Los dolores de los médicos
«Estos son los deberes del médico: primero… curar su mente y darse ayuda a sí mismo antes que a ningún otro».
Médico griego en Atenas, 2 a.C.
Sufrimiento, agonía y muerte componen el trabajo diario de los médicos. Prolongar la vida o facilitar la muerte inevitable son situaciones frecuentes de la práctica profesional.
Esta responsabilidad no es asumida por todos los galenos de la misma forma.
El estrés y determinadas características sicológicas de la persona, pueden hacerla víctima de una enfermedad conocida como Síndrome de Burn Out, palabra tomada del inglés que significa «quemado».
Esta se presenta a través de diferentes síntomas, como desmotivación, cansancio, ansiedad y depresión.
Los principales planos en los que incide son la capacidad laboral y las relaciones sociales y familiares.
A modo de prevención, en los últimos tiempos se tomaron diferentes medidas y algunos estudios señalan a la terapia como uno de los principales tratamientos para quienes la padecen.
Con altos ideales humanitarios inicia generalmente un médico su carrera profesional. Pero a lo largo del desempeño de la profesión deberá enfrentarse a situaciones pocas veces tenidas en cuenta anteriormente y para las que generalmente no se encuentra preparado.
Esto puede derivar en una total antipatía o falta de interés en la labor, rechazo a los pacientes o fabricarse una caparazón que a la vez que lo protege del dolor lo aleja de la profesión.
La enfermedad del «quemado» no sólo se presenta en médicos, también en enfermeros, anestesistas, asistentes sociales, psicólogos y todos aquellos trabajadores que están estrechamente relacionados con situaciones difíciles y cerca de la muerte.
Mito y realidad
Varios profesionales consultados por LA REPUBLICA, acerca de la enfermedad, opinan que no es un mal frecuente, aunque hay médicos que la padecen. Y atribuyen a ella diferentes causas, que no siempre tienen que ver con la práctica médica.
Según el profesor Humberto Correa, médico intensivista del Hospital Italiano, en todo lo que refiere al Síndrome de Burn Out existen muchos mitos.
«Es algo que no ocurre a todos los médicos, pocos son los que no soportan las situaciones de gravedad. Generalmente a lo largo de la carrera uno genera defensas frente al dolor y a las cosas irritantes o sensibilizantes. El médico siente pena, se conmueve ante determinadas situaciones, pero tiene que actuar y le quita afectividad al problema. Hay otros factores que no pasan por el contacto con la muerte y el sufrimiento y también llegan a desgastar al profesional. Son, por ejemplo, los efectos del cansancio y el trabajo en malas condiciones.
El doctor Ricardo Bernardi, profesor de Psicología Médica del Hospital de Clínicas, coincide con el profesor Correa, en cuanto a que el Burn Out no es una afección que padezcan frecuentemente los galenos, aunque afirma que hay casos en los que se da.
«Hay situaciones que implican una recarga para el médico, en donde actúan dos componentes muy importantes. Por un lado la angustia que implica tomar decisiones difíciles que exponen al sufrimiento o al fracaso y por otra parte influyen las condiciones de trabajo y la personalidad o características sicológicas de cada uno. Enfrentar situaciones desgastantes es frecuente en la profesión, lo que no se puede afirmar es que se aparezca habitualmente el Burn Out.
La profesora Vilma Belsarena del Centro Nacional de Quemados (Cenaque), a cargo de un programa preventivo a nivel primario del síndrome, opina que el equipo de profesionales del Centro, está en contacto con un alto componente ansioso e individual y que cada uno sufre de una manera distinta al enfrentarse a un paciente extremadamente dolorido. «Hay casos en los que el profesional toma una distancia excesiva del paciente, se irrita por las conductas de éste o se deprime. Estos índices demuestran que la persona está estresada y puede ser atacada por un cuadro de Burn Out».
Las señales
Para reconocer los síntomas que pueden desencadenar en estrés o en Burn Out, existen determinadas señales, que se presentan a nivel psíquico o físico. Entre ellos se percibe por parte del afectado o del equipo de trabajo que lo rodea, ansiedad, depresión, sentimientos de sobrecarga, agotamiento, apatía, desesperanza, cefaleas, trastornos gastrointestinales, incontinencia verbal, extensas e ineficientes jornadas de trabajo, hábitos de sueño, ruptura de las relaciones familiares, pérdida de memoria y falta de concentración.
El doctor Norberto Glisenti, asistente por Psicología Médica del Cenaque, asegura que la detección de estas señales por parte del equipo se logra por la presencia constante de los profesionales a cargo en el área y a partir de ella se implementa toda la ayuda de la que se dispone.
Ante el diagnóstico
Buscar ayuda cuando se está frente a un episodio de estrés o enfermedad, se siente a nivel profesional muchas veces como un fracaso o falla personal. Además, el estigma de encontrarse afectado por un desequilibrio siquiátrico aleja al médico de buscar atención. Otro factor de peso a la hora de pedir asistencia es la humillación o quedar al descubierto ante colegas o superiores.
El programa de prevención del Cenaque, opera a nivel primario a modo de evitar que los profesionales lleguen a padecer estrés o Burn Out. Para ello apoyan a los miembros de dicho equipo de diferentes maneras. Fortalecen el conocimiento acerca del paciente, enseñan a manejar determinadas situaciones, plantean discusiones sobre temas específicos que algunas veces aparecen en los pacientes y que generan malestar y aprenden a detectar alteraciones siquiátricas en los pacientes, para que no se generen huidas.
En el Cenaque, se elaboró además, una medición, tomando diferentes escalas para evaluar el nivel del Burn Out de los profesionales. Las escalas tomadas midieron la situación de trabajo, de estrés laboral y de Burn Out. Los resultados obtenidos de ese estudio indican que la tarea preventiva fue exitosa.
Según el doctor Correa la prevención también pasa por una responsabilidad personal y explica que cada profesional debe tomar medidas de prevención. Entre ellas destaca el descanso, la combinación de las tareas diarias con deportes o actividades relajantes y el sostén de las relaciones familiares y sociales.
«Toda actividad produce estrés y en esta profesión es necesario cuidarse, hay que aprender a convivir con el estrés y tener otras salidas, para mantener el equilibrio».
En el departamento de Psicología Médica del Hospital de Clínicas se trabaja en equipo a modo de crear mejores condiciones y los problemas se manejan en grupo. Ante algún trastorno se busca redistribuir el trabajo, se brinda apoyo y se revisa el esquema mental de cada uno. Bernardi considera que de ese modo se ayuda a prevenir.
Consciente o inconsciente
En los casos en los que la prevención personal y el apoyo del equipo de trabajo no fueron suficientes, y el médico padece la enfermedad, las alternativas son variadas.
En primer lugar hay que tener en cuenta que quien sufre el desequilibrio no siempre es consciente de ello. A veces lo es parcialmente y otras veces es totalmente inconsciente de lo que le ocurre.
En ambos casos para ayudarlo está el equipo a cargo del departamento en el cual se desempeña la actividad. Cuando la asistencia prestada por él no es suficiente y los síntomas perduran, lo más aconsejable es recurrir a psicoterapia. Esta se realiza fuera de la institución, corre por cuenta del médico que la necesita y puede durar meses o año
s. En muy pocas ocasiones culmina con el alejamiento de la profesión.
A veces se prescriben psicofármacos para tratar los casos de depresión mayor.
La terapia familiar y de pareja puede ayudar en las relaciones familiares, ya que éstas son la mayor fuente de apoyo frente al estrés de la práctica médica. Y otro punto a tener en cuenta a la hora de buscar soluciones, son las reuniones de autoconocimiento que se realizan entre profesionales y que posibilitan compartir experiencias y reacciones entre colegas.
«Uno se abstrae, si no sería imposible. Hay que compenetrarse en lo que se hace y lo demás no se oye. Acostumbrarse a sentir el dolor, sin que impida seguir con el trabajo, hacerse una caparazón que permita contenerse.
A veces se experimenta mucho dolor y es lógico, se saca a la persona de un paro cardíaco por ejemplo, y eso reconforta, pero si se muere… el trabajo sigue, se va con otro paciente y no hay tiempo para parar unos días. A la hora de irse a dormir se siente, se piensa en la familia, los hijos, se recuerda todo», relata el doctor Carlos Pan, intensivista y médico de una emergencia móvil. *
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