EL DESEMPLEO Y LA FALTA DE SOSTENES SOCIALES SON DETERMINANTES EN EL VERTIGINOSO AUMENTO DE LA EXCLUSION

El Uruguay marginal

El documento, denominado «Ay, qué dura está la calle. Reflexiones sobre el Plan Frío Polar 2000 y Plan Invierno 2001″, elaborado por los educadores sociales Ariel Celiberti y Alberto Hein, del Centro de Investigación y Promoción Franciscano y Ecológico (Cipfe), a iniciativa de la Comisión de Derechos Humanos de la IMM, señala que tomando en cuenta la cobertura máxima realizada en diferentes albergues durante el invierno pasado, medio millar de personas aproximadamente por noche, sumado a aquellas personas que no quisieron acceder a los albergues, existen entre 800 y 1.500 personas que se encuentran en situación de calle.

El informe señala, además, que la gran mayoría de las personas que padecen esta situación se localizan en la franja que va desde la Ciudad Vieja hasta el Hospital de Clínicas y desde la Rambla hasta el Palacio Legislativa.

Otra de las zonas en las que se detectó una importante presencia de personas en esta situación es en la avenida 8 de Octubre, especialmente en la zona del Hospital Pasteur.

De los registros de las personas beneficiadas por los dos programas, surge que existe una mayor presencia masculina. En este sentido, en los refugios de emergencia la relación fue de 3 hombres por cada mujer, con la salvedad de que fueron muy pocos los casos de mujeres que quedaron sin cobertura. En cambio, fueron bastante frecuentes los casos de hombres que sólo recibieron alimentos y ropa como parte del operativo.

Un sistema expulsivo

Con relación al 2000, el año pasado se constató un incremento mayor de mujeres asistidas en proporción a los hombres. Según el estudio, este incremento se debió a la coordinación del Instituto Nacional del Menor (Iname), ausente durante la primera experiencia, que facilitó la derivación hacia los refugios de la mayoría de mujeres y núcleos familiares asistidos por el Plan Invierno.

En el caso de las mujeres en situación de calle, además de la falta de empleo o pensiones insuficientes, causas también compartidas por los hombres en esta situación, existen otro elementos asociados a la ruptura de pareja, madres solteras, o la expulsión del núcleo familiar en función del manejo de su sexualidad.

Otro dato revelador es que la presencia de adicciones es prácticamente inexistente en mujeres mayores de 30 años, concentrándose, especialmente el consumo de drogas ilegales, en mujeres por debajo de esa edad.

Distribuido por franjas etarias, existen diferentes factores asociados que inciden en la situación de indigencia.

En el caso de los adultos mayores, personas por encima de los 60 años, las principales causas son la imposibilidad de acceder a los beneficios jubilatorios, sea por falta de papeles que acrediten los años trabajados o por no tener la edad suficiente para recibir una pensión, la desaparición de las estructuras familiares que funcionan como ámbito de continentación y la presencia del alcohol.

En cuanto a la franja etaria de los más jóvenes, que no incluye a menores de edad, a excepción de aquellos que estuvieran al cuidado de sus padres, el relevamiento señala como características comunes la baja calificación para el mercado laboral y la presencia de adicciones a drogas ilegales.

«Esto ha devenido en la ruptura con los vínculos familiares y la pérdida paulatina de los hábitos necesarios para mantenerse en el mercado de trabajo, en el caso que puedan incorporarse al mismo», señala el documento.

En aquellas personas que se encuentran en la franja intermedia, comprendida entre los 25 y 60 años, predomina la pérdida de empleo, la crisis familiar y el alcoholismo.

«Esto no quiere decir», agrega el relevamiento, «que no se presenten casos en los que la inserción en el mercado de trabajo ha estado caracterizada por la inestabilidad casi toda su vida, pero en una buena cantidad de casos la situación de calle se originó por la pérdida de empleo, las dificultades para reinsertarse en un nuevo trabajo, el descenso de ingresos, la dificultad de transformar el rol que se ocupaba en el seno de la familia y el consumo adictivo del alcohol como ‘sostén’ de esas nuevas situaciones no deseadas ni entendidas».

Conclusiones

Con base en los testimonios recabados y al relevamiento realizado por Celiberti y Hein, las principales causas de la pérdida de calidad de vida hasta llegar a la situación de calle obedecen a la situación económica, tanto por la incidencia de elementos coyunturales como por la recesión de los últimos años, como los factores más estructurales de pérdida de puestos de empleo en la industria, sector donde se concentra la mayor cantidad de puestos para trabajadores no calificados.

Si bien no todas las personas inmersas en esta problemática terminan en la calle, algunos consiguen mantener su hogar o se reubican con familiares, quienes no han logrado conservar esas redes de apoyo, la situación se torna por demás difícil.

En este aspecto, el informe expresa que otro elemento fundamental es «la debilidad, o directamente la ausencia de redes de sostén social. Esto opera sobre el telón de fondo de las condiciones económicas, pero afecta de manera diferente según la fortaleza de esas redes. Los más afectados por esta problemática son efectivamente en su mayoría trabajadores de baja calificación o adultos mayores que no han podido acceder a una jubilación o, si lo han hecho, les ha correspondido una jubilación muy pequeña». *

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