El dolor del torno no es el peor
DANIEL MARTINEZ SOTO
«El IVA a la odontología agravará la constante que vemos desde hace años en el país: odontólogos sin trabajo, pacientes sin cobertura, un problema que va más allá de los ámbitos de la Facultad», aseguró el novel decano de dicho centro universitario. El Dr. Alvaro Maglia calificó de «verdadero impuesto a la salud» la decisión del Poder Ejecutivo de gravar con el Impuesto al Valor Agregado la atención bucal.
«Se profundizará la cantidad de pacientes sin cobertura: es una consecuencia inevitable», entendió Maglia, aunque sin descartar otra posibilidad nada atrayente. «Los odontólogos empezaran a bajar sus costos de atención. Pero eso tiene que ver con la calidad de los productos, de los insumos y por ende, con la calidad de atención al paciente».
El escenario en que deben ejercer su profesión los 3.178 odontólogos en ejercicio -sobre un total de casi 4.100 en el país- cambia así ,»para peor», a una situación sanitaria deficiente.
En Uruguay, nueve de cada diez uruguayos tiene algún problema bucal. La enfermedad gingivo periodontal afecta al 87% de los uruguayos: cuando la enfermedad se convierte en «instalada», conocida popularmente como piorrea, los dientes se aflojarán y caerán, a relativamente corto plazo. Más de la tercera parte de los uruguayos tiene piorrea.
A nivel infantil y preadolescente el cuadro es acorde: un 70 por ciento de niños y jovencitos tiene alguna afección.
Duele más que el torno
A los 110 odontólogos que promedialmente se reciben cada año, las perspectivas les son adversas, como a los casi 2.400 alumnos que cursan la Facultad.
La instalación de un nuevo profesional en nuestro medio cuesta -entre sillón odontológico, accesorios, instrumental y medicinas- un mínimo absoluto de 5.000 dólares. Pero allí no queda la cosa: mantener abierto el consultorio es de por sí otra hazaña.
Para establecer el arancel, la Asociación Odontológica calcula en aproximadamente 4.000 pesos el costo de un alquiler para el consultorio.
A ello debe sumarse el pago de la Caja Profesional que, si bien en los tres años posteriores a la graduación es un aporte relativamente bajo, aumenta constantemente: el promedio de la escala se sitúa hoy en los 3.000 pesos mensuales.
El personal auxiliar y de secretaría es otro gasto casi fijo, por más que se lo intente minimizar.
A ello se suman los insumos médicos, agua y luz, y demás gastos de infraestructura.
«En una estimación básica: entre 10.000 y 15.000 es lo mínimo que se necesita por mes para tener un consultorio abierto», afirma el decano odontológico.
Los aumentos en la faz impositiva, que inevitablemente caerán sobre los pacientes, harán a estos aún más imposible acceder a la consulta. Esto deriva inevitablemente en la emigración de odontólogos. Aunque no existen cifras estadísticas se considera que un 3% de los dentistas ya se radicó en el exterior. La intención se multiplicó: en 2001 se solicitaron 165 constataciones de títulos para reválidas en el exterior. En los últimos 18 meses, emigraron 280.
Más prevención, menos dientes
Paradójicamente, los uruguayos han aumentado sensiblemente su prevención en salud bucal. «Es un buen indicador», afirma el decano, considerando que a nivel de las escuelas existe una mucho mayor concientización de los niños que hace unas décadas, sobre prevención odontológica. Aspecto vinculado a destacar, es la evolución marcada por la ciencia en esta materia, mayor conocimiento y la posibilidad que el profesional actúe con mayor especificidad.
«La odontología de cuarenta años atrás era muy poco preventiva, muy mutilante: aún hoy en nuestro país existen programas en algunos organismos que básicamente lo que hacen son actividades odontológicas que siguen siendo mutilantes. Se solucionan por la vía de la extracción cosas que podrían tener alternativas de rehabilitación».
Circunscribió esta opción anticuada a menores costos y, «no necesariamente por políticas equivocadas». Justificó que los odontólogos se enfrentan cada vez más a disyuntivas emergentes de «condiciones sociales o económicas determinantes», debiendo optar por soluciones que «no serían las más indicadas, pero están evitando males mayores». El decano reconoció que aún cuando los odontólogos «ofrezcan alternativas económicas más accesibles al paciente», la deserción de la consulta aumenta. «Decaen los niveles de atención, porque los pacientes no pueden acceder a ella», enfatizó.
La gama de conocimientos que reciben así los estudiantes, alcanza desde las más adelantadas formas de tratamiento, «a formas alternativas que también sean buenas. Lo importante es que en cualquier nivel económico podamos dar una solución de calidad». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad