HOY JUCECA

Noticias en el espejo

De repente uno se levanta bien, con cuidado, atento a pisar el suelo con el pie derecho, no porque uno crea que si pisa con el otro le tiene que ir mal, pero son hábitos que a uno le vienen anda a saber de dónde. Uno se levanta de mañana con sus humildes esperanzas, bien dispuesto. En realidad, uno de entrada se engaña, se deja engañar por las palabras y las costumbres, porque a decir verdad yo no me levanto de la cama, sino que, desde el momento en que he pasado la noche sobre la cama, cuando digo que me levanto, me bajo. Repito entonces que uno se baja de la cama bien, luego de un sueño que me niego a llamar reparador porque parece que uno pasó la noche en una taller mecánico, o que tenía el sueño muy estropeado y se lo estuvieron reparando, se baja de la cama, reitero, y luego de ubicar las chinelas que siempre se piantan, no las dos sino una, que es lo mismo que las dos porque uno no va de la cama al baño con una pata protegida y la otra a la intemperie, y luego de ubicar a esa que en algún momento uno pateó y fue a dar casi al otro lado, luego de eso, va y se mira en el espejo del baño. Tiene la misma cara de ayer. Uno es fácilmente reconocible por uno mismo, y no registra los cambios. Yo suelo mirarme poco. Al levantarme me miro apenas. Después del baño sí, pero ya para afeitarme y peinarme, que tampoco soy de mucho peine. Pero recién bajado de la cama me miro poco, porque una vez me miré mucho y me pasó que al momentito de estarme mirando fijo a los ojos, cara a cara con el espejo, a los ojos pero abarcando el total del rostro, pero a los ojos en especial, me empecé a desconocer. No a desconocer como para decir «yo a este tipo nunca lo vi», pero sí como para decir «vos quién sos, qué hacés aquí, de dónde venís, a dónde vas».

Y veo que al otro, al del espejo, le está pasando lo mismo, me desconoce, me mira como interrogando, y hasta me parece que le da vergüenza porque él sabe que yo lo estoy mirando y que veo que me mira con insistencia, con una mezcla de asombro e insolencia. Entonces abrí el alero, el espejo lateral del botiquín y me distraje con el perfil, ese perfil que le ven a uno y que uno no quiere que le vean, pero no hay manera de caminar sin andar, siempre, desde algún ángulo, de perfil. El hecho es que uno se levanta una mañana, se baja digo, y de buenas a primera se encuentra con una noticia de gobierno de esas que te mandan al baño de nuevo. Fue lo que me pasó ayer, y me miré en el espejo, y me miré como aquella vez, y le dije al otro «¿Vos qué haces aquí?. Y el otro, me clavó los ojos y le leí clarito que me decía: «¿Y vos?». *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje