La producción de biodiesel permitiría crear ocho mil nuevos puestos de trabajo
Aunque varias autoridades han manifestado interés en la producción de biodiesel, los estudios necesarios para determinar su viabilidad económica están pendientes desde el año pasado. Según el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca su producción y consumo evidencia beneficios económicos y ambientales. La aprobación por parte del Senado de un proyecto de ley que lo declara de interés nacional está lejos de facilitar su uso.
El Senado aprobó un proyecto de ley presentado por Jorge Larrañaga que declara de interés nacional la producción de biodiesel en el país. La iniciativa, de tres artículos, deberá ser ahora analizada por la Cámara de Representantes, pero que ésta lo apruebe no implica que el país efectivamente comience a producir el combustible.
El propio proyecto establece que el Estado «analizará la viabilidad, los requerimientos, exigencias y el régimen jurídico aplicable para su producción, distribución y consumo».
La interrogante mayor reside en la ecuación económica, puesto que en todos los países donde se usa, el biodiesel está exonerado de impuestos, condición casi indispensable para hacerlo viable. Sin embargo, entre otras ventajas, su utilización permitiría la creación de 8 mil puestos de trabajo solamente en la etapa de cultivo de la materia prima vegetal.
El biodiesel es un combustible que se elabora a partir de aceite vegetal (de soja, girasol, colza, maní) y alcohol. Puede usarse puro o mezclado con gasoil en motores diesel que no requieren ningún tipo de adaptación. Elaborado por Rudolf Diesel a principios del siglo XX, actualmente es usado entre otros países en Argentina, Brasil, Francia, Alemania, EEUU, Austria, Japón y China. Su consumo sin subsidios se ha visto limitado porque, salvo en excepcionales condiciones de mercado, su precio es superior al del gasoil.
Innovación uruguaya doce años atrás
En 1990, un grupo de ingenieros de Facultad de Ingeniería logró un nivel de investigación en el tema biodiesel que permitió lograr el punto de rendimiento óptimo del combustible e incluso llegaron a diseñar una planta a escala piloto.
Mientras en el mundo el combustible se producía por proceso «batch», los uruguayos innovaron doblemente: aplicando un proceso continuo diseñado por ellos que es único en el mundo y permite abaratar los costos de producción.
Los estudios de 1991 indicaban que el costo del nuevo combustible sería de 0,60 dólares frente a 0,44 dólares del gasoil. Sin embargo, esos valores fueron calculados para una sustitución de solamente el 2,5% del consumo del gasoil. Los números diferirían si se incrementara la producción de oleaginosos.
En aquel momento el proyecto fue presentado a Ancap, que lo desestimó por considerarlo no rentable.
A comienzos de 2001, tomaba estado público que el presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti, había expresado al gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, su interés por incorporar al país la producción del combustible que en aquella provincia se usa con éxito. Incluso, se llegó a firmar un convenio con el LATU, con el objetivo de concretar desde la provincia argentina, la transferencia de tecnología que permitiera elaborar el combustible.
Poco después, los ingenieros uruguayos comenzaron a salir a los medios a manifestar que en realidad en nuestro país estaban todos los elementos técnicos para producirlo aquí. En reiteradas oportunidades los técnicos solicitaron entrevistas con el presidente de Ancap Jorge Sanguinetti, pero nunca fueron recibidos por el jerarca.
De todas formas, según Gonzalo Souto, técnico de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria del MGAP, el tema despertó «interés del gobierno» y a principios de 2001 se conformó una Comisión Intergubernamental integrada por los ministerios de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, MIEM, MGAP y Ancap para estudiar la viabilidad del combustible en nuestro país. En octubre de 2001 Souto había anunciado a LA REPUBLICA que dicha comisión firmaría un convenio con la Universidad de la República para realizar un análisis económico completo. Según Alicia Raffaele, una de las ingenieras que realizó la propuesta a Ancap en 1991, el año pasado se le pidió a la Universidad de la República que presentara un estudio de prefactibilidad del uso del combustible pero tampoco esta vez los técnicos recibieron respuesta alguna.
Consultado por LA REPUBLICA, Souto dijo ignorar los motivos por los cuales no se dio respuesta a la propuesta universitaria solicitada por las propias autoridades.
La ecuación económica
Según el documento «Evaluación de la producción y Consumo de Biodiesel en Uruguay», elaborado por el MGAP en marzo de 2001, «la producción y consumo de biodiesel evidencia beneficios económicos y ambientales. No obstante, su viabilidad como sustituto del gasoil está estrechamente asociada con los precios de las materias primas de ambos combustibles, aceites vegetales y petróleo respectivamente».
En aquel momento, la relación entre los precios del petróleo y los aceites vegetales era «totalmente atípica, puesto que se daba la ocurrencia simultánea de los precios externos más altos de la última década para el petróleo y los más bajos para el mismo período en el caso de los aceites vegetales», por lo cual los costos de producción del biodiesel eran similares a los del gas oil.
Según el documento, esa similitud tiene lugar solamente en esas condiciones «inusuales», puesto que las mismas son «remotas en situaciones de mercado más normales». De todas formas, «el análisis de las externalidades positivas asociadas a esta actividad contribuyen en forma relevante a neutralizar ese mayor costo».
Tomando en cuenta los precios de producción de gasoil y de biodiesel, según Souto, las condiciones actuales son «relativamente peores, porque subió un poco el aceite aunque el petróleo se mantiene alto». Agregó que «la pregunta que hay que responder es si considerando todas las ventajas que implica el uso del biodiesel, la ecuación económica cierra».
Según Raffaele, utilizando el girasol como materia prima, si se sustituyera el 20% del consumo del gasoil por biodiesel, sólo de mano de obra directa, en el período de cultivo se generarían 8.000 puestos de trabajo en el agro, puesto que habría que aumentar el área de cultivo de 50 mil a 400 mil hectáreas.
Asimismo destacó que «también podemos pensar en el ahorro de divisas, ya que no hay que pagar dólares al exterior para importar petróleo». Dicho ahorro alcanzaría U$S 40 millones de dólares anuales. La técnica estima que en caso de que se subsidie la producción de biodiesel, lo que el Estado deja de recaudar por concepto de impuestos «lo gana por el lado de tener 8 mil personas más trabajando. Hay que comprar insumos, maquinaria, transporte, pero todo paga IVA y otros impuestos». Asimismo, «si encontráramos mercados para vender glicerina –que se origina en el proceso de producción– los costos disminuirían».
Las ventajas
El estudio del MGAP señala que los beneficios indirectos o externalidades derivados del uso del biodiesel incluyen: menor dependencia de fuentes no renovables de energía, impactos macroeconómicos de la expansión de la actividad de la cadena oleaginosa, incremento de la recaudación por los tributos indirectos de la superficie adicional de cultivos oleaginosos, impactos sobre el sistema agrícola-ganadero, mitigación del cambio climático y ahorro de divisas por la reducción de las necesidades de importación de gasoil.
Raffaele destaca como una de las principales ventajas la generación de «una cadena de producciÃ
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