Protocolo sobre cambio climático no detendrá contaminación global
El responsable de la unidad de Cambio Climático del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, Luis Santos, adelanto a LA REPUBLICA que «el programa de mitigación y adaptación de nuestro país al cambio climático global incluirá además de los impactos ya estudiados en la zona costera y la agropecuaria, impactos sobre la salud, los recursos hídricos y pesqueros». El programa, que demandó un año de trabajo a más de 100 técnicos, contiene «medidas fundamentales para prevenir los impactos del cambio climático o adaptarnos, teniendo en cuenta que el fenómeno es un hecho», señaló Santos.
Sin embargo, el Protocolo de Kyoto sobre cambio climático, aún en negociación, que establece la reducción de gases de efecto invernadero para los países industrializados, incluye un mecanismo mediante el cual estos países, en lugar de cumplir con esos compromisos, pueden eludirlos comprando «derechos de emisión» a los naciones pobres.
El propio Santos admite que los impactos negativos que puedan presentarse tienen directa relación con «la evolución de las emisiones de los países desarrollados».
Los países industrializados son los principales responsables del cambio climático debido a que los gases originan la quema de combustibles fósiles.
Organizaciones ambientalistas como el Movimiento por los Bosques Tropicales y Ceuta demandan que Uruguay reclame a los países responsables de la mayor acumulación de gases en la atmósfera la efectiva reducción de sus emisiones.
Para la ONG Guayubirá, Uruguay tiene dos opciones: «Defender los intereses del país a largo plazo que están en peligro o hacerle el juego a los países industrializados a cambio de algunos millones de dólares».
Aunque el presidente de EEUU, George Bush, se niega a ratificar el protocolo, admite que de no aforntarse el problema, «en pocos años tendremos un dramático incremento en el número de severos e inmanejables eventos», entre ellos, estados islas sumergidos y cambios en los balances agrícolas.
Impactos sobre la salud y la economía
En 1995, la Comisión Nacional sobre Cambio Global, que dejó de funcionar por falta de financiación, presentó un estudio sobre la vulnerabilidad de nuestros recursos costeros y agropecuarios al cambio climático.
Según el informe, uno de los posibles escenarios augura la desaparición de las playas montevideanas, rochenses, colonienses y fernandinas en las próximas décadas, debido al aumento del nivel de los océanos.
En cuanto a la actividad agropecuaria, el fenómeno climático tendría consecuencias negativas sobre nuestros principales cultivos: trigo, cebada, maíz y arroz. Los efectos sobre la economía nacional serían devastadores, teniendo en cuenta que se afectarían dos importantes sectores como el turismo y el agro.
En cuanto a las consecuencias del aumento de la temperatura y precipitaciones planetarias sobre la salud, Santos señala que el programa de mitigación y adaptación contendría el estudio de «enfermedades de transmisión típicas de países tropicales que se han trasladado a nuestra región».
Paul Epstein, investigador del Centro de Salud y Ambiente Mundiales de Massachusetts, afirma que «el cambio climático tendrá repercusiones generalizadas y, en su gran mayoría, destructivas sobre la salud humana». Las lluvias y el calor favorecen la propagación de enfermedades como el dengue, el hantavirus, la fiebre amarilla y la leptospirosis. Epstein señala que la proporción del planeta que podría ser transmisora de malaria se incrementaría de 45 a 60% con la duplicaciónón de las emisiones de dióxido de carbono (el principal GEI). Según el doctor Terry Yates, de la Universidad de Nuevo México, «el clima está empujando enfermedades emergentes pero sólo en conjunción con la perturbación humana».
Mecanismo de desarrollo limpio
El protocolo de Kyoto sobre cambio climático prevé que en lugar de reducir sus emisiones, un país desarrollado podría contabilizar en su balance de emisiones, mediante un pago a ser negociado, las reducciones que se hayan realizado en un país en vías de desarrollo.
Una forma de ejecución sería a través de los llamados «sumideros de carbono», a través de la plantación de árboles. Se parte del supuesto de que en su período de crecimiento, los árboles absorben carbono de la atmósfera y lo fijan en la madera. Pero no hay certeza científica acerca de la capacidad de absorción del carbono y no es seguro que los árboles mantengan ese carbono almacenado. A pesar de ello, el mercado del carbono ya está operativo. Según el miembro de la Sociedad de Productores Forestales Daniel Martino, el mercado para los países en desarrollo podría alcanzar 10 mil millones de dólares anuales. Estima que nuestro país podría recibir interesantes divisas por este concepto, lo que es cuestionado por el director del Ceuta, Gerardo Honty, quien afirma que «el error de la estrategia uruguaya es poner en riesgo el equlibrio del clima global por un negocio particular que cuando se mundialice resultará un fracaso». *
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