Ideario
Escribe: Horacio Buscaglia
Yo siempre he admirado a esa gente que asegura que puede ponerse en el lugar del otro para poder juzgarlo.
Lo que es yo, lo he intentado varías veces y cada vez que me parece que lo voy a lograr resulta que cuando me instalo en su lugar, el otro está enfrente de mi o está a mi lado. Yo insisto en que aquella famosa ley de la física que asegura que un cuerpo no puede ocupar el espacio que ocupa otro, dificulta esta cuestión de ponerse en el lugar del otro, porque hasta las ideas ocupan espacio ya que aquello de que «el saber no ocupa lugar» debe haber sido dicho por algún ignorante que nunca tuvo más de 50 libros para acomodar en su casa.
Que las ideas ocupan un lugar puede comprobarse fácilmente ya que cuando uno se encuentra con una persona que tiene una idea en la cabeza es muy difícil que le entre otra.
Además, las ideas son muy «de la casa», de quedarse, no son de andar saliendo por ahí y «no sé a que hora vuelvo, eh». En cuanto aparece otra que, a los codazos, quiere quitarle el lugar, la idea se defiende con uñas y dientes. Y hay ideas que son feroces, che. Antropófagas, algunas de ellas. Y si vos le arrimás alguna otra idea seductora, de esas que poquito a poco, suavemente y con buen modo, van ganándose un espacio, la tipa –la idea, digo– se pone mimosa: «que sí pero no», «que vas a pensar que soy una cualquiera», «a cuántas le habrás dicho lo mismo» y todas esas cosas. Al final como se demora y no se entrega, te empezás a calentar, te pones medio sobrador y le tirás alguna que otra agresividad para ver si se afloja y le podes entrar, meterle una mano aunque sea, y ahí es cuando ella, la idea, te empieza a acusar de intolerante y hasta de violador.
Y sí, en realidad hubo momentos que tu idea era violar esa otra idea. Aunque sea para demostrarle que podías hacerlo. ¡Es que uno tiene cada ideas!
Por eso nunca pude ponerme en el lugar del otro, me resulta muy promiscuo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad