El virus reformista ataca a la enseñanza
Divulgar, como su inequívoca etimología lo indica, significa poner al alcance del público –el vulgo– una cosa (una idea, una teoría), de manera tal que ella sea comprendida por ese público. Parece obvio advertir que es condición necesaria para tal fin emplear un lenguaje accesible así como clarificar los conceptos que se manejan.
Es cierto que muchas veces, a fuerza de querer simplificar una teoría para que ésta sea comprendida por el hombre de la calle o por los no iniciados en la materia, se desvirtúa la idea y se termina transmitiendo otra cosa distinta. Pero no habrá divulgación –en sentido estricto– de la Teoría de la Relatividad, por ejemplo, si el divulgador se limita a publicar los escritos de Einstein.
Todo esto viene a cuento, como el lector ya habrá sospechado, en razón del lenguaje abstruso, los conceptos oscuros y la terminología excesivamente técnica con que está redactado el documento.
Si empezamos con los diagramas, veremos que el margen de variabilidad curricular interactúa con el espacio curricular de equivalencia, con el espacio curricular específico, con el exploratorio y con el opcional. Ahora se trata de trayectos y competencias, para que los jóvenes enmarquen y orienten «los conocimientos, producciones y decisiones en valores universales consensuados socialmente» (sic). Los trayectos no son las calles por las que va el ómnibus que lo llevará de su casa al liceo, sino que «hacen referencia a los recorridos curriculares para desarrollar determinadas competencias a través de los contenidos de diferentes campos del saber». ¿Todo ese palabrerío para hablar de las modestas pero concretas materias o asignaturas?
Más adelante, se procede a distinguir las diversas competencias en personales, sociales, técnicas, metodológicas, cognitivas y metacognitivas (¡andá llevando!). Vale la pena destacar que entre las competencias técnicas figura la «aplicación sistémica de conocimientos científicos y tecnológicos». No me imagino cómo puede ser una aplicación sistémica ni en qué se diferenciaría de una aplicación no sistémica… ¿Será una aplicación perteneciente a la totalidad del sistema? ¿De qué sistema? ¿Habrá querido decir sistemática, que no es lo mismo?
Pero en fin, usted sabe cómo son estas cosas…
En cuanto a las competencias comunicativas y expresivas, no se trata sino de mejorar el lenguaje y del conocimiento de otros códigos. Ojalá se enseñe a hablar y a escribir sin faltas de ortografía y sin errores sintácticos y semánticos; si la propuesta va en ese sentido, habrá que enseñar gramática, lo cual no está nada mal.
Si pasamos a las competencias matemáticas, ahí sí que podemos sufrir un sobresalto al enterarnos de que la propuesta apunta a la alfabetización matemática, y plantea, entre otras, estas metas: «Manejo del lenguaje simbólico básico de la matemática en el nivel (redacción, comprensión y expresión oral); modelizar problemas y situaciones-problema; abordar situaciones-problema en diferentes contextos en busca de modelos matemáticos útiles a su explicación y resolución.
Vienen luego las competencias científicas, de donde destaco «Un segundo nivel de alfabetización científica ‘viva’ (que permita a los ciudadanos intervenir socialmente y con criterio científico en las decisiones sociales y políticas)». ¿Qué tal?
Siguen las competencias filosóficas y societales, que –como el lector adivina– tienen que ver con la filosofía y las ciencias sociales, por más que el adjetivo societal no esté registrado en el diccionario… Pero es un neologismo cuyo empleo da prestigio, no hay caso. Aquí se hace hincapié en el desarrollo de la capacidad de problematización puesto que «al problematizar se trasciende la conciencia prefilosófica». También nos enteramos de que «el desarrollo armónico e integrado de diversas capacidades está esencialmente asociada (en femenino, sic) a una visión unitaria de la educación», y de que «se trata de ver el desarrollo de las capacidades y sus logros en una perspectiva sistémica y acumulativa». (Y dale con lo sistémico…)
Usted, amigo lector, que pretende saber qué materias tendrá su hijo (que quiere ser abogado) en el segundo ciclo de Secundaria, tiene ahora un panorama clarísimo, ¿verdad? Ya no será como en los antiguos Preparatorios, en que estudiaba historia, filosofía, literatura e Introducción al Derecho; ahora será un joven societal y sistémico capaz de modelizar problemas cotidianos formulándolos matemáticamente…
No me parece mal que en las diversas salas de profesores, o en las inspecciones de las distintas asignaturas se aborden todos estos temas, propuestas y principios, y que se lo haga usando un lenguaje específico. Pero sería harto conveniente que las autoridades educativas pudieran comunicarse con la población de una manera más llana; en definitiva, se trata de la educación de los gurises, y los padres tienen derecho a conocer cómo funcionará la enseñanza en el ciclo superior de la Enseñanza Media. ¿O no? *
*Periodista
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