La risa desbancó a la "mufa" cotidiana
En la oportunidad, solamente tres conjuntos concursaron debido a que el cuarto, Serenata Africana, fue postergado para una etapa posterior, en virtud del período de descanso previsto en el reglamento para quienes participan en Las Llamadas, el que debe ser como mínimo de cuarenta y ocho horas.
A consecuencia de ello, a primera hora actuó como conjunto invitado Bafo da Onça. Además de las ya promocionadas y hermosas Mulatas de Fuego, cuenta con voces estupendas como las de Idahí Pastor y Oliver Olavo, puntos artísticamente altísimos del renombrado conjunto, que en mi concepto, más allá del atractivo global del show, son piezas clave no solamente por su canto sino por su exuberante despliegue de entrega y simpatía.
A segunda hora actuó, naturalmente dentro de concurso, la murga La Clarinada. Una gran renovación de su plantel con relación al año anterior, marcó esta nueva aparición de la gente comandada este año por Walter Broccos y Tomás Vera.
La integración de muchos jóvenes provenientes del revitalizador Encuentro de Murga Joven, que viene pautando cambios sustanciales en las estructuras del Carnaval mayor en lo que refiere a la categoría murgas, resultaron vivificantes para La Clarinada.
Los libretos de Yamandú Cardozo y su propia participación resultaron de alta significación, alternando buenos y creativos argumentos, humor y crítica, ésta por momentos muy ácida y revisionista.
Julio Julián pareció el director y arreglador indicado, por sus conocimientos, por su capacidad docente y por su prestigio artístico, para amalgamar estas voces muy jóvenes. De hecho ellas sonaron muy bien, en un coro mixto que además contó con el aporte de Tomás Vera que respaldó con su experiencia y solidez el trabajo de sus muchachos.
Atractiva presentación de La Clarinada, que apuntó a pelear con argumentos válidos un lugar en la liguilla.
En el tercer capítulo de esta jornada se produjo el esperado debut de Momolandia en el concurso de murga.
Este prestigioso grupo, en esta oportunidad bajo la dirección responsable de Oscar Díaz, fue uno de los conjuntos que generó mayores expectativas en cuanto a la conformación de su plantel. No era para menos.
Su elenco está integrado por verdaderos referentes carnavaleros, gente con muchísima experiencia y vigentes.
Por si fuera poco la incorporación de Jorge «Cocina» Márquez, no sólo por su prestigio como director sino por el profundo conocimiento de muchísimos de los integrantes a los que dirige desde hace años en diferentes conjuntos, resultó también factor de atracción.
El resultado fue altamente positivo.
La murga cantó muy alto pero sin salidas de tono, con un buen control de Márquez, que supo con solvencia evitar cualquier exceso pese a la «polenta» de sus voces, en especial sus sobreprimos.
Los libretos del Tano Di Lorenzo transitaron con buen suceso buena parte de la realidad, poniendo su cuota de humor y crítica que la gente disfrutó. La murga se vio también muy solvente a la hora de los cuplés, con las presencia del siempre eficaz José Dorta, incorporación de casi último momento de los capitaneados por Oscar Díaz.
Walter Brilka, por su parte, compuso un notable De la Rúa que generó las mayores risas durante la actuación. A muchos pudo haberle llamado la atención la inclusión de este personaje de la realidad argentina en la actuación de la murga. No obstante y teniendo en cuenta cuenta la risas y la adhesión del público, la caricatura fue muy bien captada por la gente: efectos de la globalización que le llaman.
Momolandia dio sobradas muestras de calidad y de estar a la altura de la expectativa generada.
Muy bueno el aporte de Rafael Correa y Angel Gómez como sobreprimos, y desde luego la eficacia de un Ballaque, Lorenzón y Lescano entre los «primos».
También son de destacar el «Capicho» Néstor Boiani y Rudi Alvarado, en una cuerda de «segundos» pareja y de gran nivel que integran junto a Amor, Ithamuso y Sebastián Aguilera.
El cierre de la etapa resultó, tal como se esperaba, una ráfaga de buen humor, de actuación por momento desopilante, de sonrisa permanente, con la «patota maragata» de Sociedad Anónima.
Se inicia con el arriesgado y eficaz «descenso» –pendiendo de una soga desde el techo del Ramón Collazo– de un ladrón, que accede de esta forma a una caja fuerte que abre, robando la bolsa de dinero de su interior; al sacarla tiene impresas la sigla «DGI», arrancando así las primeras carcajadas del público.
Todo el resto de la actuación fluctúa entre situaciones humorísticas muy variadas, con remates muy graciosos que el público festeja.
Tal vez uno de sus puntos más altos es la visita del ladrón arrepentido a la comisaría, intentando devolver el dinero y confesar su delito, con una actuación magistral nuevamente de Diego Montesdeoca, constituido en uno de los puntales del grupo.
La representación sin fisura de Sociedad Anónima logra su punto culminante con la reaparición de los «Jilgueros de Cerro Ãato», ovacionada por el público apenas insinuaron su aparición en escena, lo que demuestra la eficacia de esta creación de Carlos Barceló para su grupo y la adhesión de la gente a su inclusión en el espectáculo.
Aquí se alcanzan los momentos de mayor humor de la actuación, la que no está exenta de reflexión y excelencias desde el punto de vista coral.
Ha reforzado nuevamente Sociedad Anónima este rubro, incorporando voces de primera línea, entre las que destaca la vuelta al grupo del «vasquito» Juan Uruti-Etchepare.
Basta de mufa y que viva la alegría de grupos como éste, un antídoto para el malhumor. Gran trabajo de Sociedad Anónima, que lo indica nuevamente y desde ya como uno de los grandes favoritos de este certamen en la categoría de humoristas. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad