Revolución contra la frivolidad
Desde cualquier punto, donde él esté se lo identifica. Si te ve se acerca y te esconde en un abrazo afectivo. Reconoce historias y momentos compartidos en su memoria prodigiosa y una estampa informal se viste de pitusa, camisa como caiga y melena psicodélica, más cerca de su oficio de escritor, visitador de desencantos y utopías, que de ministro y diputado.
Inició su viaje por laberintos de letras y espejos en un día de 1950 que lo llamaron Abel Prieto, en la más occidental de las provincias, Pinar del Río.
Desembarcó en la Universidad de La Habana, para graduarse como Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica, ser profesor, dirigir editoriales -Letras Cubanas, Arte y Literatura-; el Centro Cultural «Juan Marinello» y presidir la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) desde 1988 a 1997.
Escribió y rescribió parte de la historia reciente de Cuba, en cuentos y novelas, en personajes que se encuentran, buscan, recuerdan y abren puertas para contar sus historias.
Obtuvo en el tiempo, reconocimiento en premios por su obra y alcanzó la madurez narrativa a tiempo, con la novela «El vuelo del gato», entre su amor a Lezama Lima y siendo ya ministro de Cultura.
Hasta hoy cargaba la ansiedad de tres encuentros frustrados con la prensa , pero rompió el fuego, con una salida bien caribeña: «No sabía que al final había brindis, hubiese traído más compañeros».
Con la simpatía natural de los guajiros pinareños, abordó la situación de la cultura cubana en un diálogo abierto que dejó contagiar su entusiasmo y sus convicciones, «estamos viviendo un momento espléndido de la cultura cubana revolucionaria, jamás ha habido un plan tan ambicioso de impulso de los programas culturales en Cuba.»
Su mirada parece perseguir un sueño, «elevar la cultura cubana a niveles nunca alcanzados. Esto tiene que ver con formar en la población cubana una cultura general integral.
A pesar de las enormes carencias y dificultades, a la falta de recursos de la red de instituciones culturales, como reconoce el ministro, se le está dando una prioridad a la cultura. La población lo percibe y lo apoya como lo demostró en la reciente Feria Internacional del Libro, donde se vivió una verdadera fiesta del libro, este año durante 34 días y en 19 ciudades. Se estima que asistieron 2,2 millones de personas en toda la isla.
Los programas culturales de la revolución tienen una ruta fácil de seguir. Es una referencia ineludible en las tribunas que cuentan con la participación de Fidel Castro, como parte esencial de la batalla de ideas que viene librando Cuba.
Queríamos saber en boca del ministro Prieto cuáles son las ideas, los conceptos en que se fundan los planes de impulso a la cultura. «Las ideas básicas son cuatro. La esencial es la de que aquí masividad se acompaña del mayor rigor y la mayor calidad. No hay en ningún momento el intento de llevar la cultura a escala de masas haciendo concesiones o promoviendo una cultura barata, una papilla seudocultural para consumo de la persona iletrada. Hay un verdadero esfuerzo por que la calidad acompañe este proceso de masividad.»
–¿Cómo se logra, en un esfuerzo por la difusión masiva, evitar pérdidas culturales y creativas?
–Estamos tratando de que en Cuba no sea así con el apoyo de los mejores artistas del país, de todas las generaciones. Allí está el programa televisado Universidad para Todos, donde participaron: Alicia Alonso, Ramiro Guerra, Raquel Carrió, Eduardo Heras.
Los mejores talentos del país se sienten protagonistas de estos programas.
La globalización castradora
La tendencia empobrecedora que hoy la industria cultural ha ido estableciendo a caballo de la globalización y la tecnología provoca, muchas veces, que los pueblos no puedan acceder ni apreciar la riqueza y variedad del patrimonio cultural del mundo.
«Hoy no hay en estos programas ningún tipo de chauvinismo, de visión estrecha de la cultura, ni mezquindad nacionalista, la idea es trabajar con mayor espacio para la cultura nacional combinado con que entren a Cuba las mejores películas, se publiquen los mejores libros, se promocione lo mejor de todo el mundo, incluido lo mejor de la cultura norteamericana.
Nunca hemos fomentado un sentimiento antinorteamericano, sí hemos reafirmado nuestro carácter antiimperialista.»
El papel de los medios es clave a la hora de la difusión masiva y su relación con la calidad. La televisión cubana, despojada de avisos comerciales, en el intento de llegar con un mensaje auténtico y formativo ha caído, a veces, en propuestas que aparecen pesadas y aburridas para los cubanos.
»Sería muy grave que nuestro mensaje cultural sea tildado de aburrido por los jóvenes. No podemos dejarle ese espacio a la frivolidad, no puede ser la diversión de ese lado y de este lado el aburrimiento denso y con gran nivel conceptual».
Abel rastrea el origen de este problema en el sello de la televisión comercial capitalista que marcó a fondo con sus ensayos el papel de los centros hegemónicos.
«Fíjate que aquí se hacía Life en español, se traducían todos los cortos, se hacían doblajes y en el ’58, cuando a Europa todavía no había llegado, Cuba ya tenía un canal a color donde Batista tenía acciones, aquí se hizo una inversión para absorber culturalmente a este país, de aquí toda América Latina y la televisión fue utilizada despiadadamente para ese objetivo».
–¿Y qué paso desde el triunfo de la revolución?
–Nos costó mucho rebasar esa marca. Ha existido un divorcio durante años entre la televisión y las instituciones de la cultura, nunca tuvimos una vanguardia artística vinculada a la televisión, como sí la hubo en el cine- Guevara, Alea, García Espinoza-, en la danza -Alonso, Guerra y en la literatura,- Guillén, Carpentier, Cardozo- que encabezaron los proyectos culturales de la revolución. Hoy sobre la base de eliminar viejos prejuicios y la presencia de jóvenes y viejos realizadores junto a la dirección del ICRT se está trabajando duro para modificar el mensaje cultural de la televisión.
Desde hace unas semanas los capitalinos, los habaneros y los santiagueros pueden acceder a un nuevo canal enteramente dedicado a la educación y la cultura general. «Hemos hecho una inversión en tecnología impresionante. Hoy en cada provincia hay un Telecentro, modernamente equipado, que ya está produciendo, se ha creado el tercer canal pero es necesario que esta inversión sea acompañada de talento».
Las nuevas tecnologías, el acceso a Internet, el manejo de la información son temas ineludibles en las conversaciones de los cubanos y muy recurrentes en los que observan con sensibilidad lo que ocurre en la isla.
«Sobre las nuevas tecnologías, algo tiene que quedar bien claro: ninguna regulación coyuntural puede ocultar la posición que tiene el gobierno. Es la más abierta, para nada retardataria, para nada conservadora, nos estamos apropiando de esa nueva tecnología, para un uso cultural e informativo. Sería ridículo que nosotros que formamos niños y jóvenes en sus escuelas con computadoras, luego les negáramos el acceso a Internet o pedirle el carné del partido o alguna de esas cosas». –Hoy la posibilidad de acceso total está indicando eso, ¿por qué.
–La limitación para que hoy la gente tenga Internet es exclusivamente por falta de recursos y lo que estamos haciendo es darle prioridad al uso social de esta vía. En poco tiempo el uso de Internet en Cuba va a ser mucho más democrático que en cualquier parte del mundo, donde accede el que puede tener una computadora y pueda pagar un teléfono. Sería una locura tenerle miedo o pensar que la gente pueda e
nvenenarse con Internet hoy.
–¿Estas limitaciones no afectan el caudal y el tipo de información que reciben los cubanos?
–Nuestra política informativa es la más democrática imaginable, ustedes saben que en el mundo hay un exceso y una falta de jerarquización de la información. El resultado de esto es un ciudadano que puede tener Internet hasta en el baño pero está totalmente desinformado, el nivel en muchos lugares, incluido EEUU, es de un total desconocimiento de cuál es la dinámica actual del mundo. Déjame decirte que no estamos satisfechos con todo lo que se está haciendo, tenemos que trabajar por elevar el nivel, por un pueblo muy bien informado, con jerarquías claras en términos de información, explicándole a la gente los procesos, dándole todos los elementos. Cabe destacar que los 169 municipios de cultura del país están interconectados en la red, 60 de ellos tienen su página Web y el año pasado las cerca de mil páginas Web del sistema de la cultura cubana tuvieron más de 12 millones de accesos.
–¿Cuál es la situación de los sectores jóvenes que no encuentran un espacio para expresarse y de los artistas que están en el exterior?
–En la década del ’90, los años del llamado período especial, fueron de muchos problemas, carencias y contradicciones. Surgieron sentimientos de frustración, hubo mucha gente, algunos cientos de artistas que emigraron en busca de mejorías económicas y opciones promocionales. En esos años terribles de contracciones, nosotros nos preguntábamos por el destino del libro, no por la nuevas tecnologías, sino porque no había papel.
Muchos de los artistas que se instalaron en el exterior han ido regresando, a partir de que ha ido mejorando la situación y que le hemos garantizado empleo y opciones.
Muchos han tenido experiencias muy malas, algunos de mucha calidad tuvieron que enfrentarse a situaciones humillantes, trabajando en cabarets de 5ª categoría.
Nuestro mensaje ha sido siempre de que regresaran, desde hace 2 a 3 años se ha detenido el éxodo, con una política nuestra, muy abierta, nunca politizando la decisión de que un artista viva afuera, empujándolo a manos de gente que los quiera manipular contra Cuba.
Hay total consenso de que esta sea la política y fruto de ella es que la mayoría de los que están viviendo fuera tiene una relación con nuestras embajadas, participan de sus fiestas y encuentros.
La jóvenes como prioridad
–¿Y sobre los jóvenes?
–Un joven en Cuba tiene todas las condiciones para desarrollarse y tenemos que trabajar duro para generarle oportunidades para mostrarlas aquí y afuera.
Es cierto que existieron sentimientos de frustración en algunos grupos fruto de zonas desatendidas, pero lo estamos subsanando. Por ejemplo, habíamos cometido un error histórico con los raperos, los rockeros, jóvenes que se habían sentido al margen de las políticas de promoción y hoy están totalmente integrados con un fluido diálogo con instituciones como la Asociación de los Hermanos Saíz.
Los jóvenes y la música cubana andan de la mano, enamorándose por calles y plazas, en teatros o en la Piragua del malecón, en un amor correspondido a prueba de estilos, ritmos y modas; Abel guiñó, «tenemos una ventaja de identidad con los jóvenes, porque disfrutan en un 95% toda la música cubana. Yo diría que hoy la bomba atómica cultural cubana es su música, ahí no hay escudo antimisil, eso entra por todas partes. Fíjate que el otro día, a la misma hora que jugaban pelota Industriales y Santiago, a estadio lleno en el Cerro, fueron a un recital de Polo Montañez, 110.000 personas, un fenómeno que tiene que ver con la diversión, la recreación, la calidad de vida.
El «boom» que devolvió a la escena internacional a la música cubana hace unos años, se sigue disfrutando, va sedimentando enseñanzas y abriendo paso a nuevas generaciones de músicos, productores, compositores y cantantes de gran talento que toman la posta, esta vez más cubiertos pero en un mercado internacional cerrado y en crisis.
«Cada día va a ocurrir menos la llegada del gran colonizador «blanco» que viene a descubrir al músico viejito y lo entrevista y el viejito le muestra los orishas… es muy doloroso eso, hay un sello colonial que nos irrita.
En el período especial vimos con los brazos cruzados cómo entraban las disqueras extranjeras y algunos aventureros que le compraban los derechos a los músicos nuestros por U$S 100 y los timaban; como el caso de un grupo de rock, joven, de una provincia: le dieron U$S 1.000 por un contrato de exclusividad por 25 años, el lobo feroz y caperucita… vienen comprando almas con quilos».
«Esto pasó porque nuestras empresas han tenido una tradición de ineficacia, burocracia, lentitud y demasiada ingenuidad. «Fíjate el caso de un músico muy conocido, que el Estado le grabó el disco, le dio cierto marco promocional, lo impulsó internacionalmente y no firmamos nada, luego ganó un premio muy importante, lo embarcó un sello y se quedó con todos los derechos, todos, nada para él ni nada para nosotros.»
«Luego de estas experiencias intentamos revertir la situación y la imagen, hoy las ideas están más claras, hay seriedad, hay confianza en los artistas que tratamos de proteger, asesorar, promover integralmente pero a veces nos faltan recursos para invertir en una promoción, en hacer un vídeo-clip.»
«Hay algunos circuitos en la música y en la plástica que para llegar va ha ser muy difícil con una empresa cubana, vamos a tener que asociarnos con otras grandes empresas, vamos a tener que asociarnos con gente que pueda colocar el mensaje cultural nuestro.»
«Y eso chico a veces resulta muy difícil, no olvides que estamos en un país que nada contra la corriente.» *
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