Mercenarios: un paso adelante

Llegan buenas noticias desde Nueva York. Y ellas se deben a que el pasado 20 de octubre entró en vigor la Convención Internacional contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y el entrenamiento de mercenarios. Pese a que había sido adoptada por la Asamblea General en 1989, sólo ahora tendrá carácter vinculante para los iniciales veintidós estados rubricantes.

Miércoles 20 de febrero de 2002 | 12:00
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MARTIN LOZADA *

 

La necesidad de contar con este instrumento ya había sido reiteradamente expuesta. Sobre todo luego de los atentados terroristas del 11 de setiembre, ya que varias de las hipótesis investigativas incluyen la participación, en alguna de sus etapas preparatorias, de personal contratado al efecto.

El artículo 1 de la Convención define al mercenario como toda persona que “haya sido especialmente reclutada, localmente o en el extranjero, para combatir en un conflicto armado… Que tome parte en las hostilidades, animada esencialmente por el deseo de obtener un provecho personal y a la que se haga efectivamente la promesa, por una parte en conflicto, o en nombre de ella, de una retribución material….”.

Dicha definición se extiende a quienes participen de actos concertados de violencia con el propósito de derrocar a un gobierno, socavar de alguna otra manera el orden constitucional, o atentar contra la, integridad territorial de un Estado. El relator especial de la Comisión de Derechos Humanos ha alertado reiteradamente sobre el uso de mercenarios en Africa, especialmente en Angola, Liberia, Sierra Leona y Guinea. Se trata de países ricos en piedras preciosas y petróleo, donde los señores de la guerra y los intereses foráneos representados por multinacionales extranjeras se valen de estos agentes a fin de apoderarse de los recursos, verdaderos botines de guerra del feudalismo regional.

Sin embargo los mercenarios ya no son lo que eran. O al menos, no lo parecen. Revisten ahora la forma de verdaderas corporaciones internacionales que ofertan sus servicios en Internet. Entre aquellos cabe contar a las dotaciones de soldados altamente experimentados, los helicópteros de transporte armados y una amplia gama de tecnología de combate nocturno, así como expertos en campañas psicológicas de coacción y acoso.

Estas firmas tienen su sede en las principales ciudades del mundo y entre sus miembros se encuentran destacados ex miembros de ejércitos nacionales de excelente formación militar. Y si bien la empresa colonial europea desarrollada entre los siglos XVI y XX contó con fuerzas militares privadas, lo cierto es que estas corporaciones de la guerra cuentan, a su vez, con orígenes cercanos.

Así lo destaca el politólogo Carlos Escudé, autor de un trabajo titulado”Mercenarios del fin del milenio: Estados Unidos, Europa y la proliferación de servicios militares privados”, para quien la actual oferta de servicios militares responde a circunstancias históricas específicas.

Concretamente, la finalización de la Guerra Fría y la reducción de la participación de las superpotencias en los conflictos locales abrieron un espacio por el cual se introdujo el recurso bélico privado.

Al compás de la internacionalización de la economía y en el marco de estados fallidos, incapaces de cumplimentar los fines y las funciones de gobierno general, las guerras de matriz ideológica dejaron paso a otras suscitadas por el control y el dominio de las riquezas minerales. Este proceso, señala Escudé, facilitó el resurgimiento del mundo corporativo en el negocio de las guerras africanas y de otras regiones del Tercer Mundo.

Según el periódico británico “The Times”, la mayor concentración mundial de estas “empresas de servicios militares privados” –eufemismo para maquillar a los mercenarios de siempre– tiene su sede en Londres.

Allí operan diez organizaciones con contratos extranjeros que alcanzan montos varias veces millonarios y con una disponibilidad de unos 800 efectivos aproximadamente.

Y por cierto que la enunciación de la norma jurídica no constituye, por sí sola, la solución para la recurrente presencia mercenaria en los conflictos armados del siglo XXI. Sin embargo, tal como sostiene el prestigioso profesor de derecho internacional de la Universidad de Europa en Florencia, Antonio Cassese, muchas normas jurídicas poseen efectos que van más allá de su inmediata operatividad como reglas de comportamiento. Poseen un halo ético-político destinado a producir ramificaciones en campos imprevisibles.

Sobre todo, destaca Cassese, pueden actuar en la esfera psicológica y moral, creando un nuevo ethos en la comunidad internacional, así como nuevas expectativas por parte de los estados, los pueblos e individuos. Que así se produzca en el delicado campo de los conflictos armados motivados por la rapiña y el lucro, constituye un significativo paso hacia la consolidación del orden público internacional.

Más aun teniendo en cuenta que en el nuevo siglo las guerras no serán, como en los anteriores, protagonizadas tan sólo por ejércitos nacionales, sino también por facciones que es necesario alcanzar a través del sistema legal. *

* Martín Lozada es profesor de Derecho Internacional – Universidad Fasta- San Carlos de Bariloche ­ Argentina (Servicio Informativo Alai-Amlatina)

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