Hoy Juceca

Uruguay-Dinamarca: estaba visto

Escribe: Julio Cesar Castro

 

Era previsible. Por más que en el fútbol no hay lógica, y tal vez por eso mismo, el resultado del partido entre Uruguay y Dinamarca, era, para mí, previsible. No quiero decir con esto que yo sea un tipo previsor ni que tenga poderes. He dicho «previsor», es decir precavido, cauto. Claro que a uno siempre lo pueden agarrar desprevenido, como aquella vez que me cité con la Martha junto al lago del Parque Rodó, en la puerta misma del Castillo.

Que la Martha andaba media entreverada con el Marito Curbelo y parece que el Marito se dio cuenta de que la Martha andaba en algo. Que la Martha –lo supe mucho después– algo olfateó, porque el Marito la noche antes le hizo un par de preguntas desacostumbradas, porque viste que según la pregunta que te hagan vos te das cuenta por dónde puede venir la cosa. Pero ella olfateó y nada más, no le dio mucha importancia, porque al final de cuentas con el Marito no tenía nada serio, nada formal, ningún compromiso. Pero vos viste cómo es el Marito, ¿No viste? Te cuento. El Marito es un inseguro. Tiene pinta, tiene labia y además no le falta ni un diente ni una muela y entonces se puede reír como se le antoja. Pero fijate una cosa: todas las novias que tuvo, que no fueron muchas pero las tuvo, se le fueron con otro. Y siempre el otro era un tipo que el Marito admiraba tanto, pero tanto, que le contaba a la novia lo fenómeno que era el otro, y claro, a la muchacha se le despertaba el bichito de la curiosidad y se arreglaba con el otro.

Que la mayor parte de las veces el otro era uno soquete de cuarta, te diré. La cosa que el Marito olfateó que la Martha andaba en algo, capaz que se acordó que una vez la habló bien de mí, y averiguó no sé qué ni con quién, y resulta que yo estoy parado en la puerta del castillo, como un rey, y veo venir un bote desde la isla esa que hay en el medio del lago, con cuatro tipos el bote. ¿Tiene que llamarme la atención un bote en el lago del Parque Rodó? Para nada. ¿Puedo imaginarme yo que uno que viene medio agachado es el Marito?

De ninguna manera. Entonces me agarraron desprevenido, me metieron en el castillo, me subieron a una torre, me ataron con alambre y me dejaron hasta el domingo que vinieron de visita de una escuela y los botijas creyeron que yo era parte del programa y me hacían preguntas para una redacción. Esa vez, reconozco que no supe prever lo que podía pasar con el Marito. Pero con el partido Uruguay-Dinamarca sí. No porque yo sea un fenómeno, pero francamente, para mí, era previsible. *

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