EN DIEZ AÑOS, SE SEXTUPLICO LA POBLACION ATENDIDA POR EL INSTITUTO NACIONAL DEL MENOR

Hay 280.000 menores uruguayos que viven en situación de pobreza

La población que atiende el organismo se vio incrementada sustancialmente en la última década: de siete mil niños en 1990 a 43.777 en lo que va del año.

La evolución del escenario social fue analizada en el marco del foro social «Solidaridad en obra», que, con la organización de la Comisión de Derechos Humanos de la Junta Departamental de Montevideo, viene desarrollando en la sede de la Intendencia capitalina.

Durante la segunda jornada del evento, denominada «Niños en situación de riesgo», el presidente del Iname, Martín Marzano, hizo referencia a la importancia de coordinar acciones entre el organismo estatal, familia, tutores y educadores, como forma de protección integral a niños en situación de riesgo.

El jerarca reclamó que se apoye la acción de las instituciones civiles sin fines de lucro que vienen trabajando en la problemática.

Marzano destacó que el Iname atiende a una población total de 43.777 niños, de los cuales 4.685 menores son asistidos en régimen de tiempo completo y los 39.092 restantes en tiempo parcial.

Otra dato por demás significativo es el sustancial aumento de la minoridad: en 1990 el instituto atendía 7.000 niños, pero cinco años después la cifra se incrementó a 19.000 hasta los casi 44.000 menores actuales.

En su ponencia, el titular de este organismo informó que actualmente el Iname mantiene convenios con 490 asociaciones civiles dedicadas a la problemática infantil, como violencia física y sicológica, situación de calle y abuso sexual. La línea habilitada por el Iname para denunciar este tipo de delitos, el 0800 5050, recibió el año pasado 1.500 llamadas. En este sentido, Marzano explicó, con base en los datos recabados, que el abuso sexual no comercial en menores está directamente vinculado con la violencia doméstica.

También dijo que actualmente existe un centenar de asociaciones civiles que se encuentran en reserva, a la espera que se autoricen sus proyectos y se viabilicen los convenios con el instituto.

No obstante, el jerarca agregó que si bien se percibe voluntad política por parte del directorio del organismo en regularizar estas situaciones, la decisión es resorte exclusivo del Poder Ejecutivo.

Faltan recursos

En concreto, señaló que si el equipo económico de gobierno no autoriza las partidas, prácticamente será imposible hace frente a la situación.

En 1989, el presupuesto del Instituto era de U$S 84 millones, monto que este año descendió a U$S 65 millones. Al descenso de recursos hay que sumarle el aumento de población a atender y la disminución de funcionarios en los últimos años.

«Esperemos que el equipo de gobierno se dé cuenta de la responsabilidad que tenemos para con los menores que se encuentran en este tipo de situaciones.

No hay duda de que el ámbito ideal de contención es la familia. El Iname funciona como sustituto ante una situación de emergencia social», manifestó Marzano.

Vulnerabilidad social

Jair Barret, representante de Capitanes de la Arena, una ONG que trabaja en convenio con el Iname, dijo que de los 800 mil menores que viven en Uruguay, 280 mil se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Sólo lo 50 mil de ellos reciben atención estatal o a través de asociaciones civiles.

«Estamos en el CTI, estamos trabajando en la punta del iceberg», graficó Barreto.

La situación de vulnerabilidad social, de calle y los riesgos que esto implica para la minoridad, fue otro de los puntos abordados por el representante de Capitanes de la Arena.

La organización, básicamente, trabaja con base en tres elementos: un local que funciona como hogar, menores fugados y, como tercer elemento, el tiempo de permanencia del menor en la calle.

«En Brasil ya existen varias generaciones de niños de la calle. Es decir, los padres de los niños «de la rua», como se les llama, fueron también niños de la calle.

El círculo no se corta y la situación sigue repitiéndose. En Uruguay, los menores en situación de calle todavía provienen de padres que tuvieron un hogar.

«En nuestro país, los niños utilizan la calle como estrategia de supervivencia», sostuvo.

Otro punto abordado por Barreto fue la estigmatización de la que son objeto estos menores por parte de la sociedad.

«Estos niños comienzan por las calles de su barrio, luego se suben a ómnibus y desde 18 de Julio llegan a la zona del Parque Rodó. Generalmente, a partir de este momento, es cuando comienzan a no aretornar a sus hogares o, al menos, no todos los días», manifestó Barreto.

En todos estos casos existe un común denominador: los menores provienen de familias numerosas, madres solteras y familias desestructuradas, donde la figura paterna está ausente.

«El niño debe ser sujeto de sus derechos, debe ser incentivado para que sea protagonista de su proyecto de vida», concluyó Barreto. *

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