Tiene la palabra
El servicio de taxis visto por un usuario frecuente
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El artículo por ustedes publicado en relación a la situación de los taxis en Montevideo, pagina 28, 2ª Sección, día 15 febrero, digo que hago las siguientes precisiones.
He investigado un poco en lo referente al uso, ganancia, rendimiento, y me enteré de algunas cosas que a continuación detallo:
1) Efectivamente el sector perdió un 42% de uso en el último semestre, pero quisiera agregar algo más, ha perdido desde hace más de 2 años y seguirá perdiendo si se sigue utilizando la misma política de ofrecerle al consumidor cada vez menos por lo que paga.
a) Autos pequeños, un señor de 1 metro 80 no puede ir en los asientos traseros porque no entra, no considero válido el tema de la mampara la cual considero necesaria, pero no podrían permitir que utilizaran servicios de autos tan pequeños y si los hay habría que investigar qué hay detrás de la compra y por qué esa gremial aconsejó comprar autos pequeños.
Comprar un vehículo para poder trabajar como taxi cuesta entre 60.000 a 80.000 dólares. En Argentina, Chile, Brasil, cuestan entre US$ 20.000 y 25.000.
b) Choferes mal vestidos sin la corrección que se necesita (lo que antes era el orgullo de Montevideo) hoy solamente es comparable a los países menos desarrollados. En otros departamentos los uruguayos tienen que estar orgullosos del nivel de servicio.
c) Tarifas, en Montevideo, es el único lugar donde se cobra más cuando menos se trabaja, seguramente la gremial tendrá un argumento, que las tarifas no la aprueban ellos, sino el ministerio que corresponda, si es así habría que estudiar el espíritu con que fue creada, y si no es aplicable en el momento, se tendría que dejar sin efecto.
Sobre el cambio de no aumentar la tarifa, el señor Presidente que no tengo el gusto de conocer, expone un argumento no válido, y paso a detallar por qué entiendo no válido.
Un taxi de promedio en el año recauda entre $ 35.000 a 45.000 por mes teniendo un gasto en un momento expuesto por la gremial de $ 560 por día, eso daría un gasto total del vehículo de $ 16.800 incluyendo todos los gastos, calculando que se paga el 27% de comisión, daría $ 12.690 de salarios los 2 turnos, daría un total de $ 29.490 que restado al promedio de $ 40.000 quedaría una ganancia líquida de $ 10.510 que en dólares serían como unos US$ 750 lo que significa en modo grueso una rentabilidad de 1.25 % mensual del capital invertido.
No es una mala rentabilidad para no trabajar así que el argumento de negociar no es suficiente.
Sobre la rebaja de las comisiones a los trabajadores, bueno, eso nos lleva a pensar que algún problema hay, no podría afirmar que hay choferes que firman un salario o cobran otro, que a las señoras que quieran trabajar de choferes en los taxis les ofrecen 18% de comisión solamente, y que hay mucha gente en negro no lo podría afirmar, pero seguramente ustedes en su periódico tendrían los métodos idóneos producto de vuestras investigaciones para poder corroborarlo.
Sobre la pérdida de empleo, es absolutamente cierto, pero ¿quién fue perdió que los puestos de trabajo?, ¿los trabajadores, o se los hicieron perder los dueños de los taxis, que lo único que buscaban era rendimiento sin pensar en el consumidor?
Creo que he sido bastante extenso en mi carta, pero no quisiera dejar de mencionar lo siguiente, cuando la IMM otorgó los primeros permisos de taxis, éstos fueron con el criterio de tener un servicio público de carácter privado.
Hoy la realidad marca algo diferente, hay empresas administradoras de taxis, señores privados que tienen más de 20, 30 y 40 taxis. No creo que eso sea bueno.
Utilizo el taxi en Montevideo pero estoy ahora usando remises por ser un servicio más económico y más digno de esa ciudad.
C. T.
De jerarcas hablamos
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Se dice que la costumbre de fumar en pipa hace finalmente la boca a un lado de la cara. Y esto acontece con muchas costumbres del género humano; costumbres que se manifiestan en actos físicos, como también en factores determinantes del pensamiento, volcados en nuestra dicción o en nuestra forma de trasmitirlo. Hacemos una realidad cotidiana de todo ello, quitándole o dándole más valores a los originarios.
He visitado América Latina (por razones de trabajo) durante 30 años. He leído y hablado castellano en forma total con diferentes acentos, dependiendo del país que estoy visitando. Muy pocas veces tuve ocasión de oír la palabra jerarca, y si ello ocurrió, la he oído aplicada en su real valor.
Jerarca, según el Diccionario Enciclopédico, determina como Superior en el mandato.
Según la Iglesia se atribuye este título entre los diversos coros de los ángeles. La razón de ello comienza con Jesucristo, que calificaba de jerarcas a los apóstoles que oían y llevaban la palabra de él a los pueblos.
En las sociedades e instituciones democráticas actuales, casi han desaparecido las jerarquías como situaciones de categorías privilegiadas; pueden existir con su justo valor aplicable a presidente, ministros o dignidades respetadas constitucionalmente por el pueblo. Por ello, no es aceptable que se aplique la denominación de jerarca a cualquier «Don Nadie» que detente un cargo con cierto nivel de mando, sobre 2 o 4 personas como obedientes siervos.
Tanto radio como televisión y diarios, usan y abusan del calificativo jerarca, como lo más fácil de determinar ciertos grados de mandato, olvidando la dignidad y origen de la palabra.
Creo que la palabra jerarca que califica de enaltecedora, otorga un alto grado de vanidad a aquellos que apenas asoman la nariz sobre la generalidad del pueblo.
Hace algunos días he visto la palabra jerarca en un diario, aplicada a un comisario envuelto en problemas con la Justicia.
Finalmente y de acuerdo con los informes de radio, televisión y diario aplicando la palabra jerarca también comprende a Rambo y su mandato sobre 5 presos.
Muy lejos ha quedado Jesús y sus apóstoles.
MASHIRA – C.I. 971-075-5
Beneficios de legisladores
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* «Sean los orientales tan ilustrados como valientes». José G. Artigas. Buenísima la frase y el pensamiento del prócer de la patria. Es por todos sabido que los señores legisladores, además de sus sueldos, gozan de pequeñitos beneficios adicionales. Hace bastante tiempo, reiteradas veces, salta sobre «el tapete» que se modificó tal y/o cual «beneficio». Y siempre aparece una y otra vez, el mismo tema, o no se resuelve «o resucita». (No creo en fantasmas). Otra vez se habla de reducir gastos de diarios, revistas, publicaciones y otros. Tanta es la avidez de «estar al día con la información», que llegan incluso a cobrar por diarios inexistentes. Se cita como ejemplo «El Diario». (Esta información apareció en prensa escrita del día 13/02/2002).
Yo tengo dificultades para comprarme mi diario (todos los días) y resulta que pago mi cuota parte para que otro, tan mortal como yo, lea «de arriba». ¿Somos o no somos iguales? ¿Hay ciudadanos de primera y de segunda? Las empresas periodísticas tienen asignados ejemplares de propaganda (obsequio) gratuitos para determinadas instituciones. Pedido escrito mediante puede solicitarse por los le
gisladores; y se verá disminuido el «gasto». Mírese y obsérvese, que estamos en 2002, en brutal crisis y profunda recesión. Comunicación telefónica «local, interior, internacional», corren raudos por la misma senda. (Caminante… se hace… al andar. A. Machado) Para terminar mi carta, me resulta agradable ver la solidaridad de todos los legisladores. De todo partido, color, bandera. Unidad absoluta. Todos aceptan «los beneficios». Me remito a la frase del comienzo. Todos quieren ser ilustrados y demuestran serlo. Además de tener para ello, gran valentía.
Cordiales saludos.
CARMI RAUCH – CI: 866.784-6
Batlle: del dicho al hecho
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Hace poco nuestro presidente Batlle tenía viento en la camiseta y parecía que estaba dispuesto a impulsar grandes cambios para el país. O al menos es lo que indicaban las señales que enviaba a la sociedad.
Hubo un gran debate en el que se discutieron los salarios públicos y el primer magistrado tuvo la iniciativa de ordenar la publicación en Internet de esos salarios.
Cundió el ejemplo, la mayoría de los organismos estatales hicieron lo propio en sus páginas web. La pregunta es: ¿eso era todo? ¿La intención se limitaba a que los uruguayos supiéramos cuánto le pagamos, de nuestro bolsillo, al portero del Banco República? ¿A que todos aspiráramos a convertirnos en lavacoches del BSE?
Hoy nos están imponiendo un nuevo paquete fiscal. Hay que ajustar dicen, y los socios de la coalición de gobierno empuñan la tijera para recortar este Estado gordo que ellos mismos construyeron a lo largo de décadas de clientelismo.
Pero no alcanza, así que también habrá que ponerle impuesto a las bananas, a las llamadas internacionales, a las loterías, en fin: para que sigan pagando los únicos que pagan impuestos en este país.
Sin embargo en este paquetazo de «responsabilidad fiscal» no se han tenido noticias de que vaya a haber una revisión «responsable» de esos salarios públicos que ahora todos conocemos y que en muchos casos no se corresponden a la nueva realidad.
¿Cuántos porteros, cuántos lavacoches, cuántos «noquis» vamos a seguir sosteniendo? ¿Hasta cuándo, señor Presidente?
MARCELO ORNSTEIN
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