Con una mera llamada telefónica se puede recuperar un auto robado
Este sistema, si bien no evita el robo, impide que los ladrones tengan en su poder el coche por mucho tiempo, puesto que en cuanto el propietario descubre el ilícito, hace detener el rodado.
El mecanismo ideado por Rodolfo Lamboglia consta de una caja de dieciséis centímetros de alto, por ocho de ancho y seis de alto. En ella se encuentra una serie de piezas que en caso de desaparición del auto, el dueño pone en funcionamiento al digitar un número –solo conocido por él– desde cualquier teléfono.
Inmediatamente el auto se detiene, suena la alarma y se encienden las luces, lo que puede disuadir al delincuente de consumar el robo.
«La señal se transmite por teléfono, el receptor emite una señal, esa señal activa una serie de piezas que hace todo el mecanismo de apagado de motor, encendido de luces y bocina. El vehículo no sufre ningún tipo de variación, no se le cambia nada. La colocación es sencillísima», narró el inventor a LA REPUBLICA.
Ese vehículo no vuelve a ponerse en marcha hasta que se desactive la alarma. Y esto también se logra por medio de un número marcado en un teléfono, con la opresión de una tecla o simplemente al tocar alguna parte determinada del auto.
Según Lamboglia, a este sistema se lo puede perfeccionar y hacerlo más preciso. Por ejemplo, se puede lograr identificar en qué lugar geográfico se encuentra el auto robado.
El costo de este equipo es similar al de cualquier otra alarma común, que requiere un desembolso de entre doscientos o trescientos dólares, «salvo que se le agreguen elementos para mejorarlo», dice Lamboglia.
El dinero no importa
Explica Lamboglia que el motivo que lo llevó a crear esta alarma fue buscar una solución a los hurtos de vehículos, que cada día parecen ser más frecuentes.
Relata que, hace un mes, se encontraba en su casa de Parque Batlle. En ese lugar, fue involuntario testigo presencial del robo del auto de un amigo. «Sentí una gran impotencia por no poder hacer nada».
A partir de ese momento, empezó a pensar qué hacer. Le costó un poco, ya que le faltaban conocimientos de electrónica, pero con la ayuda de su hermana, fabricó la pieza que quería.
Asegura que lo que vino después fue sencillo. Simplificó cada vez más el sistema y redujo piezas. Al respecto, el inventor uruguayo afirmó que «a menor cantidad de piezas, menos posibilidades de fallas». En un mes la alarma estuvo pronta e instalada en su auto.
Para el mecánico de 48 años, este no es su primer invento, pues desde chico fabricaba cosas novedosas, desde un ril para pescar hasta una alarma para su propia casa.
Revela que su intención con este sistema no es obtener dinero, «si a alguien le interesa se lo vendo. Lo hice pensando en hacer un bien no en comercializarlo. Prefiero que se dedique otro, a mí me gusta arreglar autos». Aunque ya le hicieron varios pedidos.
«Este sistema es muy bueno para el Banco de Seguros, siempre se roban autos caros, no los que valen tres mil dólares».
Cuenta Lamboglia que el invento fue registrado y examinado por un ingeniero que no le encontró errores. Además señala que hasta donde pudo averiguar no existe en otros países un sistema igual. *
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