nada a las embarcaciones. Yo no sé si el interés es mantener alejado al club de la vista de la gente. Yo creo que se puede compatibilizar los criterios. De cualquier manera, la tierra no es de ellos, es de la Intendencia. Hay gente que después de un tiempo de tener una concesión se siente dueña de ese lugar. De los otros clubes de pesca no tenemos queja alguna. La verdad es que los países que tienen estas posibilidades de paseo, le ofrecen a la gente lugares muy disfrutables». El club Defensor Sporting representa otra de las áreas de discusión. El predio en el que encuentra la institución «tuerta», está valorado en U$S 4 millones y la intención de la comuna es que no siga extendiéndose más allá de sus límites actuales. Sobre el punto, el director Igorra aclara que «la situación de ellos está dentro del estudio realizado en el año 99. Tenemos claro que es muy significativa el área que ocupa el club y hemos acordado con sus directivos que una parte de la que se habían apropiado y que hoy no están utilizando, sea devuelta para el uso público». Uno de los tópicos más significativos que involucran a los espacios públicos es la facilidad con la que se concedía antiguamente la explotación de esos predios, fundamentalmente a instituciones deportivas.

Los juegos

Otro de los temas tan antiguos como el imaginario popular, es el estado de los juegos que se pueden encontrar como oferta del parque. Sobre ello, Jaime Igorra reconoce que «una de las cosas que estamos pretendiendo es que quienes han tenido en el trabajo con los juegos una forma de vida, la sigan manteniendo. Lo peor que nos podría pasar es que mañana venga el Beto Carrero o Disneylandia y se queden con todo el parque. La preferencia siempre la tendrán los uruguayos que explotan los juegos, pero que lo hagan de una mejor manera, con un reordenamiento que están dispuestos a hacer».

Respecto al antiguo miedo relacionado a la conjunción de lo público con lo privado, Igorra reconoce que «el espacio público no necesariamente tiene que estar gestionado por los organismos públicos. Todo lo contrario, no solo puede ser generado y gestionado por privados, sino que creo que así debe ser, ya que la gran cantidad de espacios públicos que tiene una ciudad y las demandas que hay sobre ellos, hacen que sea casi imposible para un gobierno departamental hacerle frente en forma exclusiva».

En los comercios enmarcados en el perímetro del Parque, y que han redoblado la apuesta para atraer nuevo público, haciendo que una nueva estética se observe fundamentalmente en los fines de semana, se tiene total conciencia de que los planes establecidos por la IMM son los correctos y se aprestan a afrontar su parte de responsabilidad. Se les nota, en todo caso, jaqueados por la crisis imperante que ha provocado una contracción en el consumo.

En cuanto a la seguridad, viejo talón de Aquiles, en la Seccional quinta de policía se reconoce que a partir de los jueves se refuerzan los patrullajes, pero los niveles de delincuencia se mantiene dentro de lo «normal».

Mas allá de los roces producidos por el manejo de intereses variados, cabe destacar que los esfuerzos para mejorar una zona de recreación para el ciudadano de a pie se están haciendo, por lo menos enfrentando el mal momento del país, apostando una carta ganadora de futuro. *

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