A la suerte le gustan los bombones rellenos de licor
JUCECA (*)
No me pregunten por qué, pero a la suerte la imagino gorda. Es gorda. Posiblemente la relacione con el famoso Gordo de Fin de Año. Gorda y echada, la suerte. La suerte está echada. Silencio, señores, no molestarla. No golpeen las puertas, no arrastren las sillas. La suerte descansa. Tiene esa suerte. Descansar es sacarse el cansancio, des-cansarse. ¿De qué se puede haber cansado la suerte para estar así, echada? ¿De dónde vendrá? Respira hondo, resuella, ronca. No, no ronca. Sueña. ¿Con qué sueña la suerte? Ella, la tan soñada. Está despeinada. La suerte está siempre despeinada. Es un tanto desprolija esta gorda bandida.
Es pícara. Todas las gordas son pícaras. Y todas las flacas. Y todas. Pero las gordas son más picaras porque son más. De volumen le hablo. Más de aquí y más de allá. Más, todo. Ahora la suerte se mueve en la cama. Se estira, se enrolla, se agita. Está inquieta.
Habla. No, no habla, pero algo murmura, masculla, refunfuña. ¿Qué dice la suerte? No se le entiende. Nadie la entiende. Puede ser que tenga una pesadilla. ¿La suerte puede soñar la pesadilla de que es una desgracia? ¿Puede sentirse culpable de ser una mala suerte?
La suerte nunca puede ser mala. ¿Puede ser injusta? No sé, con eso no me meto. Dicen que va mucho en suerte. Hagan juego señores. Se está serenando. Silencio, no molestarla. La suerte descansa. Sueña. ¿Sueña con un gordo consorte? ¿Cuál es la relación de la suerte con el sorteo, y con la sortija? ¿Está casada la suerte? ¿Comprometida acaso? Se sabe que tiene muchos amantes. Es, cariñosamente hablando, y lejos de mí el querer ofenderla, un tanto putilla. ¿Por qué si no, aquello de la cotorrita? No puede ser otra que la suya, la famosa cotorrita de la suerte. No hay una cotorrita de la desgracia. La desgracia no puede ser un pájaro. Ni siquiera un carancho de la quebrada.
Ni un lobo tampoco, ni una hiena, ni un coyote, ni una piraña de río. Menos, entonces, esa cotorrita que viajó de puerta en puerta, con el último organito de ruedas embarradas, que luego de pasar junto al ciego inconsolable, se nos perdió en la nada. La suerte está echada. No, no fuma, fuma y fuma sentada en el umbral.
Ella no fuma ni está sentada. Está, echada. Está, cansada. Trabaja mucho, pero es muy desordenada. En algunos lugares llama tres veces. En otros, no se la conoce. Nunca fue, o siempre siguió de largo. Se sabe que golpeó algunas puertas donde no la atendieron. ¿Cómo saber que la que llama es ella? Hay tanta desgracia suelta. No se le puede abrir la puerta al primero que golpea.
Ella es sorprendente, y sorpresiva. Dicen que hay que buscarla. Pues ahí está. Pero ahora no se la puede molestar, señor, comprenda que no es conveniente.
El momento en que la encuentra, no es momento para buscarla. No tendría sentido. No sería honesto. Con la suerte no se puede jugar sucio. No, yo no sabría decirle cuándo se va a levantar.
Y menos con qué rumbo va a salir cuando se levante y salga.
Si es que sale. De pronto usted la espera en aquella esquina, en aquella confitería con una caja de bombones de licor, que como todo el mundo sabe es el manjar preferido de la suerte, pero justo ella sale para la otra esquina. ¿Usted qué diría en ese caso? Que no tuvo suerte, claro. ¿Y qué hace después con la caja de bombones de licor? ¿Les extrae el licor con una jeringa hipodérmica y trata de emborracharse para olvidar, y luego se los lleva a su señora? Mala idea la suya, señor. Su esposa nota que los bombones están huecos, vacíos, y que usted está borracho. Nunca le llevó bobones, y cuando lo hace, mire lo que le hace.
No, no la espere en la confitería. No la espere en ninguna parte. Ni la espere, ni la busque, ni la rechace, ni le compre bombones. Olvídela. No viva pendiente porque es peor. Mírela.
Contémplela. No, no le saque fotos. Simplemente, mírela. Duerme serena. Descansa en paz. Está despeinada, pero en sus labios hay una leve sonrisa que la embellece. Vamos señor, no hay que molestarla. Vamos que ya se va a levantar. Por ahora, la suerte está echada. *
(*) Humorista.
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