Toulouse vibra con carnaval afrouruguayo
Tras un viaje el año pasado a la cultura Cajún, que florece a orillas del mítico Misisipí, los franceses vivirán y bailarán hasta el 27 de junio con los ritmos del tango, el jazz o el rock sudamericano que traen un centenar de artistas procedentes del Río de la Plata.
El parisiense diario Libération destaca en su sección cultural del fin de semana la presencia en Toulouse, ayer, del cantante León Gieco, llamado el «Bob Dylan argentino».
Durante una hora, el sábado en la tarde, un colorido desfile de tamborileros abrió la fiesta bajo el sol, encabezados por las percusiones del uruguayo Ruben Rada.
El ambiente de carnaval, al son del candombe, uno de los ritmos emblemáticos del período de fiestas en Uruguay, sedujo a los numerosos curiosos agolpados en las calles para admirar este desfile de 350 bailarines y tamborileros.
En horas de la noche, los habitantes de Toulouse comenzaron a invadir los prados a orillas del río Garona para asistir a los primeros conciertos dedicados a la cultura uruguaya, con el latin jazz del Trío Fattoruso y los ritmos afrouruguayos de Ruben Rada.
Ayer actuó León Gieco, quien confiesa que la demanda de su público casi no le deja tiempo para viajar al exterior. En Francia, sólo había cantado antes una vez, invitado por su compatriota Mercedes Sosa en 1989.
«En este momento estamos dando conciertos ante 20.000 o 30.000 personas. Con la crisis la gente ya no tiene dinero, y para poder ofrecer entradas a 10 pesos hay que prever lo máximo de público», declaró el artista al reportero François-Xavier Gomez, del diario Libération.
Gieco cuenta, entre otras cosas, el traumatismo que sufrió en 1978 tras haber escrito su conocida canción «Sólo le pido a Dios».
«Ese año escribí esta canción en momentos en que estaba a punto de estallar un conflicto con Chile. Fue prohibida por el delito de pacifismo», cuenta.
Obligado a exiliarse a causa de la dictadura militar cuando regresó a la Argentina lo esperaba una mala sorpresa.
«Justo antes de la guerra de las Malvinas los militares recuperaron mi canción e hicieron una especie de himno oficial. Los adolescentes enviados a la guerra se embarcaban cantándola. Esta manipulación me causó daño, la viví muy mal. Durante mucho tiempo dejé de cantar en público», cuenta.
Sin embargo en 1985, tras recorrer en minibús su país, de Ushuaia, en Patagonia, a la Quiaca, en la frontera con Bolivia, se encontró con los maestros del folclore y los grabó, sacando cuatro discos de ese viaje.
El éxito que tuvo lo hizo volver a un primer plano como artista y como militante de los derechos humanos, al lado de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo y de Hijos, el movimiento de los desaparecidos de la dictadura. «La crisis que vivimos hoy en día tiene sus orígenes en aquellos años negros. A la clase política argentina le hace falta una generación: la que habrían formado los líderes estudiantiles y sindicales asesinados hace veinte años», declaró León Gieco. *
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