FIN DE UNA HISTORIA URBANA: EL MONTEVIDEO QUE SE VIENE

Arquitecto Jaime Igorra: "Está en el CTI la ciudad típica del capitalismo industrial"

Director de la división Región Centro de la Intendencia Municipal de Montevideo adelanta el certificado de defunción al modelo de ciudad característico de la sociedad industrial, que hoy padece una profunda crisis:

«La ciudad que generó el capitalismo industrial está en el CTI, como enfermo terminal, al igual que el sistema económico que le dio origen. Ahora asistimos al pasaje a la llamada ‘sociedad de la información’, que con base en las nuevas tecnologías creará otro tipo de organización espacial y una nueva forma de vida, dice Igorra.

Coincidiendo con prestigiosos investigadores, entre ellos el uruguayo Juan Grompone, el arquitecto Igorra sostiene que la desurbanización será una consecuencia inevitable del inminente advenimiento de la sociedad de la información. A su juicio, en ese futuro cercano la incorporación creciente de tecnología informática hará posible que grandes sectores de la población trabajen, tramiten y consulten desde sus hogares, sin necesidad de trasladarse.

Como consecuencia, la ciudad absorbente que hoy conocemos tiene su muerte anunciada. Ya no será obligado centro de residencia ni tampoco resultará necesario concurrir diariamente a ella, y eso sellará su suerte. En efecto, el centro urbano con alta cantidad de habitantes y grandes movimientos de personas en las horas de inicio y finalización de la jornada laboral, será pronto cosa del pasado, anuncia Igorra.

«Se procesará otra forma de vida, con menor densidad de población y dispersión territorial. Las viviendas de nuevas tecnologías, autosuficientes y dispersas serán el hábitat del futuro», señala. Un paradigma posible puede ser una casa informatizada, ubicada en un espacio de una hectárea, donde sus habitantes desarrollarán la mayor parte de sus actividades laborales, usarán energía solar, reciclarán sus propios residuos y dispondrán de todos los servicios necesarios para vivir con independencia de la estructura urbana tradicional.

Montevideo, con 1.300.000 habitantes, no está al margen de ese cambio que ya se encuentra en pleno desarrollo y será definitivo en los próximos 40 años, sostiene Igorra.

Mientras esa transformación avanza, la ciudad típica del modelo industrial sigue detonando efectos perniciosos que es preciso atacar, para encarar en mejores condiciones el futuro ya previsto. «Debemos, entre otras cosas, humanizar la ciudad y democratizar el espacio público. La muchedumbre amorfa, el anonimato, la falta de conocimiento personal, males inherentes a los grandes centros urbanos de la sociedad industrial, son generadores de prácticas violentas y actitudes no solidarias. Revertirlos es uno de los grandes desafíos que se nos presentan», opina Igorra.

A su juicio, son muy importantes las experiencias de regionalización y zonificación que lleva adelante la Intendencia.

«Con eso se está impulsando un proceso de prácticas participativas que generan ciudadanía como consecuencia de la descentralización y democratización de las decisiones», dice.

«Esta práctica contribuye a la generación de centralidades zonales para nucleamientos de aproximadamente 100 mil habitantes que gestionan su entorno y el espacio público a través de concejos vecinales, lo que contribuye al enriquecimiento de las relaciones interpersonales», agrega. Advierte además que no se debe dilapidar recursos para extender la ciudad tradicional.

«Hay que utilizar al máximo las redes de infraestructura existente dentro de los centros urbanos. Las presiones para variar esos límites y generar más área urbanizada con tecnología tradicional y cara son muy fuertes, pero hacerlo no tiene sentido porque la ciudad cambiará. Es imperioso economizar ahora, usando a pleno los servicios amortizados de que disponemos, porque el futuro demandará invertir muchos recursos materiales».

Pero no se trata simplemente de ahorrar sino de hacer un uso adecuado del dinero, que en gran parte deberá volcarse en políticas sociales en favor de las mujeres y los hombres que están pagando las devastadoras consecuencias de la agonía del modelo vigente: «En este camino hacia la sociedad de la información, hay que atender los numerosos reclamos de los cada vez más excluidos por la crisis del capitalismo industrial. Los asentamientos irregulares periféricos, por ejemplo, no pueden continuar extendiendo la ciudad. La atención a esa población y los subsidios que sean necesarios para que continúen en los límites urbanos actuales, siempre serán más económicos que atender necesidades cada vez más alejadas con la tecnología tradicional», concluyó Igorra.*

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