De Juan, de perros y de Carlos
Escribe: Horacio Buscaglia
Yo no sé qué te habrá salido en las cédulas de San Juan pero si se siguió la tradición de tirar en las fogatas los nombres de los mufas anotados en un papel. (De los «jettatore» como les decían los tanos emigrantes , los «Fúlmines» para los que leíamos «Rico Tipo»). Si es cierto que las llamas sanjuaninas queman la mala onda que generan esos desgraciados tipos, yo no tengo dudas de cuáles fueron los más quemados, incendiados, ardidos: Albertito y Jorgito o –como a ellos les gusta que los llamen–, Al and Georgie.
Y en el asunto de las cédulas, aquello de formar parejas casuales que luego la magia podría transformar en duraderas, seguramente a Jorge le salió George W. y a Alberto cualquier nombre que tenga que ver con los mandamases del Fondo Monetario Internacional. Eso sí, los nombres de Chela, Pocho, Doña María y otros por el estilo, no estaban permitidos. ¡Nombres del barrio, Dios nos libre y nos guarde!, exclamaron los dos a coro.
Porque a cualquiera de los dos les cabe el mote de «perro malo», y aunque vos creas que ese nombre es por lo babosos que son, en realidad les dicen «perros malos» porque están atados al Fondo.
Y hablando de magia, hoy se cumplen años del último vuelo del zorzal criollo. Que cada día canta mejor (Y más ahora que está en CD, dijo aquél irrespetuoso). Pobre… hasta él se vio perjudicado con la flotación de Bensión, ya que «aquellas deudas chicas que sin querer se le habían olvidado» no las pudo cargar a la cuenta del otario, porque parece que eran en dólares y el otario no lo es tanto como para refinanciar. Si hasta a las «infelices ilusiones» con las que llenaba el mate, se las remarcaron un 30% más. ¿Sabés qué? Como están las cosas, al descolado mueble viejo lo ató con alambre y se hizo terrible living.
No se salva nadie, hermano. «Si habrá bronca, coalición y hambre, que el que compra diez de fiambre, hoy se morfa hasta el piolín.» *
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