La enajenación de la sociedad uruguaya alimenta la violencia
Frente a la secuencia de los graves hechos de violencia en grado de enajenación que se han suscitado recientemente y que ponen en riesgo el equilibrio emocional de la población, la organización reclamó mayores controles de los organismos rectores involucrados en el seguimiento de las políticas sociales. Con ello, según Celade, se podría controlar el inédito desborde social nunca antes observado en el país, que es atribuido a las carencias en educación, a la pobreza, al desempleo, a la falta de valores y la desintegración de la familia.
Conductas de riesgo
En relación a la crisis social que enfrenta el país y al incremento de la delincuencia, el director general del Centro Latinoamericano de Desarrollo, Mario Marenco Sosa, manifestó que la pérdida de valores –riesgo que amenazan a la socialización de los jóvenes– surgen hoy como aproximación para un diseño de intervención rápida de las autoridades gubernamentales que evite la disfuncionalidad familiar y la aparición de conductas de riesgo como las pronunciadas recientemente, llevando al ser humano hasta la pérdida de la vida.
El director del Celade planteó varias interrogantes. ¿Dónde se encuentra el rol de la patria potestad en el cuidado y la prevención por parte de los progenitores, frente a estos hechos, cuando un adolescente de 14 años empieza a drogarse, cuando busca la libertad en esa opción de independizarse, marcando conductas totalmente irracionales y los padres permanecen de espalda ante estos síntomas? ¿Hasta dónde pueden también ayudar las Organizaciones No Gubernamentales con sus programas subvencionados del exterior y hasta dónde los Organismos competentes, controlan las secuencias y acercamiento en las conductas juveniles en una adecuada planificación social? Mario Marenco Sosa enfatizó que no basta con poner en marcha programas dirigidos a los menores y a las familias de escasos recursos para atacar frontalmente el problema de la infantilización de la pobreza y revertir una cruda realidad, sin un contrapeso logístico de seguimiento.
Destacó que las cifras reveladoras marcan que más de 30.000 menores de 12 a 17 años no estudian ni trabajan y el 16% de los hogares de menores recursos cargan con la mitad de la «reproducción biológica del país».
El técnico afirmó que el proceso de empobrecimiento de las familias uruguayas se ha venido acentuando aceleradamente en estos últimos años.
«La tendencia ha sido muy fuerte y ha afectado fundamentalmente a una franja etaria que tienen ciertas características, mayor número de hijos, mayor tendencia de hogares monoparentales, hogares extendidos, con carencia de empleo y falta de proyectos de vida».
Marenco Sosa considera que el gran desafío futuro de la sociedad uruguaya es la reconstrucción del capital social a través de la educación, que debe comenzar con los valores familiares y continuar en los sistemas educativos por donde pasa el adolescente.
En su opinión, se requiere un nuevo orden social basado en normas morales y éticas que resguarden a la sociedad, replanteando la verdadera dimensión por la que atraviesan más de 500 mil familias en situación de pobreza. A ello se suma la disfunción familiar existente, el alto porcentaje de separación de las parejas, los antecedentes de problemas psiquiátricos, tratamiento de alcoholismo y el consumo global de drogas que aparece acentuado en los casos de conductas agravadas, para terminar en estas consecuencias.
El director del Celade opinó que la ruptura de la base familiar está conduciendo a que los hijos carezcan de hogar, al abuso de drogas, a la negligencia en el cuidado de los hijos, y a la difusión de la delincuencia. Esta conclusión, de hecho, ha sumergido al país en un desborde incontrolable. El número de niños nacidos fuera del matrimonio en cifras está por encima de los promedios del año 2000. Además, una cantidad de concepciones han acabado en aborto, y ha aumentado el número de niños entregados en los hogares del Iname. Los datos negativos a los que estamos asistiendo prueban, en relación de causa y efecto, los graves problemas que sufre hoy la familia uruguaya. Se agrega también el índice de mortalidad infantil, la elevada tasa de suicidio, y la delincuencia juvenil producto de la descomposición de estos parámetros. Esta curva, que va en ascenso, dijo el director del Celade, se puede revertir si somos conscientes que la responsabilidad es de todos los actores sociales involucrados sin excepción. Al tiempo que debe ejercerse el estricto control desde los organismos del gobierno y desde las Organizaciones no gubernamentales por el buen estado de la familia, como elemento vital para el bienestar de toda la sociedad. Se deben marcar deberes, derechos y obligaciones que la patria potestad exige en estos casos, para lo cual la Justicia deberá velar por el cumplimiento de las normas; los programas de seguridad ciudadana en el orden social deben funcionar como rastrillo para detectar estos brotes que llevan a la violencia familiar, finalizó diciendo el analista. *
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