Prohibido para nostalgicos

"El Capitol"

LUIS GRENE

 

¡Qué tornillo, vecino! El veterano, de gorra y envuelto en su bufanda a cuadritos, apura el paso. Medio bajoneado, chapalea el frío. Anda tristón porque acabó el sueño celeste y por acá la malaria muestra los dientes. Para tirar «pa’ delante» nada mejor que un bailongo de aquellos. Se tira de cabeza por el bulevar Sarandí. Llega a Ituzaingó y Cerrito, flor de cabaret. «El Capitol» no fue famoso pero si elegido por la muchachada laburante en sus garufas. Precios accesibles, buen varieté y lindas minas. Que más, sin andás corto y la noche igual te tira. Una pequeña orquesta típica y un infaltable pianista para acompañar los «números» del show o varieté, como le decían. Suena una milonga, a sacarle viruta al piso, apretando el talle de las copetineras. Ellas esperaban en las mesitas del fondo, cuchicheaban y tomaban un licor que sospechosamente tenía gusto a té. Para sacarlas, los puntos tenían que comprar tiques en el mostrador. Después dependía de vos, de tu pinta y labia. Si eras finoli y tenías carpeta, hasta se arreglaba «algo» para después. Al descansar la orquesta aparecía el solitario pianista. Una música exótica. El foco iluminaba una chica con una serpiente enroscada en sus acalambrantes curvas. Hasta los medios en curda con julepe cuando la piba se arrimaba a las mesas y el oficio sacaba la lengüita. De pronto, el pianista empezaba con música de circo. La muchacha y el bicho se hacían humo. Aparecían tres malabaristas. Bolos y botellas volando por todo el cabaret. Al sonar un pasodoble, rajaban los que hacían piruetas. Una pareja zapataeaba y le daba a las castañuelas. Eran dos artistas, un matrimonio que había llegado escapando de la guerra civil en España. Al final la pista se iluminaba con una novelería en ese tiempo, «la luz negra». En esa fosforecencia, unas infartantes chiquilinas, de falda cortita y muchos collares, se mandaban flor de charleston. El pianista, un capo, de un saque cambiaba los ritmos. Un cálido recuerdo para el salteño Lamarque Pons. Talentoso, había tocado en un cine mudo y ahora laburaba en El Capitol. Ahí está la dueña, la Yoli atrás de la barra. Se acercaba a las mesas y hablando entre polaco y español achicaba las broncas. Bravo ambiente de cafiolos, minas que daban filo y pibes con berretines de galán. Aquel cabaret, melancólica sombra que revive la terca memoria. Las luces del viejo varieté.

Los esperamos sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE con el auspicio de la IMM.

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