Al Planetario no le quedan ni estrellas
El Planetario Municipal, el primero en Iberoamérica, fue orgullo continental cuando se fundó, en 1954. Hoy, los técnicos visitantes se admiran por la capacidad técnica de los uruguayos para mantener operativa esta reliquia del mundo de la astronomía.
Salvo la donación de accesorios que efectuó Japón en 1997, el Planetario carece de adelanto alguno.
El Planetario carece de doctores en Astronomía o cuando menos de licenciados: cuenta con tres docentes, sólo uno de ellos egresado del Instituto de Profesores Artigas. El sueldo más alto es de $ 11.000 mensuales nominales. Tampoco existen llamados a concurso de personal idóneo. Su biblioteca está atrasada al menos quince años.
Así, el Planetario ha dejado de ser un referente de la cultura local, como lo es en cualquier país civilizado.
Los escolares más que asombrarse se aburren. La actualización de los programas a exhibir aparece arcaica, como película en blanco y negro que debiera competir con la actual televisión.
Lo más lamentable –según los docentes consultados– es la reciente citatoria para charlas sobre temas como «angeleología», dando por tierra –sin eufemismo alguno– con una tradición científica seria que mantuvo el centro durante casi medio siglo. *
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