Recuperando el patio trasero
La actual visita del secretario asistente del Departamento de Estado, Otto Reich, a Bogotá, subraya la importancia del triunfo de Uribe y el afán del gobierno de Bush II, de terminar con la «amenaza» bolivariana en su patio trasero.
El golpe de Estado contra el proceso bolivariano ha dejado al gobierno venezolano en una situación de enorme debilidad que le ha quitado la posibilidad de jugar un papel protagónico en la integración latinoamericana y en la resistencia frente al proyecto hegemónico estadounidense que se instrumenta a través del Ãrea de Libre Comercio de las América (ALCA) y el Plan Colombia. El error de la vanguardia de aprovechar el fracasado coup d état para adecuar el sistema de conducción del proceso a los desafíos presentados por la contrarrevolución interna y Washington, ha dejado al gobierno esencialmente indefenso ante los desestabilizadores.
La pérdida de autoridad estatal y credibilidad movimentista ante la impune fuga de los conspiradores Pedro Carmona y del contralmirante Carlos Molina; la creciente crisis económica que ha obligado a aumentar los impuestos y buscar financiamiento externo a través del Banco Mundial y la banca privada, por un volumen de 3.5 mil millones de dólares; un déficit fiscal que podría alcanzar el 9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y una tasa de inflación probablemente superior al 25 por ciento durante 2002, han reducido los márgenes de maniobra del gabinete a virtualmente cero. Y ante la incesante campaña de desestabilización de la oposición, la posibilidad de elecciones anticipadas es real.
En Ecuador, la gran esperanza bolivariana construida con el levantamiento indígena-popular-militar de enero del 2001, tampoco ha podido consolidarse. Una política convencional de búsqueda de poderes y prebendas personales domina la praxis preelectoral de las fuerzas mencionadas, que oscilan constantemente entre coaliciones de centroderecha y centroizquierda, orientadas por cálculos pragmáticos y sin horizonte programático de un cambio plausible, que pudiera convencer a los de abajo de movilizarse en un frente amplio de defensa y desarrollo de la patria. Su proyecto de nación es el de los partidos tradicionales y el precio de este oportunismo y falta de principios lo pagarán en las elecciones de fin de año.
La victoria electoral del candidato presidencial de Washington en Colombia, Alvaro Uribe, es el tercer triunfo del gobierno de Bush II en los países andinos, y del arquitecto de su política latinoamericana, Otto Reich.
Reich, quien había aprendido el arte de la guerra sucia dentro del gobierno de Ronald Reagan en su agresión contra los movimientos populares centroamericanos, emuló las experiencias de los años ochenta, construyendo grandes plataformas internacionales contra el gobierno de Hugo Chávez y la guerrilla colombiana que llevaron a la derecha neoliberal temporalmente al poder en Caracas, y definitivamente en Bogota.
El apoyo a Uribe, por ejemplo, incluye a la oligarquía colombiana, a los escuadrones de la muerte (paramilitares), a la contrarrevolución latinoamericana organizada en la Florida, a la Organización de Estados Americanos(OEA) y, como centro organizador, a la Casa Blanca. La embajadora de Estados Unidos en Bogotá, Anne Patterson, estuvo tan entusiasmada con la victoria de su candidato que congratuló personalmente a Uribe aun antes de haberse terminado el conteo de los votos. No menos entusiasmados se mostraron los escuadrones de la muerte, cuyo máximo jefe militar, Salvatore Mancuso, elogió en su página de internet a Uribe como un «digno presidente». Para el presidente colombiano en funciones, Andrés Pastrana, quien había calificado al golpista venezolano Pedro Carmona durante su presidencia de un día, como «un gran amigo de Colombia», los comicios fueron «el triunfo de la paz»; y el secretario de la OEA, César Gaviria, cree que la elección de Uribe abre «una época de esperanza», porque el presidente electo «cree en una política de diálogo y negociación». También en el sur de la Florida, donde vive la mayor comunidad de colombianos en el exterior, Uribe arrasó, obteniendo más del 90 por ciento de los votos.
Colombia es, actualmente, el tercer mayor receptor de ayuda estadounidense a nivel mundial y la visita de Reich llevará, sin duda, a nuevos apoyos. Los 1.3 mil millones de dólares del Plan Colombia están siendo redirigidos a la guerra contra la guerrilla y dos propuestas adicionales por 143 millones de dólares están pendientes ante el Congreso de Estados Unidos. «Lo fundamental es mejorar el Plan Colombia», dice el presidente «del diálogo», y enfatiza que su ejército necesita «helicópteros, aviación, satélite, asistencia técnica, presupuesto y tecnología» de Estados Unidos. Y dirigiéndose a su vecino Ecuador demanda, que las tropas ecuatorianas sellen la frontera con Colombia y autoricen el uso de la base aérea de Manta contra la guerrilla.
Sin duda, Bush II ha encontrado un Sharon criollo que le será tan útil en la destrucción de las luchas de liberación nacional en América Latina, como el de Medio Oriente. *
(*) Doctorado en Ciencias Sociales y Económicas en la República Federal Alemana
Heinz Dieterich es profesor titular en la Universidad Autónoma y Metropolitana de México
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